Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

miércoles, 19 agosto 2026

Sófocles

NV-IMP1031.jpegEste es quizás el texto más antiguo que tengo en mi biblioteca. Son tres tragedias de Sófocles escritas hace más de 24 siglos puesto que el autor murió hacia el 406 a. C. La edición que tengo es de 1969. Las leí hace más de 54 años en secundaria. Seguro que me impactaron en esa época, pero había olvidado los detalles y quería ver si ahora las sentía de otra manera.

Fue mi lectura principal de este verano, aunque con interrupciones por estar reunido con la familia, hijos y nietos. Las noticias sobre Trump bombardeando a Irán y amenazando a quien le llevara la contraria resonaron con las decisiones de Creonte y Edipo.

Ahora admiro mucho más a Sófocles por la fuerza de sus obras y por transmitirnos la forma de pensar de los antiguos griegos, anterior al cristianismo. Por supuesto que me siento mucho más adaptado a la vida moderna que a esos tiempos tan antiguos. Sin embargo, no hemos evolucionado tanto.

Desde que dos personas se encuentran hay un conflicto latente. ¿Qué decir de la reunión de los millones de humanos que poblamos el planeta? ¿Somos la suma de nuestros egoísmos? ¿Es el más altruista del planeta en realidad el menos egoísta de todos?

Con qué facilidad, en estas tragedias, los reyes deciden sobre la vida y la muerte de sus súbditos. Los tiranos no han desaparecido. Antígona es víctima de Creonte y es la mujer que se opone a su prohibición de enterrar a su hermano Polinices; este había muerto luchando contra Tebas, enfrentado a su hermano Etéocles que también murió, pero sí recibió honores y sepultura por defender Tebas. Como si dos hermanos en Colombia se enfrentaran a muerte, el uno en el ejército oficial y el otro en la guerrilla, cosas que han sucedido en la realidad. Ismene, la otra hermana, no se atreve a desobedecer al rey de Tebas a pesar de que considera que la decisión no es justa. Los cuatro son hijos de Edipo y de Yocasta, fruto de un incesto.

Las mujeres hablan y se oponen a los hombres, pero son consideradas inferiores. Antígona es la más valiente y libre. Edipo habla de sus hijas y pide a Creonte que las proteja. Por sus hijos no se preocupa, pues confía en que como varones van a salir adelante.

Me volvió a impresionar el papel del destino en ese mundo antiguo. ¿Cómo vivir tranquilos si la suerte ya está echada? ¿Qué son esos dioses que deciden vengarse de los hombres por ofensas que ellos consideraban intolerables? ¡Qué sentencia tan dura la que lanzan sobre Layo que ha de morir de manos de su hijo Edipo y este ha de tener hijos con su madre sin manera de escapar a su infortunio!

En Áyax también aparece la furia de los dioses. Atenea lo extravía después de que él se siente agraviado por no recibir las armas de Aquiles. Áyax termina deshonorado ante su propio pueblo y prefiere el suicidio a enfrentar sus errores.

La relación con el destino y con los dioses me recordó a los futbolistas que se persignan antes de un partido o agradecen a Dios al meter un gol. Los griegos antiguos estaban mucho más cerca de la naturaleza y sus caprichos que nosotros. Un griego podría pensar que el cambio climático es un castigo divino por no haber respetado el planeta.

Otro personaje perturbador es el adivino Tiresias, así como los oráculos que predicen el futuro. Seguimos como ellos, queriendo saber lo que pasará mañana. Todavía hay gobernantes que consultan pitonisas antes de tomar decisiones. Todavía hay falsos videntes que se aprovechan de la credulidad de sus clientes.

Recordé una clase de historia de la cultura griega que tomé en la Universidad por allá en los años 70. El profesor, cuyo nombre no recuerdo, era excelente; siempre muy elegante con camisa de cuello tortuga y vestido formal de chaqueta y pantalón del mismo color. La hora de clase pasaba volando mientras uno tomaba apuntes. Hablaba por ejemplo del coro en el teatro griego y de los zapatos especiales, llamados coturnos, que llevaban los actores para parecer más altos.

¿Y Sófocles en todo esto? Un famoso escritor que ha atravesado la historia como si fuera inmortal. ¿De dónde sacó esos dramas? ¿Los inventó o simplemente los extrajo de la tradición popular? De todas formas, es mucha la imaginación que tuvo para armar unas tramas tan especiales.

Los griegos no iban al teatro para sorprenderse, pues conocían el desenlace de esas obras. Era como hoy ir a un concierto. Tenían una mentalidad muy particular. Sin embargo, somos los descendientes de ese mundo y gracias a los escritos de los griegos, entendemos mejor el mundo actual y su evolución desde tiempos inmemoriales.

jueves, 02 abril 2026

Viaje de ensueño

NV-IMP1052.jpgFui a visitar a María a Praga, mientras Luisa estaba trabajando lejos de casa, en otra ciudad, por varias semanas. Por supuesto, Luisa creía que yo estaba en Ginebra. (Otro cuento de infidelidades, debe de pensar el lector.) María y yo decidimos darle una sorpresa a Luisa llegando sin avisar adonde ella estaba, en la Costa Azul. (Otro cuento de parejas libertinas, debe de pensar el lector.) Cuando nos vio llegar a las dos, no lo podía creer. Estaríamos juntas todo el fin de semana largo de Semana Santa y solo entre amigas. (No me lo imaginaba, debe de pensar sorprendido el lector.)

