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lunes, 09 abril 2018

Bailando tarantela con una tarántula


Me habían dicho que la tarantela es un baile popular del sur de Italia, de origen napolitano que tiene un movimiento muy vivo, acompañado de canto. Popularmente se suele decir que viene de la tarántula, una araña común en la región mediterránea. Durante la Edad Media, en algunas partes del sur de Italia se creía que bailar el solo de la tarantela imitando el acto de espantar a la misma curaba un tipo de locura supuestamente producida por la picadura de la mayor araña europea, la llamada araña lobo o tarántula, y también se cree que se simula la técnica de apareamiento de la tarántula.

Por eso cuando me picó una tarántula lo primero que hice, en vez de ir al hospital, fue ir a bailar la tarantela. Ya la picadura me estaba enloqueciendo pues los bailarines tomaron forma de araña y brincaban alrededor mío como para comerme. Yo trataba de imitarlos con sus saltos y giros. En ese momento me di cuenta de que me estaba saliendo mucho vello en mi cuerpo y en pocos minutos estaba cubierto de barba y pelo largo. De tanto brincar en vez de dos brazos y dos piernas parecía que yo tuviera ocho patas. La bailarina más hermosa se acercaba brincando para cortejarme. Lo malo es que mi locura fue tal que me vi enredado en su telaraña y no puedo moverme de aquí pegado a sus hilos. Ahora todas las arañas bailarinas se están acercando para comerme de verdad. ¿Qué puedo hacer yo?

 

21:58 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (0) | Tags: baile, animales

sábado, 17 marzo 2018

Novichock

NV-IMP1000.jpgUna joven está tomando notas en su cuadernillo aparentemente sobre todo lo que ve a su alrededor mientras toma un café en una cafetería. Es de piel negra, tiene el pelo agarrado en cola de caballo, lleva un buzo blanco de lana no muy grueso. A su alrededor se ve una joven de rasgos asiáticos que podría ser vietnamita, japonesa, coreana o china. Está escribiendo en su computador portátil. Usa un ratón. Está muy concentrada en su pantalla. Por la ventana se ve la circulación de automóviles y un bus rojo de dos pisos. Quizás está escribiendo un informe o una presentación. En otra mesa dos hombres charlan; uno de ellos tiene un buzo azul claro. En otra mesa dos mujeres hablan sobre unas fotografías que están en un clasificador. Parecen ser fotos de moda o de vestidos para empleados. Las dos llevan unos anillos metálicos grandes en varios dedos. Las mesas son de color café con leche. El lugar se ve tranquilo. Por las calles circula mucha gente. Parece ser un día de trabajo en invierno o final del otoño. La gente está bien abrigada, con abrigos y gorros; algunos llevan maletines de viaje. Unos esperan el autobús charlando, consultando el teléfono o leyendo el periódico The Guardian. Otros viajan en él. Hay un hombre barbudo, rubio, en vestido de camuflaje militar. Un pasajero habla por teléfono. Un hombre de sombrero negro, bufanda roja y chaqueta de esquí azul que esperaba en la parada de autobús con una gran bolsa de compras se sube al bus. Los buses son rojos. Parecen estar en Londres. La joven revisa sus notas, para de escribir, cierra el cuadernillo, pone las llaves sobre él y termina de tomar su café en un vaso blanco de poliestireno expandido. No se oyen voces, solo música. No hay olores pues son videocámaras públicas que los servicios secretos rusos observan desde Moscú. El novichock, un gas nervioso o agente nervioso compuesto orgánico químico que contiene ácido fosfórico (organofosfatos) capaz de colapsar el mecanismo mediante el cual el sistema nervioso envía mensajes a los órganos del cuerpo, va a salir en un instante de las alcantarillas de la ciudad y muchos habitantes van a morir uno a uno sin remedio. La primera guerra química mundial está por comenzar.

miércoles, 31 enero 2018

Microrrelatos I

  1. microrrelatos, ficciónEl médico le pidió que espirara y expiró.

  2. Las conocí en un autobús. Eran una joven y su mascota, una tortuga que llevaba en su mano. Hablamos mientras recorríamos la ciudad. Hoy nuestros hijos son muchas tortuguitas.

  3. A Peter le gusta escribir en un lugar privado, preferiblemente solo, y con una puerta cerrada con llave. Le gusta escribir a mano. De vez en cuando también escribe en lugares abarrotados como una cafetería, en la medida en que nadie viene a hablar con él. Jane es muy diferente. Ella puede escribir en cualquier lugar y en cualquier momento. Ella siempre tiene un cuaderno o un teléfono celular preparado para mantener los rastros de sus pensamientos. De vez en cuando, vuelve a leer y editar sus escritos y, finalmente, los copia en un archivo más grande donde ensambla las piezas para completar un cuento o un relato más extenso. Peter y Jane se conocen pero no saben que son escritores clandestinos que podrían compartir y hablar sobre su pasatiempo secreto.

  4. Caminábamos por la plaza del pueblo en la parte más fresca donde es más generosa la sombra de los árboles. En esa zona están los lustrabotas, los vendedores de paletas y los puestos de arepas y sánduches. El sol de mediodía parecía derretir hasta las piedras. De pronto se oyó un tango argentino. No pudimos aguantar las ganas de bailar. Puse mi sombrero en el piso por si acaso los espectadores se animaban a regalarnos unos billetes o monedas. Era un tango viejo con mucho ritmo y pasión. El corrillo de gente que se formó alrededor nos regaló un nutrido aplauso cuando terminamos. Lo inesperado fue darme cuenta de que alguien me había robado el sombrero.

  5. Un ruido muy fuerte y extraño me llamó la atención haciéndome mirar hacia afuera del establecimiento. La tarde se había oscurecido de repente. Un muy fuerte aguacero estaba golpeando los autos, motociclistas, ciclistas, peatones, es decir cualquiera que se atreviera a sacar la cabeza en la calle. Solo faltaba que llovieran verdaderos perros y gatos. Llovía a cántaros. Se me había olvidado cómo puede llover en el trópico tras vivir tantos años en Europa.

  6. Hoy es el último día del año. Mañana será el fin del mundo. Seré el responsable de la última Guerra Mundial. En pocas horas apretaré el botón rojo en mi oficina presidencial de la Casa Blanca en Washington. Nunca aprenderán a no elegir a un loco para esta función tan importante.

04:25 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (0) | Tags: microrrelatos, ficción