Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

jueves, 24 diciembre 2015

Noël au balcon, Pascuas junto al fogón

NV-IMP937.jpgHoy parece un día de primavera. La única diferencia es que cayó la noche más temprano. Una señora que nació aquí me decía que cuando era niña también hubo navidades similares. Claro que es más bonito cuando todo está blanco cubierto de nieve. Hace como veinticinco años nevó justo el 24 de diciembre y en pocas horas nos sentimos verdaderamente en invierno. Una vez pasamos Navidad en la montaña en un ambiente de tarjeta postal.

¿Será el calentamiento global? Si los países no cumplen las promesas que hicieron en la COP21, ¿qué será del planeta? Este tipo de pregunta me está dando ideas para una novela futurista sobre un mundo nuevo.

Es como la película Regreso al futuro II que hace unas semanas fue recordada ya que coincidía la fecha con la llegada de Marty McFly al futuro. Es angustioso para muchos pensar en estas cosas. A mí me divierte imaginar a la humanidad dentro de un siglo. Aunque fuera un adivino y con una bola de cristal leyera lo que va a pasar, daría lo mismo pues no estaremos vivos para esa época. Leer lo que escribieron los futurólogos hace cuarenta años muestra lo equivocado que uno puede estar. Julio Verne imaginó progresos tecnológicos que se hicieron realidad pero no resultaron como él pensaba.

Ojalá llegue a escribir esa novela. Por lo pronto estoy documentándome y dejando vagar mi imaginación.

miércoles, 23 diciembre 2015

Pintura fresca

NV-IMP936.jpgEs una pesadilla que hay que vivir cuando no hay más remedio. La oportunidad de botar cosas inútiles o que uno no ha usado durante años al extremo de haberlas olvidado por completo. Menos mal que todavía tengo fuerzas físicas para trastear corotos y cajas de un sitio a otro.

Este ha sido un año de obras como nunca había tenido en mi vida. Tumbar cocinas, baños, tinas, sanitarios, abrir muros, romper pisos, instalar duchas, comprar muebles, tirar cosas, pintar paredes, comer polvo, ordenar, empacar y desempacar objetos y ropa.

Ni hablar de las sorpresas que uno se encuentra enterradas o tapadas detrás de ladrillos. Tubos que deberían haber estado empotrados en los muros surgen entre escombros, aeraciones inexistentes que hay que crear, paredes podridas por dentro por culpa de infiltraciones, cemento mal mezclado y convertido en arena, registros de agua inaccesibles y bloqueados, escapes de agua, dolores de cabeza y gastos imprevistos.

Admiro a los que son capaces de realizar estos cambios sin temores y a los que pueden realizarlos por sí mismos pues son muy «manitas». Por eso los masones, plomeros y «toderos» son tan valiosos. Cuando uno encuentra un buen profesional, responsable, cumplido, perfeccionista y eficaz, es una suerte y debe asegurarse sus servicios. En Bogotá y en Ginebra tengo esas «perlas raras».

Hoy se supone que terminamos esta etapa con la esperanza de que no tengamos que reanudarla en muchos años. La mejor solución sería vender y mudarse a un apartamento nuevo. Quizás sea así la próxima vez.

Cuando todo vuelva a un lugar más o menos definitivo, vendrá la labor de inventario informatizado con la que sueño. Poder encontrar las cosas en el puesto que me indique el computador y no tener que buscar por todas partes pues lo mantendré actualizado. Será otra oportunidad de tirar cosas y crear más espacio, aunque «la naturaleza tiene horror al vacío». Soñar y nada más.