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domingo, 07 septiembre 2014

Microrrelatos

  1. ficción, microrrelatoTres minutos en brazos de un desconocido, sintiendo pecho contra pecho, mejilla contra mejilla y la respiración en el oído, dejándose llevar con los ojos cerrados, olvidados del mundo. Cuerpos en equilibrio, espíritus vagabundos. Un piano, unos violines, un bandoneón y una voz de terciopelo arrullando remolinos en el aire con los efluvios de la milonga. La eternidad concentrada en un tango.
  2. Estaba furiosa con el imán de la mezquita vecina a su casa porque predicaba barbaridades sobre las mujeres. Le oyó decir que las que no usaran velo irían al Yahannam, el infierno musulmán, donde serían colgadas de los cabellos, las que le contestaran mal a sus maridos serían colgadas de la lengua, las que no cubrieran su cuerpo serían colgadas de los senos y así sucesivamente por cualquier motivo absurdo. Decidió sublevarse saliendo a la calle muy bien pintada, con el cabello suelto, mirando lascivamente a los ojos a todos los hombres y andando desnuda para sentir sus senos al aire libre y el frotamiento de la piel sobre la piel. Así lo hizo, pero nadie se dio cuenta ya que se cubrió con un amplio burka negro de la cabeza a los pies que ni siquiera dejaba ver sus ojos. Lo disfruto imaginando que ese hiyab era transparente y ella, Lady Godiva.
  3. Julia quería leer microrrelatos pero no los encontraba o los que veía no le parecían merecer ese título. Lo que buscaba era el relato contundente que le quedara grabado en la cabeza durante varios días. Fue en ese instante que sintió la frase asesina que le envió Eva a la cabeza. Y colorín colorado esa herida superficial no ha sangrado.
  4. - ¿Supiste lo que pasó en Ucrania? - No, pero ni me lo cuentes que no me interesan todas esas guerras inútiles y lejanas. No creo que haya habido ni un minuto de paz absoluta en este planeta. Muerte por doquier: Siria, Palestina, Ucrania, Colombia, Malí, Iraq, Nigeria, Somalia… No puedo hacer nada contra ello. Me son indiferentes. ¡Que se maten todos! Ni me inmutan. - Bueno, era solo para contarte que un misil derribó un avión malasio con 298 pasajeros en Ucrania. Todos murieron. Uno de ellos es tu hermano.
  5. Pasaría cuatro años de juicio antes de repetir esa locura. Cuando por fin terminó el Mundial de Fútbol, después de festejar durante dos días la victoria alemana, decidió volver a casa. Abrió la puerta. Sintió un silencio, un frío y un vacío extraños e inexplicables. Nadie contestó a sus llamados. En la puerta del refrigerador había un mensaje explicativo: no me busques, me voy para siempre con tu rival, mi mejor amante.
  6. Cada vez que parábamos en un semáforo, ella aprovechaba para mirarse al espejo, arreglarse el peinado, acariciarse el cuello o maquillarse. Yo la miraba de reojo en silencio. No hablábamos. Disfruté de esos instantes hasta que en algún cruce nuestros caminos bifurcaron y no la vi más en mi retrovisor.
  7. Recuerdo que hacía frío pues tenía puesta mi gruesa chaqueta de invierno. Terminé de poner gasolina a mi carro y entré a pagar la cuenta. La pulposa morena que me atendió estaba de buen humor. Yo andaba distraído. Me hizo aterrizar preguntándome coqueta: ¿me lleva a esquiar? En un segundo me imaginé todo un fin de semana con ella en la montaña. «Claro que sí», le contesté. Soltó una carcajada, pagué y me fui a casa. No había sido en serio.
