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domingo, 27 enero 2013

Chants du levant, chants du couchant

NV-IMP835.JPGEstuvo agradable este espectáculo de canto, poesía y un poco de actuación. Fue una sucesión de canciones bien enganchadas con poesía y actuación sobre textos de conocidos autores franceses y algún italiano. Es un dúo de sesentones. El cantante Mathieur Chardet tiene buena voz; su prestación me recordó un poco a Yves Montand quizás por las canciones, la forma de cantar y un poco en los gestos. Los arreglos musicales para clarinete, guitarra y piano fueron compuestos por Ayser Vançin que participa en el espectáculo como acompañante. En el pequeño teatro, los sesenta y pico espectadores estábamos muy cerca del escenario. El frío exterior del invierno se prestaba para estar ahí adentro muy calientitos. El tiempo pasó volando mientras nos olvidábamos de todo el resto del mundo. Los buenos poetas y actores tienen ese arte de hacernos ver las cosas con otros ojos mostrándonos una perspectiva diferente y así dejar volar la imaginación.

Chants du levant, chants du couchant
Un spectacle récital par le duo Mathieu Chardet - Ayser Vançin
Le 26 janvier à 20h30, le 27 à 17h00
Prix des places: 15 € tarif réduit: 10 €

L’homme chante parfois pour s’élever, d’autres fois pour plonger au fond de lui-même, le plus souvent sans savoir pourquoi. Dans tous les cas il y met son cœur et son âme.

De l’aube argentée d’un matin transparent, au crépuscule cuivré d’un ciel tourmenté, en traversant toutes les teintes de nos passions, nos peines et nos espoirs, ce récital de chansons françaises coule comme un torrent limpide déferlant du haut des monts escarpés jusqu’au creux de la plaine où s’étendent les vastes champs fleuris ou les saules pleureurs penchés sur ses berges.

Les airs aux parfums subtils d'Orient et d’Occident, à la fois évocateurs et provoquants, nous offrent une lecture originale des textes de Louis Aragon, Nâzim Hikmet, Francis Carco, Paul Verlaine, Charles Cros, Luciano Molin, Andrée Chédid, Laurent Collet, Karen Sadek, Boris Vian, Robert Desnos, Giuseppe Ungaretti, Jacques Prévert, mis en musique par Ayser Vançin.

Compagnie Thalie, La Comédie de Ferney 33 Grand'rue - 01210 Ferney-Voltaire

sábado, 29 diciembre 2012

Slava’s Snowshow

IMAG0161a.jpgQué bueno lo pasamos en este espectáculo de circo. Había visto algunas escenas en televisión. Cuando leí en el periódico que estaba en Ginebra esta semana, no dudé un segundo en asistir. Slava, el payaso ruso, es muy original. Es un mimo amarillo que rodeado de otros personajes verdes van lentamente pasando de escenas tristes a otras alegres y locas haciendo participar el público. Tiene uno que luchar con una tela de araña gigante, tormentas de nieve y balones multicolores gigantes. Los mismos payasos terminan metiéndose entre el público trepando por las butacas. Nos tocó escapar de uno que venía bajo un paraguas abierto del que caía agua. A veces parecía un ballet surrealista o una danza contemporánea. Lo aconsejo.

Slava’s Snowshow
Avis de tempête sur la scène du Théâtre du Léman, avec l'arrivée d'un spectacle hors norme, mêlant mime, arts visuels, musique, effets spéciaux et, bien sûr, art clownesque. Le Russe Slava Polunin prend en effet appui sur cette discipline exigeante – l'art du clown –, souvent réduite à celle d'amuseur (drôle ou triste), pour lui donner un souffle, une amplitude rarement égalés. Après plus de 4000 représentations dans le monde, il investit les bords du Léman. Plutôt qu'une histoire avec une trame classique, c'est une succession de tableaux qui défilent sous les yeux, puisant aux sources des rêveries et des peurs enfantines. Bulles de savon, ballons géants, rafales de vent et tempête de neige, les trouvailles ne manquent pas pour inciter les spectateurs à entrer dans la danse...

Théâtre du Léman,
quai du Mont-Blanc 19
1201 Genève
www.theatreduleman.com
http://www.slavasnowshow.com/index.html

17:34 Anotado en Espectáculos | Permalink | Comentarios (1) | Tags: payasos, circo, mimos

jueves, 20 diciembre 2012

Palenque o… parece que me estoy volviendo viejo

NV-IMP828.JPGDesde hacía varias semanas tenía previsto participar a un torneo de ajedrez de partidas rápidas. Por eso no le había puesto cuidado a otras actividades interesantes para el viernes 14 por la noche. Como el torneo se pospuso, de repente tenía el viernes libre. Seguramente hubiera estado tranquilo y desprogramado en casa.

Cuando llegó el mensaje electrónico de Rosalía proponiendo un concierto de Palenque, una banda papayera colombiana con nombre de pueblo, me pareció estupendo. Abrí el enlace para ver la página web del anuncio. Estaba la foto de un músico con sombrero vueltiao, leí el título que decía Atelier d’ethnomusicologie y de inmediato visualicé el lugar detrás de la estación de tren Cornavin.

