domingo, 22 enero 2012
¿Cuándo me besarás?
Anoche el teatro de Ferney estaba lleno de espectadores. Es pequeño pero tenía dos filas adicionales de butacas. El calor de los cuerpos se sumaba a la calefacción. Muchos estuvimos en camisa con nuestros sacos y abrigos sobre las piernas. Un espectáculo que deja huellas en la mente con sus imágenes poéticas, musicales y pictóricas. Me quedó resonando el poema que dice: «Amigo, si el canario no canta, no le eches la culpa a nadie más que a ti. Amigo, si el canario no canta, canta tú por él... Canta».
Quizás se pueda clasificar en lo que ahora llaman en Francia performance, pues un pintor acompaña el ritmo del espectáculo con sus dibujos que va formando con rodillos burdos y que se superponen por capas efímeras. Los tres músicos tocan y cantan. Un acordeón, una guitarra, un banjo, un piano, percusiones, xilófonos van arrullándolo a uno o haciéndonos bailar en nuestros puestos.
Los poemas de Darwich traducidos al francés hablan de ocupación, de violencia, de destierro, de sufrimiento, pero también de amor y de esperanza. A veces se oyen palabras en árabe, pero no muchas. Rápidamente uno traspira con los actores y se mete en la pieza y en el ambiente vivido por ese niño palestino hace años y que otros niños viven hoy en el mundo. Niños que se convierten en adultos demasiado pronto.
Me gustó la pieza. A la salida vendían un disco del espectáculo y un libro bilingüe francés-árabe del poeta. Compré el libro.
Quand m'embrasseras-tu ?
Une pièce de la compagnie Brozzoni avec Georges Baux, Claude Gomez, Abdelwaheb Sefsaf et Thierry Xavier.
La compagnie met en musique les poèmes de Mahmoud Darwich. Les acteurs vont chanter et dire les poèmes de Darwich, ses textes, la beauté de sa langue, en français mais aussi en arabe.
Ce sera une sorte de concert, mélangeant musique d'inspiration orientale, rock, électro.
Un spectacle d'émotions, de sentiments. Un cabaret du plaisir où l'on chante la beauté du monde, l'amour des autres et l'amour des hommes entre les hommes.
Un chemin de vie qui s'oppose au cynisme ambiant, au morbide et au désespoir.
Choisir Darwich, c'est donner voix à la parole d'un poète qui a continué, malgré l'horreur et le désespoir qu'il a vu et vécu, de chanter la terre, sa beauté et par-dessus tout à évoquer l'amour.
Le choix du poète palestinien Darwich n'est pas fait pour prendre une position politique sur un conflit qui hante les jours et les nuits de la planète, mais parce que la maladie de la Palestine est le symbole d'un mal universel. Elle est violente car elle vient de peurs ancestrales. Seule manière de la combattre, c'est d'exprimer les sentiments enfermés en nous, ceux que nous cachons par pudeur, par honte, ou même par éducation. L'émotion, le plaisir, la joie, l'amour, la fraternité, la beauté. Comment ? Par le chant, la musique, la parole, la voix, la lumière.
Les vendredi 20 et samedi 21 janvier à 20 h 30 à la Comédie de Ferney-Voltaire. Tarifs : 15/10
09:19 Anotado en Teatro | Permalink | Comentarios (0) | Tags: poesía, mahmud darwich, palestino
sábado, 14 enero 2012
El hilo de la vida
Anoche vi un documental sobre Boris Vian, ese famoso francés polivalente que fue músico, poeta, escritor, cantautor, pintor, ingeniero, periodista, traductor, anarquista y un poco loco, que me permitió conocer un panorama completo de su vida. Lo conocía muy superficialmente por sus libros y canciones que curiosamente tuvieron más éxito después de muerto pues en vida fue muy criticado e incomprendido. Los jóvenes de los años 60 y 70 lo sacaron del olvido. Ahora entiendo mejor su novela famosa L’écume des jours (La espuma de los días). Me dejó pensando en lo efímero de la existencia y lo ilusorio del éxito.
Desde joven sufrió una enfermedad del corazón que no se operaba en esa época y que le fue fatal. Murió en un cine viendo una película basada en uno de sus libros escrito bajo seudónimo y que había sido escandaloso. Él no estaba de acuerdo con el director pero no pudo evitar que lo realizara. Se puede uno imaginar la emoción con la que vio esa película y que le produjo la muerte a treinta y nueve años por culpa de su débil corazón.
Nació en una familia adinerada pero que tras la crisis de los años treinta perdió todo el dinero y tuvo que luchar para subsistir. Me impresionó ver cómo quería reconocimiento pero no lo logró en vida a pesar de frecuentar el círculo de intelectuales y artistas más famosos de su época.