  8. Cuando me avisó sin preámbulos que me iba a abandonar, me tomó por sorpresa. Vivíamos juntos desde hacía tanto tiempo que parecía natural seguir así para siempre. Es cierto que lo he hecho sufrir con todos mis excesos sin oírle la mínima protesta. El que calla otorga, supongo. ¡Bah! Me he hecho a la idea. Ahora estoy viendo cómo reemplazarlo. Tengo que ser paciente pues mi cardiólogo me dice que la lista de espera es larga para los trasplantes de corazón.
  9. Uno de los mensajes electrónicos más extraños y enigmáticos que he recibido en la vida me llego hace varios años. El remitente tenía un nombre que me pareció conocido. Me decía: ¿Eres el mismo Nelson que vivió de niño en el barrio Interlaken de Ibagué en la calle donde había dos palmeras y tenías un hermano llamado Camilo? Yo era vecino de ustedes y a menudo jugábamos juntos. Le contesté: Claro que sí. Recuerdo a tu hermano y a tus padres, pero a mí me contaron que tú habías muerto en un accidente aéreo. Nunca me llegó su respuesta.
  10. Acabo de regresar del cementerio donde la enterramos rodeada de un muy reducido grupo de amigos y familiares. En estos últimos años la veía muy poco. De pronto aparecía regresando de un viaje o preparando el siguiente. Todos creíamos que llevaba una vida normal de aventurera. Claro que desde su tercer divorcio su comportamiento empezó a cambiar lentamente. Vi su evolución por saltos cada cinco o diez años. Su vida parecía una montaña rusa social con sus altos y bajos. A veces la encontraba rica y exitosa, en otras estaba muy pobre y deprimida víctima de la suerte aleatoria que le había tocado o que había buscado. Sin que nadie lo supiera su casa se había convertido en una verdadera leonera llena de objetos inútiles acumulados durante años, en un desorden indescriptible y totalmente insalubre. Fuera de casa parecía una persona común y corriente. Supimos demasiado tarde que sufría del síndrome del acaparador compulsivo que le ocasionó la muerte pues un incendio accidental arrasó con todos sus recuerdos y las cosas que no se atrevía a tirar a la basura. De polvo eres y en polvo te convertirás, dice su epitafio.
  11. Llevaban varios meses en amoríos virtuales por la Internet. Sus fantasías sexuales tendrían que realizarse irremediablemente algún día. Ella tomó la iniciativa fijando la cita en un bar del centro para convertir el cibernoviazgo en realidad. ¡Ya estaba bien de tanto mensaje escrito! Su cuerpo le pedía besos reales, tomarse de las manos de su ciberpríncipe azul para mirarse a los ojos profundamente enamorada. Las señas supergastadas de la flor en la solapa y del sombrero de plumas fueron eficaces. Se reconocieron a pesar de no coincidir sus rostros con las fotos falsas que habían puesto en el perfil de Facebook. Se dieron cuenta de que a pesar de que, ante los ojos de cualquiera, eran una pareja de cibernovios muy feos, ellos se habían conocido primero por dentro y sus interiores eran muchísimo mejor que las apariencias superficiales engañosas.
  12. ¡Ah!, la juventud. Estaba con mi esposa esperando unos kebabs en un puesto callejero frente a una estación de gasolina. El vendedor y dos clientes o amigos más que lo acompañaban éramos los únicos cerca de la cocina ambulante. Me parece que ninguno de los tres tenía más de 25 años. En eso se oyó un ruido muy fuerte al otro lado de la calle, en la gasolinera. Al mismo tiempo una joven de unos 18 años se bajaba de su auto llamando por teléfono. El ventero exclamó: se le pinchó un neumático. Sus dos compañeros volaron a socorrer a la muchacha. Mientras la ayudaban a cambiar la rueda, nos reíamos pensando que si el accidentado hubiera sido una mujer mucho mayor o un hombre de cualquier edad no se hubieran molestado en ir a ayudar.

