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jueves, 09 septiembre 2010

Llegando a la otra orilla

NV-IMP679.JPGYa casi llego al final de la aventura de escribir una novela consecuentemente gruesa al ritmo de dos mil palabras por semana. Véase al respecto mi nota del 10 de febrero. Hasta hoy voy por el capítulo XXVIII de los treinta que me propuse completar. Me ha gustado el ejercicio que me fuerza a escribir a diario y a construir un relato complicado con muchos personajes. Aunque no estoy demasiado contento con el resultado, por lo pronto me apresuro a darle los últimos toques al desenlace. A grandes rasgos es lo que había previsto desde el comienzo, pero ahora que lo estoy poniendo sobre papel, ha cambiado bastante. Dentro de pocas semanas me tendré que separar de estos personajes que han salido de mi imaginación y de los que me he encariñado por más de que no son angelitos sino más bien demonios. Transcurre entre París y San Petersburgo con algunos personajes muy canallas. No tengo previsto publicarla por mi cuenta. A menos que algún editor se interese en ella o que de chiripa gane un concurso, lo más probable es que permanezca inédita en un cajón de mi PC y de mi mente para siempre. Sin embargo, me gustaría que alguien de lengua materna española la lea con ojos nuevos y me diga sinceramente qué le parece. ¡Se busca un voluntario! Otra idea loca sería lanzar una suscripción por la Internet para que quienes quieran participar a la edición de la novela depositen el precio de un ejemplar más los gastos de envío postal que les enviaría cuando se publique, ¡je, je! Así lo han logrado músicos y cineastas osados en estos días de la globalización. ¡Se buscan mecenas! :-)