En este comienzo de año han sucedido muertes y enfermedades en mi círculo cercano familiar y amistoso que suenan como una alarma de incendio o como un reloj que indica que el tiempo pasa, que estamos en fila esperando nuestro turno y que nos distraemos para no pensar en ello. Me da vértigo pensar en las generaciones que se siguen unas a otras, recordar que ayer estaba ocupándome de mis hijos pequeños rodeado de amigos y familiares en la misma tarea, hoy mis hijos están empezando a construir sus nidos y mi generación se ocupa de sus padres enfermos, mañana entraré al mundo de los abuelos dónde nos tocará depender mucho más de los demás y no poder ayudar tanto a los más jóvenes. Veo gente más joven con niños que crecen como champiñones, pero también he conocido últimamente gente muy mayor que aprovecha de la vida gracias a la buena salud y longevidad. Da gusto observar la humanidad que hierbe como una sopa en un caldero.
El ciclo de regeneración humano continúa como el agua cae de las nubes, corre por los ríos y regresa al mar para evaporarse y empezar de nuevo otro viaje. Lo malo es que casi siempre ando tan ocupado en el trabajo y fuera de él que no me doy cuenta del tiempo que pasa cada vez más rápido. Seguramente me repito escribiendo esto, que también debe de formar parte de este ciclo vital terco y absurdo, de este hilo que se puede romper de un momento a otro, de esta cuerda floja por las que vamos caminando y de la que nos podemos caer ya mismo.
22:21 Anotado en Elucubraciones | Permalink | Comentarios (5)
domingo, 08 enero 2012
Randulfo, con erre de raro
El siquiatra y el abogado se encontraron en el pasillo de la cárcel. Uno acababa de ver al acusado y el otro iba a visitarlo. Tenían que ponerse de acuerdo en la línea de defensa para el juicio. Randulfo era un cliente difícil de entender, pero no por eso iban a dejarlo sin ayuda.
Desde niño había vivido en un monasterio colgado de la montaña cerca de un pueblito olvidado en la selva. Bajaba al pueblo a vender la producción de frutas y verduras del vergel y huerto monásticos. Las malas lenguas decían que era hijo de los monjes. Era el único intermediario entre los ascetas ermitaños y los comerciantes terrenales pero casi nunca salía de allí donde no llegaba ni radio, ni televisión, ni prensa, ni electricidad. Randulfo no había aprendido a leer y si lo hizo alguna vez, ya se le había olvidado. Vivían como en un paraíso primitivo, en paz consigo mismos, en armonía con el medio ambiente.
Todo cambió desde que un vendedor ambulante perdido en la selva tropical llegó al monasterio por equivocación. Simpatizaron pues le contó maravillas del mundo civilizado. Después de vender a Randulfo la mercancía que llevaba, incluyendo un revólver con sus municiones, se fue, así como llegó, dejándole la mente cargada de sueños. Ahora quería ver si lo que le había contado era cierto, en especial lo de un tal cinematógrafo.
Al poco tiempo, lleno de emoción y nervios, decidió que era hora de ir a conocer la gran ciudad que quedaba a varios días de camino en mula. El trayecto fue largo y agotador. Al llegar por fin al destino preguntó por la sala de cine. Por primera vez en su vida vería una película. Fue una de la India que lo atrapó de inmediato en cuerpo y alma. Se sintió identificado con el bueno que peleaba contra los bandidos por el amor de una hermosa mujer. Los bailes y cantos lo hipnotizaron. Se sintió viajando por el mundo.
Salió contento porque el malo había muerto y la pareja iba a vivir feliz hasta la muerte. Vio que de inmediato pasarían otra película de las mismas. Compró una boleta y se metió de nuevo a la sala oscura. Lo que no le gustó fue ver otra vez al malo que habían matado en la primera película actuando como si nada y haciendo de las suyas. Se levantó enfurecido, sacó la pistola y empezó a disparar a la pantalla para matar por fin al malvado que había resucitado o se había salvado milagrosamente del primer filme.
Los pocos espectadores que estaban en sus butacas reaccionaron de maneras distintas. Unos se tiraron al suelo, otros ni se mosquearon creyendo que eran los disparos de la película y unos pocos más avispados se lanzaron a desarmar al loco espectador. De los tiroteos resultaron dos heridos y un muerto.
«Con mucho trabajo aprendí en mi casa a no decir mentiras, gracias a las muchas palizas que me dieron mis padres, los muchos coscorrones que me pegaron los maestros y los tirones de oreja que me aplicaron los curas. Así le cortaron las alas a mi imaginación y pude vivir tranquilo mucho tiempo», explicó con parsimonia al abogado y al siquiatra Randulfo que ahora se declaraba enemigo del cine y sus embustes y amenazaba con ir a matar al proyeccionista y al dueño de la sala.
08:00 Anotado en Juego de escritura | Permalink | Comentarios (1) | Tags: ficción, cine, realidad