miércoles, 16 febrero 2011
Recurrencias
Como de costumbre me perdí de nuevo en una ciudad extranjera, esta vez, en un país árabe. Iba con un grupo de personas, padres de familia, a dejar unos niños en un espectáculo para más tarde volver a recogerlos. Consciente de que no conocía bien el camino, tuve la precaución de anotar la dirección en un papel que guardé cuidadosamente en mi bolsillo. En el camino de regreso, como lo temía, me perdí del grupo. Decidí regresar sobre mis pasos hasta el lugar inicial con la esperanza de volver a ver a los otros al cabo de un rato. Recordaba que tenía que girar a la izquierda, caminar dos cuadras, girar dos veces a la derecha y de ahí, como no debería de quedar muy lejos, con seguridad reconocería visualmente el lugar. Debí de equivocarme en algún lado; ya no había ningún edificio familiar aunque todo parecía no estar muy lejos de la Plaza Tahrir en El Cairo. Me acordé del papel con las señas que había escrito y en ese momento me desperté. Busqué la dirección en vano y me di cuenta de que se me había quedado en el sueño, de manera que nunca sabré dónde quedaba ese lugar ni si fueron a tiempo a buscar a los niños. A menudo me pierdo en los sueños y me cuesta volver a la realidad al despertar.
viernes, 24 diciembre 2010
Navidad, Navidad, dulce Navidad
Disculpa que te escriba tan tarde pero es que he andado súper ocupado y no me quedó tiempo ni de pensar en esta carta. Si andas demasiado ocupado, puedes dársela al Papá Noel, Santa Claus, los Reyes Magos o a cualquier reemplazante que me pueda atender. Todavía no es media noche. Creo que aún hay tiempo, ¿no?
Este año he estado muy juicioso. Trabajé como se debe, manteniendo la familia y ahorrando algo para los pasatiempos y el futuro incierto. Canté y aprendí canciones y algún villancico que seguramente te ha de gustar. Jugué scrabble en francés y español con mucha asiduidad, tratando de mejorar vocabulario y técnica para ocupar puestos más destacados en los campeonatos. Jugué ajedrez y creo que he mejorado a fuerza de perder con campeones. Estudié árabe quizás con menos juicio de lo pensado pero al fin y al cabo me aceptaron en nivel tercero avanzado para continuar este enero. Escribí y escribí mucho aquí y allá esperando divertirme y divertir a mis lectores. No he vendido muchos libros pero no pierdo las esperanzas. Practiqué gimnasia en el fitness tan a menudo como pude a pesar de que la báscula no quiere repercutirlo en baja de kilos y aumento de músculos. Pagué mis impuestos, di limosnas, no despilfarré la plata, fui a cine, viajé, charlé, reí y creo que no perdí el tiempo.
Claro que nadie es perfecto. Ni siquiera yo. Me dispute a veces con mi esposa, pero no más de lo normal en parejas viejas. Admiré el sexo débil, pero teniendo en cuenta el mirar y no tocar, para no caer en tentaciones. Envidié a uno que otro conocido que tuvo más suerte o éxito que yo, pero sin exageraciones. Más bien me sirvió de emulación.
En fin, creo que cumplí mi deber y por eso ahora puedo escribirte para pedirte mis regalos navideños.
¡A ver, a ver! Me gustaría que me regalaras un mundo sin guerra, sin pobres, sin injusticias. Sin guerra podríamos gastar ese dinero en cosas útiles en vez de balas y armas. Sin pobres, los ricos podrían disfrutas de su dinero sin remordimientos. Sin injusticias, nadie querría vengarse por su propia cuenta aplicando lo del ojo por ojo y diente por diente. ¡Mejor aún! Deberías también acabar con los ricos pues esos sí que despilfarran; van a terminar acabando el planeta como si fuera solo para ellos.
Deberías darnos un mundo donde todos seamos iguales. Todos calvos, gordos y arrugados como yo. Así no habría envidias. Deberías abolir las mujeres bonitas y los hombres buenos mozos para que no tuviéramos tentaciones y todo el mundo fuera fiel. A ver si repartes mejor el buen y mal tiempo. ¿Qué es eso de que en un lugar hayan lluvias sin cesar y en otros la gente se muera de sed por la sequía? Pues me gustaría que lloviera de noche y tuviéramos sol todos los días. Nada de temperaturas exageradamente altas o bajas. Una eterna primavera, por favor.
A los niños juiciosos siempre le traes los regalos que han pedido o alguna cosa que lo reemplaza como una naranja o mandarina. A ver si esta vez también te ocupas de nosotros los adultos. Si todos nos pusiéramos de acuerdo para pedirte paz en el mundo, sería maravilloso. Claro que hay tanto egoísta por ahí que algún cabrón se las arreglaría para pedir algo personal nada más. Peor aún; a un gracioso se le puede ocurrir pedir que los deseos de todos los demás no se cumplan. ¡Valiente gracia!
Bueno, yo con tanto pedir estoy demostrando mucho egocentrismo y egoísmo. Lo concedo. Pero pensándolo bien, un mundo perfecto sería muy aburrido. No habría noticias interesantes en los noticieros. Solo noticias buenas. Todo lleno de gente alegre, saludable, distendida, sin nada que envidiarle a nadie. No, a ese mundo le faltaría picante.
Está bien. Cambio de idea. Ahora voy a pedir algo que seguramente me puedes regalar. Te pido que nada cambie, que el mundo siga tal y cual, que mañana haya tantos pobres y ricos como antes. Hasta ahora a mí por suerte no me ha ido tan mal. Seguro que esto sí me lo vas a dar, ¿eh? Seguro que vivimos en el mejor de los mundos posibles.
Besos y abrazos.
Nelson
20:35 Anotado en Elucubraciones | Permalink | Comentarios (0) | Tags: cartas, sueños, humor
lunes, 29 marzo 2010
Mente recursiva
Casi me quedo encerrado para siempre en un bucle infernal. Estaba en un restaurante con un grupo de amigos o colegas con los que aparentemente seguía un cursillo. Mi esposa también comía con nosotros y creo que uno de mis hijos. Habíamos pedido un plato y nos trajeron otro, la cuenta no cuadraba, se demoraron en servir. Era un mal restaurante o quizás un día de demasiados convives. Pagamos y nos fuimos, no sé si a pie o en carro. En cierto momento en medio de la conversación vi como si fuera una publicidad en segundo plano a la que no le había puesto cuidado que me encontraba metido en un televisor o en un cine y un chofer de una camioneta repartidora de mercancía decía algo a unos policías que lo iban a multar. No entendí muy bien pero le noté un acento español del Cono Sur. Estábamos en una ciudad blanca al borde del mar. Desperté y me di cuenta de que estaba en el cuarto de una casa extraña y lo que había visto era en realidad el sueño de un tipo que se acababa de levantar sorprendido. Fue a la cocina en la penumbra. Otra persona salió a su paso y claro me volví a despertar en otro lugar saliendo del sueño de otra persona. No sé en cuantos sueños estuve viajando pero al final afortunadamente me desperté de mi propio sueño. Vi la hora. Recordé que habíamos cambiado al horario de verano y me volví a dormir. No recuerdo haber soñado de nuevo, pero el susto que me di fue grande. ¿Habré salido completamente de esos sueños encajados como muñecas rusas o mesas nido o funciones matemáticas recursivas?

