jueves, 02 abril 2026
Viaje de ensueño
Fui a visitar a María a Praga, mientras Luisa estaba trabajando lejos de casa, en otra ciudad, por varias semanas. Por supuesto, Luisa creía que yo estaba en Ginebra. (Otro cuento de infidelidades, debe de pensar el lector.) María y yo decidimos darle una sorpresa a Luisa llegando sin avisar adonde ella estaba, en la Costa Azul. (Otro cuento de parejas libertinas, debe de pensar el lector.) Cuando nos vio llegar a las dos, no lo podía creer. Estaríamos juntas todo el fin de semana largo de Semana Santa y solo entre amigas. (No me lo imaginaba, debe de pensar sorprendido el lector.)
El anterior es un microrrelato de un taller de escritura creativa al que yo asistía en sueños. Había gente conocida, pero en un lugar nuevo que no reconocí. Es quizás la primera vez que recuerdo que sueño escribiendo un cuento de ficción tan realista. Por suerte cuando me desperté, no lo olvidé como tantos otros sueños que se desvanecen rápido.
Después estuve pensando si el microrrelato era en francés o español y si sería más fácil ocultar el hecho de que los tres personajes son mujeres en un idioma o en otro. De cualquier manera, lo he reconstituido y reescrito de memoria. No podía ser de otra forma, pues no se toman apuntes cuando uno duerme.
Ahora me pregunto qué pensará el lector de estas líneas. Curioso sueño y curiosa realidad.
22:26 Anotado en Cuentos, Elucubraciones, Recuerdos | Permalink | Comentarios (1) | Tags: sueños, ficción
martes, 17 marzo 2026
Ser abuelo (o abuela)
Es una dicha ver crecer a mis dos nietos y poder jugar con ellos cuando vienen de vacaciones. Nos sacan de la rutina diaria para verlos disfrutar de la vida maravillosa de la niñez que aprende y descubre acompañada de la adultez que guía y cuida, desde la vejez que ve y entiende el camino recorrido y lo que queda por andar.
Simaya cumplirá dos años en mayo y es vivísima. Tiene una gran curiosidad. Quiere repetir todo lo que oye o le llama la atención, ya sea en francés o español. Hay palabras que pronuncia sin ningún problema: no, tango, tulipán, música, abuela, tucán, œuf à la coque, tyrolienne, … Otras que deforma a pesar de su esfuerzo: falmico (por flamenco), pipinguo (por pingüino), culi (por curí), … A veces levanta su índice muy cerca de su cara, toma aire con impulso para sorprendernos armando frases completas en presente o pasado.
En general se hace entender muy bien por gestos. Lo toma a uno de la mano y lo lleva a algún lugar que le interesa, lo hace a uno levantarse empujándolo del muslo, le trae a uno un libro para que se lo lea, le mueve a uno la cabeza con sus manecitas para que mire en alguna dirección.
Le gusta repetir rutinas. Quiere por ejemplo que le muestre y explique todos los cuadros de la casa, las fotografías, las decoraciones, los personajes de algún bordado. Quiere que le cantemos las mismas canciones infantiles, pero es ella quien escoge: ¿El pájaro carpintero, Arroz con leche, Los pollitos, La pájara pinta…?, no, no, no, hasta que dice ¡sí!
Le encanta recoger flores y entregárselas a la abuela. Cuando le pregunto ¿dónde está Simaya?, se señala a ella misma, ¿dónde está el abuelo?, me señala a mí, pero cuando me llama, soy abuela. Es decir: tiene dos abuelas maternas. ¡Je, je! Habla de ella en tercera persona: Simaya hizo esto o aquello. Hace unos meses se refería a su mamá por Ta maman, seguramente porque le preguntan por su mamá o le dicen que su mamá llegó.
Le encanta esconderse en una cortina de velo y que le digamos que no la vemos. Quiere prender y apagar luces. Todavía no se sabe si es diestra o zurda, ya que come o dibuja con una u otra mano. A veces avisa cuando quiere hacer pipí o caca en la tasa del inodoro mirando libros o revistas. Abre puertas y cajones de ciertos muebles que están a su altura y por eso debemos estar muy pendientes para que no vaya a sacar nada peligroso para su edad.
Quiere y puede subir las escaleras sola, pero hay que ayudarla para bajar. Está pendiente de las sirenas de los bomberos, ambulancias o policía. Quisiera que sonaran a su voluntad. Le gusta oír tocar las campanas. Cuando nos ve que nos vamos a poner los zapatos para salir, sale corriendo a llevarnos un calzador.
