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domingo, 01 agosto 2010

Cuento para niños inquietos

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A que no sabes nombres de dinosaurios, ¿eh? A ver, a ver: stegosaurus, tyrannosaurus, brontosaurus, brachiosaurus, triceratops, diplodocus, trachodon, pterodáctilo, scolosaurus… No es difícil, pero ¿sabes cómo se extinguieron? Me dirás que fue un meteorito gigante o que la raza se envejeció naturalmente o que se especializaron tanto que se volvieron inadaptados o que eran muy tontos y los mamíferos les ganaron en la lucha por conquistar la Tierra o que se les acabó la comida por sobrepoblación o que se suicidaron o que un cambio climático los mató de calor o de frío o de sed o no sé qué más hipótesis y teorías. ¡Nada de eso! Te voy a contar la verdad si me prometes que te vas a quedar tranquilo con los ojos cerrados y te vas a dormir. ¿Vale? ¡Trato hecho!

Hace mucho mucho tiempo vivían en paz y tranquilidad los dinosaurios sin tener que ir a la escuela, hacer deberes, comer sopa, tender la cama, tocar violín ni aprender a amarrarse los zapatos. Solo tenían que levantar sus largos cuellos para atrapar las hojas frescas de los árboles o comerse de un mordisco un dinosaurio más pequeño que pasara por ahí para seguir disfrutando de ese paraíso primitivo y prehistórico.

Resulta que a solo 4,5 años luz de la Tierra queda la estrella Alfa de la constelación del Centauro que es hermana gemela de nuestro Sol y tiene planetas como el nuestro. Bueno, en realidad solo uno de sus doce planetas se parece a la Tierra y se llama Edén. Allá vive una civilización mucho más avanzada. Con decirte que cuando los dinosaurios existían, ellos ya venían en sus naves a visitar la Tierra. Son platillos voladores muy potentes en que los edenianos recorren toda la galaxia buscando recursos para su planeta superpoblado. Cuando descubrieron los magníficos dinosaurios terrestres, decidieron criarlos como ganado para Edén. Así crecieron y poblaron todo nuestro planeta. Llegó el momento de llevárselos a Edén pero eran tan grandes y numerosos que no cabían en sus platillos voladores. Entonces tuvieron que inventar una técnica para encogerlos y trasportarlos como si fueran pulgas en cajas pequeñas aplicando el efecto inverso al llegar al destino para recuperar su tamaño original. ¡Mmmm! Las parrilladas de dinosaurios les encantaban. El sistema funcionó muy bien durante varios siglos hasta que un niño edeniano desobediente, inquieto y necio que viajaba con su padres en el platillo volador y observaba las operaciones oprimió el botón equivocado y todos los animales y los mismos edenianos y él mismo se encogieron sin haber podido viajar. Ya no había quién oprimiera el botón de desencoger pues era muy grande y duro para su nuevo tamaño. Los reptiles y las aves que hoy existen son los descendientes de esos dinosaurios; por eso son más pequeños. Los seres humanos somos los descendientes de los edenianos que cuando viajan cerca del planeta Tierra vienen a veces a vernos con un poco de nostalgia. Por eso tú sí tienes que ser juicioso y obediente, cerrar los ojos y quedarte dormido. Así no correrás el peligro de apoyar en el botón equivocado.