lunes, 24 agosto 2026
¿Esta nota fue escrita con ayuda de la IA?
Después de leer un artículo de Melissa Korn del Wall Street Journal de julio de 2026 < https://www.wsj.com/business/media/the-red-hot-book-at-th...>, se me ocurrió una pregunta: ¿podría una inteligencia artificial detectar si un texto había sido escrito con la ayuda de otra IA?
Me imagino que las editoriales ya lo están haciendo, pero ¿con qué resultado? Quizás un texto humano muy bien escrito parezca salido de la IA y un texto de la IA que mantiene un parecido con la escritura humana podría pasar el filtro.
El experimento
El experimento fue doble.
- ¿Puede una IA producir un texto que otra IA no consiga identificar como artificial?
- ¿Puede la manera de utilizar la IA modificar la posibilidad de detectarla?
Hay tres niveles: Humano → IA imitando al humano → IA escribiendo libremente. El resultado permite observar que el grado de intervención de la IA importa.
Con esto en mente, diseñé el siguiente experimento. Busqué entre mis archivos tres cuentos que escribí muchos años antes de las IA generativas tan de moda hoy:
A — El agujero negro
F — Antes de la oscuridad
E — No más llanto
Pedí a una IA (Copilot de Microsoft) que generara automáticamente la mejor versión de esos tres cuentos. Los llamé respectivamente H, B y C.
Le pedí a la IA que generara de nuevo los textos, pero de manera que se parecieran al estilo original y que no se notara que eran producto de la IA. El resultado es I, D y G respectivamente. Las letras que los identifican son de A a I, pero de manera aleatoria. Esta es la tabla real, que ChatGPT no conocía cuando recibió los nueve textos.
|
Título |
Original humano |
IA con restricciones |
IA libre |
|
El agujero negro |
A |
I |
H |
|
Antes de la oscuridad |
F |
D |
B |
|
No más llanto |
E |
G |
C |
Como los textos ya estaban escritos, la IA pudo respetar el fondo de cada uno, pero cambió muchas cosas. Los textos libres resultaron más largos que los originales. Los textos con restricciones tuvieron una longitud intermedia y ciertamente se parecían más a los originales. No se trataba de pedirle a Copilot que generara relatos a partir de una frase o de un resumen y por lo tanto tenía más restricciones en los dos casos.
Entonces en una segunda etapa pasé a usar otra IA (ChatGPT de OpenAI) a la que pedí: Tengo 9 relatos que quisiera evaluar para ver si han sido escritos con ayuda de IA o no. ¿Se puede saber?
ChatGPT explicó que buscaría cambios bruscos de estilo, vocabulario poco habitual, exceso de regularidad, clichés, estructuras narrativas y posibles señales de edición humana sobre textos generados. Dio estas explicaciones:
Lo importante es distinguir tres cosas: probablemente humano, probablemente asistido por IA y no se puede determinar. No sería serio decir simplemente «este relato es de IA» basándose en un detector automático.
Si los 9 relatos pertenecen a un mismo concurso o conjunto y quieres compararlos entre sí, puedo hacer algo mejor:
analizarlos individualmente y después compararlos, buscando patrones comunes que permitan detectar una posible utilización de IA.
Me llamó la atención que introdujera espontáneamente la posibilidad de que se tratara de textos de participantes a un concurso, aunque yo nunca se lo había dicho.
Propuso consolidar en un cuadro las evaluaciones con estas columnas: Relato, Indicios de escritura humana, Indicios de IA, Grado de sospecha, Comentario.
Pasé a enviarle uno a uno los textos en el orden alfabético de A a I. Fue analizando uno por uno y dando probabilidades de uso de IA o no. Se dio cuenta rápidamente de que en realidad se trataba de conjuntos de tres versiones de tres relatos diferentes. Trató de determinar si las versiones del mismo relato eran escritas por el mismo autor o por diferentes escritores o con IA.
A medida que le pasaba los textos iba adaptando el análisis y usando otros criterios o ampliando los anteriores. Me daba la impresión de que yo estaba interactuando con un experto literario que los había leído con mucha profundidad.
Me parece que ChatGPT habla de reescritura y trata de deducir en qué orden se realizó antes de saber cómo se habían preparado los textos. Sin embargo, en la preparación de mi experimento hay dos reescrituras independientes del mismo texto humano y no una secuencia. Aunque no se puede saber si Copilot uso la primera versión IA para reescribir la segunda o si partió del original cada vez.
ChatGPT detectó que había tres familias de relatos, pero se equivocó al distinguir, dentro de dos familias, cuál era el original, cuál la versión con restricciones y cuál la versión libre. Propuso:
A → I → H
D → F → B
E → C → G
La realidad era otra:
A → I → H
F → D → B
E → G → C
O sea, acertó la familia de los tres relatos en los nueve casos, pero no consiguió distinguir correctamente, dentro de dos familias, cuál era el original humano, cuál era la versión con restricciones y cuál la versión libre.
Recordemos que A, F y E eran mis textos originales, I, D y G eran los textos generados con restricciones y H, B y C eran los textos libres. Me llamó la atención que no encontró pruebas suficientes para determinar que uno de esos nueve relatos hubiera sido generado íntegramente por IA.
Decidí confesar y explicar el experimento que estaba haciendo, pero sin precisar cuáles textos eran humanos, cuáles eran IA con restricciones y cuáles IA libre. Además, pregunté: Tu evaluación parece concluir que los textos vienen de un proceso de reescritura y elaboración. ¿Cuáles serían entonces los tres textos míos y los seis creados por la IA con base en los míos?
