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domingo, 28 febrero 2010

Terror extraterrestre

NV-IMP613.JPGTenía diecisiete años y una afición exagerada por la astronomía. Esa noche subió a la terraza con su telescopio para observar los cráteres de la Luna, los anillos de Saturno y los satélites de Júpiter. Tenía dudas existenciales. «Si Dios existe, que me envíe de una vez una señal», se dijo y siguió observando las estrellas. Su imaginación lo hacía flotar hacia el infinito negro más allá de la Vía Láctea. Silencio, soledad, frío y oscuridad reinaban a su alrededor debajo del firmamento mudo. Ningún búho cantaba como otras noches. Ni el vuelo de murciélagos cazando turbaba el aire. De repente una visión extraña cubrió parte de la constelación de Hércules. Era como un velo blanco semitransparente que bajaba flotando y se dirigía hacia él cual pescador celeste queriéndolo atrapar con su atarraya. Una fuerza irracional se apoderó de él. El sudor del miedo corría por su frente y axilas petrificándolo ante el peligro irracional inminente. Sin pensar más en dos segundos ya estaba corriendo por las escaleras hacia abajo para esconderse en algún lugar seguro. Fue tanta la prisa que tropezó y cayó rodando por las gradas hasta quedar inmovilizado en el piso de abajo mientras su familia salía corriendo para ver qué había pasado. ¡Lástima! No tuvo tiempo de conservar la sangre fría para darse cuenta de que lo que parecía una señal divina en realidad era un bandada de pájaros migratorios nocturnos y así se hubiera salvado de encontrarse hoy minusválido y en silla de ruedas.

sábado, 27 febrero 2010

Más cara (5)

NV-IMP612.JPGAntonio se despertó con un fuerte dolor de cabeza. Sentía el cuerpo pesado y los músculos como si acabara de haber corrido una maratón. El cielo raso del cuarto era blanco y lo parecía más con el reflejo del sol sobre la nieve. No se quiso mover. Cerró de nuevo los ojos y pensó en la pesadilla que había tenido esa noche. Él era un papagayo amarillo y azul en la selva tropical y estaba rodeado de muchos animales: micos, serpientes, panteras, tucanes, insectos, boas, arañas. Estaba posado en una rama alta de un árbol de caoba como mirando la escena de un teatro desde un balcón. Abajo una tribu de indígenas bailaba y cantaba alrededor de una gran olla donde se cocinaba un misionero que rezaba con un rosario tratando de convertir a los salvajes. Todo había empezado con una fiesta y luego las peleas entre los animales convirtió todo en una algarabía. ¡Qué dolor de cabeza!

Abrió de nuevo los ojos y trató de levantarse. Se dio cuenta de que no estaba solo. En su cama estaban dos mujeres, desnudas como él. En realidad todavía estaba en casa de Patricia y eran ella y Carmenza las que dormían de lado y lado. ¡Caramba! ¡Qué sorpresa! No recordaba nada de lo sucedido después de haber probado la famosa sopa embera.

Se levantó con mucho cuidado para no despertarlas y se puso a buscar su ropa. No estaba en la habitación. Salió al corredor y empezó a ver a más invitados durmiendo desnudos en el suelo, en los sofás o en sillones. Vio a Elena en medio de Giorgio y Jean y a Nina muy abrazada a un hombre con la cara maquillada de payaso. Se notaba que muchos invitados se habían ido, pero los que dormían por todos lados habían participado a una orgía desenfrenada.

No quería despertar a nadie. Lo importante era encontrar su ropa e irse rápido para no tener más que ver con esa gente loca. Lo suyo era el pescado y la vida sencilla. Por fin la encontró en la cocina amontonada con las de otros. Se vistió rápido y salió corriendo. Al llegar a la calle vio a los bomberos y policías que estaban mirando algo en el jardín. Un grupo de gente se estaba agolpando cerca de ellos pero un cordón les impedía acercarse.

