domingo, 19 diciembre 2010
La relatividad del tiempo
Hace una semana regresé de vacaciones pero parece mucho más. Tuve muchísimo que hacer al volver a la oficina. Claro, como es raro irse por un mes en esta época del año, los que quedaron trabajando generan mucho más trabajo para los ausentes. Volver al ritmo con seis horas de cambio de horario por recuperar no fue tan fácil. Tuve sueño a mitad de las tardes y me costó trabajo dormirme y luego despertar. Ya hoy creo que estoy cuadrado de nuevo. Otra sorpresa para esta época fue la nieve que cayó en abundancia dejando todo blanco. Bonito pero perturbador para el transporte. Por suerte conseguí neumáticos de invierno para mi carro. Eran los últimos cuatro que quedaban de esas dimensiones en mi garaje. Para colmo de males el apartamento estaba helado por un cambio en la calefacción central del edificio. Tomó varios días calentarlo. El gas también estaba cortado. Un lío. Me salvé de la nevada del 1º de diciembre que parece fue muy fuerte. Hoy volví al fitness después de mes y medio de ausencia. Ahí fueron los músculos los que sufrieron volviendo al ejercicio. Por fortuna durante las vacaciones se camina mucho, mientras que en el trabajo uno se la pasa casi todo el día sentado. Con el solsticio de invierno que se aproxima, las noches se han hecho muy largas y dan todavía más ganas de dormir. En fin, no me quejo de nada pues hay mucha gente que está peor empezando por la cantidad tan grande de damnificados en Colombia por culpa de las lluvias. Me gustaría saber a qué asociación seria se le puede enviar dinero sin riesgo de que se la roben y no le llegue a los necesitados. A ver si vuelvo al ritmo de escritura que me gusta llevar a diario. En el Google dicen que hoy Edith Piaf cumple 95 años de su nacimiento; no sabía que fue solo un año mayor que mi mamá y festejaban cumpleaños el mismo día.
22:49 Anotado en Elucubraciones | Permalink | Comentarios (0) | Tags: trabajo, invierno
martes, 14 diciembre 2010
Medellín
Vaya ciudad cambiada que encontré después de haberla dejado de ver durante treinta y nueve años. Ahora tiene un metro moderno, unos museos de arte muy completos, nuevos parques temáticos, muchos centros comerciales, muchos más habitantes y el famoso hotel Nutibara, abierto a mediados de los años cuarenta, sigue en su mismo sitio tan central al lado del parque Berrío. El aeropuerto nuevo queda lejos de la ciudad y como la carretera más directa estaba cortada por un derrumbe, tocó tomar la autopista Bogotá-Medellín para recorrer en cuarenta minutos el trayecto hasta el centro de la ciudad pasando cerca de Bello donde la semana pasada un alud sepultó a unas ciento cincuenta personas.
Medellín se conoce como la Capital de la Montaña o como la Ciudad de la Eterna Primavera. Queda a unos 1550 m de altitud y el aeropuerto nuevo a 2200 m, casi tan alto como Bogotá. Hay muchos pueblos y barrios en laderas y colinas que con las fuertes lluvias se han convertido en zonas peligrosas. Por fortuna el invierno estaba amainando y el sol nos acompañó casi todo el tiempo.
Esa región de Colombia tiene un acento característico, con voseo como si fueran argentinos y eses muy sonoras como si fueran españoles. Me encantan todos los acentos y no me choca esa variedad de nuestro idioma con sus modismos y lenguaje colorido. Los paisas, como los llamamos en mi país, han sido siempre muy trabajadores e industriosos a pesar del paréntesis que ha representado la época del tristemente famoso Pablo Escobar. Los problemas de miseria y pobreza siguen presenten como una bomba de tiempo, lo mismo que la violencia, pero el ambiente de inseguridad y peligro está menos latente.
Hay un servicio de buses turísticos que permite visitar los principales sitios de interés. Vimos la ciudad de día y también sus famosas iluminaciones navideñas en la noche. Lo que más me impresionó fue el metro tan limpio y espacioso y especialmente el metro cable, un teleférico que transporta habitantes de barrios marginales desde lo alto de la montaña hasta el valle a nivel del río Aburrá o Medellín. En lo alto está la biblioteca donada por los reyes de España, que ha cambiado poco a poco la actitud de los habitantes del barrio pues ahora se sienten integrados. Hay un segundo teleférico que sale de ese lugar hacia un parque ecológico todavía más alto que por falta de tiempo no pude visitar.
Disfruté viendo esta ciudad tan agradable en estos tres días como compensación por no haber podido ir a Costa Rica. Me llevo el recuerdo del Museo de Antioquia más conocido popularmente como Museo Botero, de las esculturas y cuadros de las gordas del artista mundialmente conocido.
Ahora aquí en Ginebra todo eso me parece lejano y toca volver a mi realidad.
13:42 Anotado en Viajes | Permalink | Comentarios (1) | Tags: colombia, medellín