Coni me dijo que no tenía nada previsto para esa noche. Aceptamos la invitación. Propuse que comiéramos en el restaurante español Aux cheminots, que es bueno y queda a cincuenta metros del lugar. Nos dimos cita a las ocho de la noche. El concierto comenzaba a las nueve y media.

Llegamos con tiempo para buscar estacionamiento en la calle. Conociendo el sector, sabía que era difícil. Después de un par de vueltas a la manzana, terminamos dejándolo en el estacionamiento del correo de Montbrillant.

Nos habían reservado una mesa redonda para cuatro cerca de la ventana. El dueño es un gallego que nos reconoció aunque no vayamos muy a menudo. La mesera tenía acento peruano. Me di cuenta de que había olvidado mi celular en casa. El de Coni no tenía red. Nuestros amigos no llegaban y el tiempo corría. Por fin nos entró una llamada diciendo que estaban en un embotellamiento, que empezáramos a comer.

La merluza y los calamares llegaron cuando Rosalía y Antonio aparecían pues además del embotellamiento se perdieron buscando el restaurante. Por esperar el postre y el café nos pasamos de diez minutos de la hora indicada, pero supusimos que siendo músicos colombianos no tendrían puntualidad suiza.

En una mesa cercana había una pareja hablando francés; al fondo, ocho comensales hablaban español con acentos variados. Antonio sospechó que fueran los músicos, pero aunque había colombianos, no eran de la fanfarria costeña colombiana.

Caminamos bajo la lluvia hasta la puerta del 10 de la Rue Montrbillant. Estaba cerrada y no se oía ningún ruido. Buscamos en Internet con el teléfono para confirmar la dirección, la fecha y hora. No parecía que estuviéramos equivocados. Ya salíamos del lugar pensando que había sido anulado, cuando una pareja llegó buscando el mismo concierto. Dijeron que la dirección era esa, pero que quizás el lugar sería en la Rue des Alpes en el AMR, una asociación para música improvisada.

No quedaba lejos. Nos fuimos a pie. Atravesamos por dentro la estación de tren para no mojarnos. A eso de las diez y cuarto estábamos entrando al concierto. Los decibeles subieron inmediatamente en nuestros tímpanos. Pagamos un precio reducido por haber llegado tarde.

De la oscuridad surgieron caras conocidas. Guillermo nos contó que su hijo ya tenía tres años. Estaba con una nueva novia. Tara, Bianca y Ana María nos saludaron bailando muy animadamente. Había tanta gente que nos preguntamos si el piso del edificio iba a aguantar tanto brinco y peso. Supusimos que sí y seguimos en lo nuestro.

El grupo Palenque tocaba al fondo de la sala con mucho entusiasmo, pero a nivel del piso, sin tarima. Como el público estaba de pie, solo se veían los sombreros vueltiaos de los músicos.

¡Eso no era un concierto normal sino una fiesta tropical animadísima! No había dónde sentarse y menos dónde dejar abrigos ni carteras. Los pusimos en cualquier lado sin quitarles el ojo y empezamos a bailar. El único que porfiaba en cargar sus cosas era Antonio.

De la sombra salió otra cara conocida. Era Elena que nos esperaba adelante pero que decidió venir cerca de la entrada para estar con nosotros. De todas formas, donde estaba no se veía nada.

Por suerte una mesa de las más alejadas del escenario se desocupó. Ahí nos instalamos. Llegó la pausa musical, encendieron las luces y casi todos se fueron al bar a comprar bebidas. Intenté acercarme, pero la cola no avanzaba. Mejor esperar a que volvieran a tocar para comprar lo nuestro. Charlando pasó el tiempo.

El concierto volvió a empezar y yo me fui a comprar de beber. Hubo cola pero menos que antes. Volví a la mesa con una botella de vino Gamay de la región y cinco copas.

De nuevo a bailar con ganas. Antonio estaba que se caía del sueño pues había pasado dos horas por la mañana apaleando nieve para poder salir a trabajar. El día había sido largo.

Se notaba quiénes eran latinoamericanos o asimilados y quién no; los unos porque bailaban con mucho ritmo, los otros porque o estaban sentados o bailaban sin seguir la música. Al menos se divertían.

Cada uno de nosotros, por turnos, se abrió paso hasta llegar cerca del escenario para sentir el ambiente viendo a los músicos y cantantes en vivo. ¡Qué calor y qué bailoteo! Tocaban muy bien. No había forma de quedarse quieto.

Reconocí a un amigo cineasta que bailaba junto al escenario como si estuviera en trance; no me vio. Volví a la mesa y me senté a degustar el vino tinto. Todos bailaban como locos. A duras penas nos oíamos, pues el volumen del sonido estaba muy alto.

Cuando los músicos anunciaron que iban a terminar y empezaron a nombrar a los integrantes del grupo, la gente pidió un bis.

Sin mucha resistencia empezaron a tocar el bis que fue larguísimo. No sé cómo tuvieron energía para tocar tanto tiempo. Yo ya estaba cansado.

Creo que para ir a esas fiestas uno tiene que haber dormido una siesta muy larga y si se puede, tener menos años de edad. Los jóvenes parece que no se cansan. Esa noche nos acostamos muy tarde y dormimos como piedras. Nada que ver con el concierto de Navidad del domingo anterior con obras de Ravel, Debussy, Duruflé y Saint-Saëns, pero ese es otro cuento.