Antonio trató de ver que era. Se dio cuenta de que un personaje disfrazado de Supermán estaba estrellado contra el piso junto a un seto pero los bomberos dijeron que estaba muerto e indicaban que había que levantar el cadáver. Lo cubrieron con una sábana y miraron hacia arriba tratando de ubicar desde dónde hubiera podido caer.

Antonio recordó a un invitado de la fiesta vestido de Supermán y de las peleas que había tenido con él en su pesadilla. Todo iba a terminar mal. En ese momento decidió que tenía que irse de ese lugar de locos y regresar rápidamente a su pueblo español de pescadores donde nadie pudiera encontrarlo, pues en su sueño en tanta pelea entre animales, indios y misioneros, él había lanzado al Supermán desde arriba del árbol, pero en el sueño el héroe salió volando y no cayó al suelo. No quería saber qué había sucedido en realidad.

12:47 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (0) | Tags: ficción, fiestas, disfraz, nieve

jueves, 25 febrero 2010

Ni es cielo ni es azul

NV-IMP611.JPGAcabo de terminar la lectura de tu novela, pero aún no entiendo por qué ahora la consideras muy mala si recuerdo que cuando me hablaste de ella hace más de un año, me dijiste que inicialmente era mucho más larga y que le habías quitado muchas cosas hasta quedar satisfecho. Me sorprendió hace unos meses no encontrarla más en el sitio web donde la habías colgado pues no había tenido tiempo de descargarla para leerla. Gracias en todo caso por habérmela enviado. A mí me gustó.

No creo que los amigos ni los familiares sean buenos críticos de lo que uno escribe. O son demasiado condescendientes o no se atreven a decepcionarnos diciéndonos lo que piensan verdaderamente. Este es un ejercicio delicado para mí pues como te conozco era inevitable ver tu imagen en varios personajes del relato. Te vi de camionero, de profe de literatura, de jugador de dominó, de recluta, de agente de bolsa, de lusófilo y de enamorado por ejemplo.

El diálogo entre los capítulos pares e impares me pareció como un espejo de la realidad. Los unos van en primera persona y los otros en segunda. ¿Se podrían leer independientemente como si fueran dos novelas distintas? No lo creo, pues se completan dando dos puntos de vista. Son dos monólogos interiores que muestran como la transformación y el mimetismo entre dos personajes que se encuentran de un lado diferente de la ventana. ¿Quiénes son esos dos narradores la misma persona que una vez habla de sí misma y otras le habla a su imagen en el espejo? ¿O son dos personajes diferentes, por ejemplo, Estrella y su novio, o Santiago con sus diez mil libros dialogando con el novio de Estrella? Quizás tu personaje es un quijote moderno que se enloquece de jugar domino y a la bolsa, abandona el juego y se va en búsqueda de su dulcinea, Estrella.

Me pareció como un relato de aventuras en la cabeza de dos personas. Hay una transformación y semiinconsciencia del mundo que parece ser un juego desde que uno aprende a jugar con canicas hasta cuando ya viejo vuelve uno a jugar pero a las bochas. El trabajo es un juego, el amor es un juego, pero un juego en serio donde se quiere ganar dinero o la felicidad de encontrar su media naranja. Jugar para olvidar la muerte que nos espera, para poner orden a los ficheros en la cabeza, para evitar entrar en un túnel sin salida.

Me gustaron muchas frases que deslizas al final de los capítulos disimuladamente y que me quedaron sonando en la cabeza como el silencio de ese abanico que se acaba de cerrar o las islas donde nacen los sueños o el atravesar un cielo de ladrillo mugiendo o convertirse en pantanos sin orillas y otras más.

Me hiciste leer la última frase de tu novela antes de tiempo, abrir el capítulo VI del Quijote, descubrir viejos poemas barrocos de Argensola y buscar en la Biblia la llegada del arca de Noé. Que los libros están llenos de mentiras, que todo ya está escrito en la Biblia, que los poemas aunque no se entiendan deben leerse en voz alta para quedarse con la música y alguna frase bonita. Pero me quedo con la imagen que más me gustó de ese libro en el fondo de un río en el País Vasco dentro de un torbellino que le arranca las letras y forma una novela diferente en cada instante.