Volvió a analizar los resultados y terminó diciendo:
Así que tu experimento muestra algo bastante importante: una IA puede producir una reescritura que conserve suficientes irregularidades, vocabulario y estructura del original como para que otro modelo —incluso haciendo un análisis bastante detallado— la considere probablemente humana.
Y eso significa que, si el objetivo práctico fuera detectar si un participante de un concurso utilizó IA, yo no consideraría fiable una evaluación estilística de este tipo como prueba de descalificación. Puede servir para seleccionar textos que merezcan una revisión más profunda, pero no para establecer autoría.
Resultado: 5 aciertos de 9 (56 %)
De los nueve textos, ChatGPT identificó correctamente cinco: cuatro en su análisis inicial y uno más cuando, después de conocer las relaciones entre las versiones, volvió a hacer su clasificación. Los otros cuatro fueron clasificados incorrectamente.
La clasificación consistía en colocar las letras A a I en la casilla correcta del cuadro inicial, cuya solución solo yo conocía. Después se la revelé para comprobar sus errores.
Cuando le indiqué cuáles eran realmente los textos humanos y cuáles habían sido generados por IA, pudo analizar los errores de su clasificación, que habían sido cuatro de nueve. Conociendo el autor de cada texto y las restricciones o no de la IA en los textos generados, ChatGPT pasó a explicar sus errores y concluyó lo siguiente:
La prueba no demuestra que «la IA engaña», sino que cuando se le pide a una IA usar un texto humano como modelo para producir otro que conserve el estilo, la IA va a introducir criterios estilísticos cercanos a la redacción humana. La evaluación cualitativa detallada puede atribuir erróneamente a la IA características que son de la escritura humana. El análisis estilístico puede servir para levantar sospechas, pero no puede demostrar que un relato haya sido escrito con IA. La pregunta «¿este texto parece escrito por IA?» no es equivalente a «¿este texto fue escrito por IA?».
Es importante notar que este experimento concreto es limitado y no se pueden sacar conclusiones generales. No pretendo que nueve textos escritos por un solo autor constituyan una prueba científica ni que el 56 % pueda extrapolarse a otros casos. Lo que muestra es algo mucho más limitado: en este experimento concreto, un análisis cualitativo realizado por ChatGPT no consiguió distinguir de manera fiable los textos humanos de las versiones generadas por IA.
Mi reflexión personal
No es fácil descubrir, a partir del texto terminado, que una IA intervino en su producción. Cuanto más se utiliza la IA como herramienta de reescritura o de apoyo sobre un texto humano, menos fiable resulta intentar identificar su intervención a partir del estilo. No es lo mismo detectar que un texto ha sido generado íntegramente por IA que detectar que una persona ha utilizado IA como herramienta de ayuda.
Si uno, por ejemplo, da la idea del texto en unas pocas frases y pide a la IA que lo redacte ella sin restricciones, en mi experimento, las versiones generadas libremente resultaron más pulidas y alejadas del estilo original. Aun así, no se puede decir a ciencia cierta si se usó o no la IA, pero sí, establecer un nivel de sospecha, alto o bajo.
Este experimento me recordó a los escritores que hace unos treinta años no querían usar el computador para escribir por miedo a perder originalidad o por apego al papel y lápiz que supuestamente les daba más libertad. En otras palabras, es diferente utilizar una herramienta que facilita la escritura que dejar que la herramienta sustituya al autor, que se limitaría entonces a darle ideas e instrucciones, como si interactuara con un ghostwriter.
Podríamos llegar a un mundo absurdo donde los escritores generan sus textos con IA en un estilo pulido y normalizado para que los lectores pidan a otra IA que le resuma ese texto. Las inteligencias artificiales escribirían para ellas y leerían entre ellas. Las IA no tienen ningún reparo en crear una «mejor» obra a partir de una obra maestra.
Personalmente me gusta pedir ayuda a la IA para la corrección de un texto que he escrito y que considero que ya se acerca a la versión final. No me gusta que la IA escriba en mi lugar (ellas siempre están ofreciendo con entusiasmo ese servicio), pero sí que me diga si hay incoherencias o repeticiones dado el caso.
Cuando no existían estos artilugios, tocaba pedir a un buen amigo que leyera el texto y me diera su opinión. También están los correctores de estilo humanos que logran ver detalles que a uno se le han pasado.
El diálogo con la IA se parece a esto, pero va más allá y más rápido. Si, por ejemplo, en un texto sobre Antígona me equivoco en el nombre de sus hermanos o en cuál de ellos apoyó a Tebas y cuál luchó contra ella, la IA se dará cuenta de este problema mientras que un corrector ortográfico o gramatical no podrá verlo.
He usado la IA para que me busque entre relatos que tengo compilados en un fichero si tengo uno que trate de algún tema que me interese o que tenga cierta longitud o que se desarrolle en algún lugar o tiempo específico. Si lo hago yo mismo de forma manual, va a ser más arduo.
La IA es una potente herramienta más que debemos saber usar para ayudarnos en la labor creativa o en la búsqueda de ideas. La IA puede ser también una herramienta para poner a prueba nuestras propias hipótesis. No me parece que se le deba pedir que nos reemplace en la tarea de escritura, sino que nos ayude en ella. Como escritores, debemos conservar la responsabilidad intelectual y creativa del texto.
14:53 | Permalink | Comentarios (0)