10:27 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (0) | Tags: ficción, microrrelato

domingo, 22 junio 2014

Microrrelatos

  1. microrrelato, ficciónNunca se imaginó lo que escondía su novia debajo de la falda: la libertad.
  2. Acababa de entrar sin que sus ojos tuvieran tiempo de acostumbrarse a la oscuridad cuando oyó unas llaves girar a su espalda. Estaba encerrado.
  3. La vio venir por la misma acera como todos los días. Esta vez sí le iba a decir algo. Se miraron a los ojos con una sonrisa leve. Fueron unos segundos eternos mientras se cruzaban. Se dijo que mañana sí se atrevería por fin a decirle algo.
  4. Abrió los ojos. Vio sobre la mesa de noche la caja de preservativos sin abrir. ¡Ay! No recordaba lo que había hecho después de la fiesta de anoche. Algo  se movió a su espalda. A su lado dormía una hermosa mujer desnuda. ¿Serían padres dentro de nueve meses?
  5. Después de recorrer casi todo el castillo sin encontrarse con nadie, llegó a la conclusión de que estaba sola. Notó una luz por debajo de una puerta. No pudo abrirla porque estaba cerrada con llave. Cuando se agachó a mirar a través de la cerradura, tuvo el susto más grande de su vida: se topó con un ojo que la observaba.
  6. Primero, le dijo sensual y suavemente al oído: te amo con locura. Después, lo mató.
  7. «Entonces me voy de esta casa», gritó cerrando la puerta de un solo golpe. Me dije, «ya volverá». Un cuarto de hora después estaba golpeando a la puerta. Los adolescentes son así.
  8. Estaba feliz porque comenzaba la Copa Mundial de Fútbol, porque su marido la dejaría tranquila durante un mes, ya que se iría a ver todos los partidos con sus amigotes y después a festejar las victorias o derrotas, porque ella odiaba ese deporte sin sentido, pero sobre todo porque podría pasar más tiempo con su amante que también odiaba el fútbol.
  9. Le pidió que la abrazara y la abrasó.
  10. Lo último que le dijo antes de desaparecer para siempre de su vida fue: la paciencia tiene un límite.
  11. Cuando terminó su obra de arte quedó orgulloso de sus colores, perspectiva y relieve, pero nunca pensó en su trascendencia. Esos conceptos no significaban nada para él. Lo que buscaba era plasmar la realidad, impresionar a su gente y conseguir un puesto importante en su comunidad. Con un poco de suerte hasta podría ganar los favores de la hija del jefe. El tiempo no significaba nada para él. No podía imaginarse que treinta y un mil años después sería admirado por los arqueólogos del mundo entero.
  12. - Lo que me gusta de tu país es la alegría de la gente, me dijo. - Lo malo es que es alegría superficial, contesté. - Pero lo malo de aquí es que hay una tristeza profunda, objetó y nos pusimos a reír.

10:26 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (0) | Tags: microrrelato, ficción

martes, 24 diciembre 2013

Ajolote

microrrelato,ficción,cortázar,transmutacionesTeníamos cita en el Jardín de Plantas de París. Llegué demasiado temprano. Visité la exposición de esqueletos de ballenas y animales disecados. Me gustó ver la jirafa, el elefante y el tigre. En un rincón había una escultura de hipopótamo inmenso sobre la cual una joven leía periódicos. Otra muchacha que la cuidaba me explicó que era una obra de arte que solo existía cuando una de ellas estaba sentada encima leyendo. Se turnaban para que siempre hubiera una en escena. «Locos artistas», pensé. Con dificultad encontré el acuario donde me vería con Julio. Mientras llegaba me puse a admirar el monstruo acuático con nombre náhuatl mexicano. Animal extraño con rasgos casi humanos. Parecía que me miraba adivinando mi pensamiento. Vi mi reflejo en el vidrio. De repente vi a Julio mirándome fijamente afuera del acuario. Ahora estoy aquí nadando en medio de estos ajolotes esperando a que regrese. ¿Volverá?

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