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domingo, 07 agosto 2016

Picasso en Martigny

NV-IMP957.jpgCuando yo era niño creía que Picasso no sabía pintar ni dibujar (algunos adultos lo pensaban también en esa época y seguro que ahora igual). Siempre me ha desconcertado. Con los años empecé a entender su originalidad. Viendo sus primeros dibujos y cuadros en el museo Picasso de Málaga, tan clásicos y perfectos, me di cuenta de que sí sabía pintar figurativamente y con realismo. En realidad lo que quiso fue cortar con el pasado para crear el cubismo y expresarse poniendo en un solo plano el volumen completo tridimensional de sus modelos. Además a través de su obra se puede entender su exuberante vida pues en vez de escribir un diario, lo pintaba.

Esta exposición de Martigny se centra en los últimos veinte años de su vida al lado de su última mujer, Jacqueline Roque. Cuando se conocieron, Picasso tenía 71 años y ella, 26. Murió en 1973 a los 91 años dejando una obra inmensa. Su viuda Jacqueline se suicidó trece años después. Cuando se encontraron en los años cincuenta, no podían imaginar que iban a vivir veinte años juntos. Se nota que ella fue una fuente muy importante para su inspiración en ese último período de creación.

En una vídeo, extraída de un documental del canal de televisión franco-alemán Arte, pasan la vida del artista y sobre todo los problemas que resultaron para sus herederos, ya que en esa época las leyes no reconocían la igualdad de derechos entre hijos legítimos y naturales. Unas fotografías de Jacqueline completan muy bien la exposición pues era más que un pasatiempo para ella que tenía talento para componer las escenas que parecen tan naturales.

La variedad de técnicas empleadas y expuestas en Martigny son enormes: óleo, lápiz, carboncillo, pastel, grabado, litografía, collage, linóleo grabado, cerámica, escultura en metal y cartón. En diversos formatos de los más pequeños a los más grandes trabaja temas recurrentes como el pintor y su modelo, en uno de los cuales parece que el pintor está casi comiéndose al modelo con su pincel, series de variaciones sobre clásicos como Velásquez, Delacroix o Manet. Los dibujos preparatorios son interesantes pues muestran que las posiciones dislocadas de los cuerpos en los cuadros no fueron escogidas al azar. Algunas obras parecen hechas muy rápidamente y sin detalles, unas son en blanco y negro o en matices de gris, otras son muy coloridas con combinaciones sorprendentes. Muy prolífico.

 

Picasso L’œuvre ultime Hommage à Jacqueline
18 juin - 20 novembre 2016
Tous les jours de 9 h à 19 h
Prix des places : CHF. 30.- à CHF. 120.-

En hommage à Jacqueline Picasso disparue il y a trente ans, le 15 octobre 1986, la Fondation Pierre Gianadda présente un ensemble exceptionnel de peintures, gravures, linogravures, céramiques et sculptures, qui mettent en lumière l’œuvre tardif de Picasso. Autant fascinantes qu’éblouissantes, les vingt dernières années de la carrière de l’artiste sont un hymne à l’amour, à la vie et à la création. Cette exposition montre à quel point sa création ultime est révélée par la présence de Jacqueline, que Picasso rencontre en 1952 et épouse en 1961. Elle fut sa dernière compagne, lui servit de modèle et de référence en permanence.

Pour Picasso c’est le début d’une nouvelle vie et d’un élan pictural sans précédent qui s’opère dans différents lieux : d’abord La Californie à Cannes (1955-1958), puis le château de Vauvenargues (1958-1961), au pied de la montagne Sainte-Victoire si chère à Cézanne, près d’Aix-en-Provence, et enfin le mas Notre-Dame-de-Vie à Mougins (1961-1973).

Selon un parcours chronologique et thématique, l’exposition présente plus d’une centaine de pièces majeures provenant de la collection de la famille de l’artiste, des plus grandes collections publiques (Musée Picasso, Paris ; Musée national d’art moderne-Centre Pompidou, Paris ; Museu Picasso, Barcelone…) et de collections particulières, qui rendent compte de la diversité et de l’importance de la production artistique des dernières années de Picasso.

http://www.gianadda.ch/wq_pages/fr/expositions/

 

08:53 Anotado en Exposiciones | Permalink | Comentarios (0) | Tags: martigny, picasso, vejez

sábado, 16 marzo 2013

Museo Picasso en Málaga

NV-IMP843.JPGMe gustan los museos pequeños que se pueden visitar completamente en un día o una mañana. El de Picasso en Málaga es uno de ellos. Tiene una muestra del arte del famoso pintor malagueño de estilo tan característico y desconcertante con retratos de sus numerosas mujeres o ejercicios de imitación de cuadros famosos pero con su propio estilo o esas pinturas tan simples de corridas de toros que parecen manchas de tinta.