El anterior es un microrrelato de un taller de escritura creativa al que yo asistía en sueños. Había gente conocida, pero en un lugar nuevo que no reconocí. Es quizás la primera vez que recuerdo que sueño escribiendo un cuento de ficción tan realista. Por suerte cuando me desperté, no lo olvidé como tantos otros sueños que se desvanecen rápido.

Después estuve pensando si el microrrelato era en francés o español y si sería más fácil ocultar el hecho de que los tres personajes son mujeres en un idioma o en otro. De cualquier manera, lo he reconstituido y reescrito de memoria. No podía ser de otra forma, pues no se toman apuntes cuando uno duerme.

Ahora me pregunto qué pensará el lector de estas líneas. Curioso sueño y curiosa realidad.

martes, 17 marzo 2026

Ser abuelo (o abuela)

NV-IMP1030.jpegEs una dicha ver crecer a mis dos nietos y poder jugar con ellos cuando vienen de vacaciones. Nos sacan de la rutina diaria para verlos disfrutar de la vida maravillosa de la niñez que aprende y descubre acompañada de la adultez que guía y cuida, desde la vejez que ve y entiende el camino recorrido y lo que queda por andar.

Simaya cumplirá dos años en mayo y es vivísima. Tiene una gran curiosidad. Quiere repetir todo lo que oye o le llama la atención, ya sea en francés o español. Hay palabras que pronuncia sin ningún problema: no, tango, tulipán, música, abuela, tucán, œuf à la coque, tyrolienne, … Otras que deforma a pesar de su esfuerzo: falmico (por flamenco), pipinguo (por pingüino), culi (por curí), … A veces levanta su índice muy cerca de su cara, toma aire con impulso para sorprendernos armando frases completas en presente o pasado.

En general se hace entender muy bien por gestos. Lo toma a uno de la mano y lo lleva a algún lugar que le interesa, lo hace a uno levantarse empujándolo del muslo, le trae a uno un libro para que se lo lea, le mueve a uno la cabeza con sus manecitas para que mire en alguna dirección.

Le gusta repetir rutinas. Quiere por ejemplo que le muestre y explique todos los cuadros de la casa, las fotografías, las decoraciones, los personajes de algún bordado. Quiere que le cantemos las mismas canciones infantiles, pero es ella quien escoge: ¿El pájaro carpintero, Arroz con leche, Los pollitos, La pájara pinta…?, no, no, no, hasta que dice ¡sí!

Le encanta recoger flores y entregárselas a la abuela. Cuando le pregunto ¿dónde está Simaya?, se señala a ella misma, ¿dónde está el abuelo?, me señala a mí, pero cuando me llama, soy abuela. Es decir: tiene dos abuelas maternas. ¡Je, je! Habla de ella en tercera persona: Simaya hizo esto o aquello. Hace unos meses se refería a su mamá por Ta maman, seguramente porque le preguntan por su mamá o le dicen que su mamá llegó.

Le encanta esconderse en una cortina de velo y que le digamos que no la vemos. Quiere prender y apagar luces. Todavía no se sabe si es diestra o zurda, ya que come o dibuja con una u otra mano. A veces avisa cuando quiere hacer pipí o caca en la tasa del inodoro mirando libros o revistas. Abre puertas y cajones de ciertos muebles que están a su altura y por eso debemos estar muy pendientes para que no vaya a sacar nada peligroso para su edad.

Quiere y puede subir las escaleras sola, pero hay que ayudarla para bajar. Está pendiente de las sirenas de los bomberos, ambulancias o policía. Quisiera que sonaran a su voluntad. Le gusta oír tocar las campanas.  Cuando nos ve que nos vamos a poner los zapatos para salir, sale corriendo a llevarnos un calzador.

A pesar de la diferencia de edad, León ya tiene 9 años y medio, los dos nietos juegan a veces juntos. El grande le lee cuentos o la carga en los juegos infantiles o la acompaña en los juegos del parque o la empuja en su cochecito. León cantaba Ne me quitte pas de Jaques Brel y ella repetía Ne me quitte pas! A veces pareciera que tuviera celos de su prima, pues no se le atiende tanto como antes, pero siempre está contento con ella. Dice que ella pone mucho ambiente y le hace falta si no está.

León lee mucho, pero tiene mucha energía que le impide estar sentado tranquilo mucho tiempo. Quiere que juguemos con él pimpón o bádminton (o gallito como le decíamos en Colombia). Toca piano cada vez mejor, a pesar de que su profesor de música no es muy motivante para su gusto. Ahora sabe trucos de magia con naipes para adivinar las cartas que uno escoja (le enseñé uno más que aprendí de niño y que por suerte todavía recordaba). Le gusta esquiar en la nieve y lo hace bien, pues comenzó muy pequeño. Es muy competitivo. Le gusta jugar con Duolingo ejercicios de música, matemáticas o español y sobre todo ser el primero. Quisiera que compráramos un perro, pero nos negamos por vivir en un apartamento y viajar mucho. ¡Sería un lío!

Tener nietos nos recuerda cuando nuestros hijos eran pequeños y cuando nosotros mismos éramos niños. Nos recuerdan a nuestros padres, hermanos, primos, abuelos y demás familiares. Nos hacen ser conscientes de cómo el mundo ha cambiado de rápido en este último medio siglo. Pensamos en el futuro que vivirán los niños de hoy y, a pesar de nuestros temores, dudas e incertidumbres, les deseamos y esperamos que vivan en un mundo mejor que el que nos tocó.