A pesar de la diferencia de edad, León ya tiene 9 años y medio, los dos nietos juegan a veces juntos. El grande le lee cuentos o la carga en los juegos infantiles o la acompaña en los juegos del parque o la empuja en su cochecito. León cantaba Ne me quitte pas de Jaques Brel y ella repetía Ne me quitte pas! A veces pareciera que tuviera celos de su prima, pues no se le atiende tanto como antes, pero siempre está contento con ella. Dice que ella pone mucho ambiente y le hace falta si no está.
León lee mucho, pero tiene mucha energía que le impide estar sentado tranquilo mucho tiempo. Quiere que juguemos con él pimpón o bádminton (o gallito como le decíamos en Colombia). Toca piano cada vez mejor, a pesar de que su profesor de música no es muy motivante para su gusto. Ahora sabe trucos de magia con naipes para adivinar las cartas que uno escoja (le enseñé uno más que aprendí de niño y que por suerte todavía recordaba). Le gusta esquiar en la nieve y lo hace bien, pues comenzó muy pequeño. Es muy competitivo. Le gusta jugar con Duolingo ejercicios de música, matemáticas o español y sobre todo ser el primero. Quisiera que compráramos un perro, pero nos negamos por vivir en un apartamento y viajar mucho. ¡Sería un lío!
Tener nietos nos recuerda cuando nuestros hijos eran pequeños y cuando nosotros mismos éramos niños. Nos recuerdan a nuestros padres, hermanos, primos, abuelos y demás familiares. Nos hacen ser conscientes de cómo el mundo ha cambiado de rápido en este último medio siglo. Pensamos en el futuro que vivirán los niños de hoy y, a pesar de nuestros temores, dudas e incertidumbres, les deseamos y esperamos que vivan en un mundo mejor que el que nos tocó.
16:39 Anotado en Elucubraciones, Vida diaria | Permalink | Comentarios (2) | Tags: familia, nietos, niñez
sábado, 27 abril 2024
Relatividad del tiempo que pasa
Comentando con amigos de mi edad sobre el envejecimiento, recordé que hace más de diez años oí decir que uno no debería contar la edad en años sino en logaritmos de los años. La curva no es rectilínea. Sube rápidamente al comienzo para ir inclinándose, buscando la horizontal como queriendo parar el tiempo.
Los cambios en la niñez son mucho más importantes que en la juventud y cada año aporta muchas más experiencias novedosas que enriquecen nuestras vidas. Esa curva refleja esa sensación, como también que la diferencia de edad entre dos personas pierde importancia con el tiempo.
Otro amigo comentó que le parecía mejor calcular en logaritmo de base dos, pues en informática contamos en potencias de dos y almacenamos la información en bits. Así los valores enteros de 1, 2, 3, etcétera son como pisos que uno alcanza a subir con el avance de la edad. A los dos años se llega al primer piso, a los cuatro, al segundo, a los ocho, al tercero, a los dieciséis, al cuarto y a los 64, al sexto piso para quedarse ahí, ya que no llegaremos a los 128 años necesarios para estar en el séptimo piso.
Las personas más longevas de las que tenemos constancia fueron la francesa Jeanne Calment que murió con 122 años, seguida por la japonesa Kane Tanaka con 119 años, acercándose mucho al séptimo piso. Para los que creen en la Biblia, tenemos el caso de Matusalem que con 969 años llegó al piso 9.
Otro intelectual decía que él prefería contar los años que le quedan por vivir comparando la edad que tenía con la esperanza de vida en ese momento, ya que como esta última aumenta, a él le iba quedando teóricamente cada vez más años por vivir. Una especie de ilusionismo.
Por supuesto que todo esto es arbitrario. Contamos en base diez porque tenemos diez dedos en las manos, pero los babilonios contaban en base veinte y aún hoy en euskera se usa de alguna manera el conteo por grupos de veinte. Creo que en wolof se cuenta en base cinco y alguien me dijo que en danés también se usa un conteo con base veinte (releyendo a Henriette Walter, en su excelente libro L’aventure des langues en Occident, veo que sí).
Un año no es más que la revolución de la Tierra alrededor del Sol. Podríamos contar la edad en estaciones o en lunas. Tenemos por suerte todas estas convenciones comunes que nos permiten contar y entendernos.
https://es.wikipedia.org/wiki/Matusal%C3%A9n
https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Personas_verificadas_...
https://fr.wikipedia.org/wiki/Henriette_Walter
22:28 Anotado en Elucubraciones, Recuerdos | Permalink | Comentarios (2)