En una sala hay obras de niñez y juventud donde se ve cómo dominaba su arte. Hijo de un pintor debió de aprender desde muy chico a dibujar con mucho detalle la realidad que se le presentaba. Además de sus obras hay cuadros de otros pintores entre ellos su padre y fotos de la época lo mismo que documentos interesantes que le dan un contexto a sus primeros diecinueve años de vida, ya que nunca más volvió a su ciudad natal. En una vitrina vi un examen que le hicieron de niño para entrar a un colegio privado. La mitad de la página es un dictado con una letra impecable y la otra unas operaciones aritméticas, todo escrito en tinta.

Hubiera podido ser un artista figurativo clásico ya que pintaba y dibujaba muy bien. Sin embargo revolucionó la pintura con el cubismo. Su idea no era representar la realidad sino explorar el impacto y emoción que producían sus obras en los que las descubrían. Decía que la realidad no es simétrica ni perfecta, que nadie tiene dos ojos iguales, que no quería mostrar una búsqueda o proceso sino el resultado de sus experimentos. Quería plasmar en el plano de un cuadro las tres dimensiones de sus modelos y hasta sus personalidades. El resultado monstruoso y sorprendente no nos deja indiferente.

Creo que la simetría y armonía de un cuerpo, de una cara, nos informa inconscientemente de la salud de la persona. Supongo que el ser humano tiene miedo a la monstruosidad o a la enfermedad que representan las deformaciones del cuerpo. Es lo que explotan las películas de horror o de ciencia ficción en donde personajes con colmillos o con ojos rojos nos asustan fácilmente. Nos pasa lo mismo ante un mal olor. Un reflejo defensivo nos aleja para evitar el peligro de envenenarnos o asfixiarnos.

Parece que para los negros africanos una mujer que tenga grandes nalgas y caderas es bonita pues se muestra saludable para tener hijos y ocuparse de ellos. Parece que los seres humanos somos atraídos inconscientemente por personas que nos dan seguridad y confianza para fundar una familia, que vivir juntos mucho tiempo en armonía y sin problemas de salud. Para las aventuras pasajeras, eso es menos importante y se puede pasar un rato con alguien excéntrico y medio loco, pero no fundar una relación durable. Claro eso es la teoría, pues la realidad nos muestra contraejemplos. La belleza física es una señal, así como las aves machos se visten de plumas de colores para atraer a las hembras y conquistarlas. Aunque uno se acostumbra a todo y la belleza por más impactante que sea termina por desaparecer para dejarnos ver el fondo de las personas y de las cosas. Vivir frente al paisaje más hermoso del mundo no es lo mismo que estar ahí un poco tiempo y luego irse con la imagen en la cabeza.

Estas elucubraciones en el museo me recordaron un intercambio sobre estética y belleza que tuve recientemente con Paco, un amigo fotógrafo. Le decía que me parece que la relación entre belleza y matemáticas es muy antigua. Me recuerda la escuela pitagórica que consideraba los números como representantes primordiales de la belleza y que concebían el universo como un conjunto de poliedros imbricados en la bóveda celeste de manera armoniosa. También pienso en los autistas que tienen una capacidad increíble para memorizar números y que se pasean por la serie de decimales de Pi como si estuvieran recorriendo valles y montañas muy hermosos.

Creo que le oí al fotógrafo Cartier Bresson en una entrevista que él había descubierto que las fotos eran más armoniosas cuando encerraban un número impar de personajes; por ejemplo tres o cinco personas o árboles, según él, componían mejor la imagen que con otras cantidades. Otro ejemplo contrario es el famoso cuadro de Picasso Les demoiselles d’Avignon que en la época parecía horrible a mucha gente precisamente porque no respetaba las proporciones clásicas. Supongo que si en lugar de los patrones de belleza griegos hubieran sido los aborígenes australianos o polinesios los que hubieran impuesto su ideal de belleza el arte hubiera sido muy diferente. Y es que la belleza, aparte de las proporciones y simetrías armoniosas, es muy subjetiva. Creo que comparando las fotografías de todas las mujeres del multimillonario Howard Hugues alguien descubrió que lo que tenían en común era el parecido a la madre del estadounidense. Si la regla de los dos tercios es tan citada y usada, me parece normal que aparezca en el programa de estudio de los fotógrafos. Analizarla puede aclarar la teoría para que los futuros fotógrafos la rompan o adapten a su antojo y en conciencia, en vez de seguirla a ciegas. Es lo que hizo Picasso con su arte. Rompió todos los esquemas para crear un nuevo estilo.