Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

miércoles, 30 marzo 2011

Aprender de niño

De niño uno no se da cuenta de las enormes capacidades de aprendizaje que se tiene. Si uno ha tenido la suerte de haber nacido con el mínimo de validez para llegar a ser una persona normal, en un año de vida ya está hablando, caminando y comiendo casi todo tipo de alimentos. Con la edad esas capacidades o la simple curiosidad se van atrofiando y se vuelve más difícil memorizar palabras de un nuevo idioma, bailar ritmos nuevos o aventurarse a comer platos exóticos. Nos vamos acostumbrando a nuestro medio y pocos son lo suficientemente aventureros para cambiar y conocer cosas nuevas.

`

Por ejemplo los niños aprender a bailar muy fácil si están dentro de un ambiente donde la gente baila. (Véanse los vídeos adjuntos a esta nota.) Dicen que Mozart de niño aprendió tan bien la música, como si fuera un juego tan solo mirando a su hermana mayor tomando clases con su padre, que pudo viajar por Europa con su padre demostrando sus prodigios cuando aún era muy niño. Cuentan también que el campeón mundial de ajedrez, el cubano Capablanca, a los cuatro años ya sabía cómo mover las piezas sin que nadie le enseñara y podía ganarle con facilidad a un jugador principiante. Recuerdo ver sobrinos míos de dos años que ya bailaban muy bien los ritmos tropicales. Un amigo me contaba que en las obras públicas los jóvenes que tenían costumbre de jugar por computador con las manijas de juego, aprendían muy fácil a manejar las grúas. Pasa lo mismo con los niños indios en la selva que son buenos cazadores muy jóvenes. No deja de sorprenderme.

martes, 08 junio 2010

Diplopoda y narcisos

NV-IMP647.JPG

Un simple paseo a la montaña lo puede llevar a uno a revisar sus conocimientos de botánica, zoología y mitología. Me sucedió el domingo en una salida al Plateau du Retord cerca de Bellegarde-sur-Valserine pues era la fiesta de los narcisos que celebran en esta época desde hace varios años. Tuvimos suerte pues el mal tiempo anunciado llegó justo cuando nos estábamos regresando a eso de las cuatro de la tarde. Los campos estaban llenos de narcisos, una flores blancas muy perfumadas, que se pueden recoger si uno respeta la planta sin dañarla y no exagera en la cantidad pues es una planta más bien rara. Caminamos como cuatro horas entre paisajes muy agradables.

Surgió la pregunta de la relación entre el narciso y el narcisismo. Yo me acordaba sin muchos detalles del mito de Narciso que se había enamorado de su imagen reflejada en un río, se quedó mirándola, cayó al agua y se ahogó. Pero, ¿qué relación hay entre el nombre de la flor y el personaje mítico?

Después en el camino hablando de insectos y arañas, llegamos al tema de los ciempiés. Dije que era gracioso que en francés el animalito tuviera mil patas y en español solo cien. Me comentaron que en realidad hay dos animales diferentes: uno es el milpatas y otro, el ciempiés. Hasta un amigo encontró un animal en el parque que tenía la forma de una bola negra pero que en realidad era un pariente del ciempiés. Nadie supo su nombre en español ni francés. Él lo conocía en alemán.

Llegando a casa la curiosidad me picó y gracias a las enciclopedias y al la Internet. Descubrí (ver enlaces adjunto) que se supone que la flor se llama así por el personaje mitológico y no al contrario, que en su historia hay relatos de homosexualidad y también aparece la ninfa Eco (la pobre no podía hablar sino repetir el final de lo que oía), que el animal se llama diplodopa y puede ser venenoso. Si uno camina descalzo y lo pica uno de ellos le puede ir mal. Como decía Sócrates: solo sé que nada sé.

18:00 Anotado en Naturaleza | Permalink | Comentarios (1) | Tags: mitos, botánica, zoología

viernes, 26 marzo 2010

Jardines

NV-IMP626.JPGAyer o antier, saliendo del estacionamiento de mi trabajo me sorprendió el agua que caía sobre mi cabeza ya que era un día soleado y relativamente caliente para un comienzo de primavera en el que no se esperaba la lluvia. Miré hacia arriba y me di cuenta de que lo que pasaba era que estaban regando una plantas en la terraza del edificio. Mi mente volvió de repente a los primeros meses que pasé en Francia recién llegado hace más de treinta años. Me habían hablado de los jardines y de las mangueras automáticas que los regaban por doquier. De esos aparatos no había en Colombia cuando yo me vine. Son esos artilugios que con la presión del agua van girando poco a poco hasta cierto punto desde donde se devuelven velozmente para volver a empezar un nuevo ciclo sin cesar. Lanzan sus chorros más o menos lejos. Los jardineros solo tienen que cambiarlos de puesto y reorientarlos regularmente. Cuando yo llegué, varias veces me vi lavado por sorpresa por no haber calculado el movimiento para pasar entre las gotas. Era casi un juego esperar un rato para pasar corriendo en el momento preciso. También era gracioso ver a los demás tratando de escapar al juego de agua. Dentro de poco volverán a «florecer» esas mangueras por estos jardines que gracias a ellos son tan verdes.

08:00 Anotado en Naturaleza | Permalink | Comentarios (2) | Tags: agua, plantas, mangueras