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miércoles, 19 agosto 2009

Eloísa está debajo de un almendro

NV-IMP484.jpgAcabo de leer este libro del español Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) que fue un escritor y dramaturgo muy original para su época pues cambió los parámetros de la comedia teatral introduciendo lo inverosímil e ilógico de una manera más intelectual. Lo hace a uno pensar en Ionesco (1909-1994).
Son dos familias muy excéntricas por no decir locas de amarrar. Son dos familias adineradas que pagan muy bien a sus criados que a pesar de todo, especialmente en casa de Mariana, terminan yéndose al no aguantar tanta locura por miedo de volverse locos. En ellas dos jóvenes, Mariana y Fernando, están enamorados pero de manera extraña. Ella se siente bien cuando él se presenta como un ser misterioso y oscuro que la mira con ojos raros como de asesino, pero cuando lo ve como un ser común y corriente no quiere saber nada y lo rechaza.
Me parece difícil escribir teatro cómico imaginando las risas de los espectadores, pues sin risas sería un fracaso. Yo me reí solo leyendo esta obra que creo que vi hace muchos años en la televisión colombiana pues al leerla me pareció muy familiar. No sé. A menos que me pase como a Mariana y su hermana que reconocen la casa de Fernando que supuestamente visitan por primera vez en sus vidas.
Eloisa.jpgLa obra fue estrenada en 1940 en Madrid y fue llevada al cine en 1943. Jardiel Poncela también escribió guiones de cine, cuentos y poemas. En el blog que le dedican sus nietos hay mucha información incluyendo dibujos del autor como el que ilustra la pieza de teatro que pongo aquí al lado.
http://jardielponcela.blogspot.com/
http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Jardiel_Poncela

sábado, 01 agosto 2009

La semilla

LaSemillaBesada.jpgTerminé la lectura del segundo tomo del libro de Jorge Besada, un cubano, jubilado de mi trabajo y amigo del mundo ginebrino del ajedrez. El primer tomo trata de la historia de la isla desde la independencia de España hasta la toma del poder por Castro. El segundo de la época que va de 1959 a nuestros días.
Me ha gustado leer el punto de vista de este hombre que ha tenido una vida tan particular. Se graduó de abogado, aprendió idiomas y los enseñó, para poder estar tranquilo en Cuba, estudió ingeniería eléctrica especializándose en telecomunicaciones. Le había creído al régimen que a los técnicos no los molestarían pues eran importantes para el país, mientras que con su carrera de abogado hubiera tenido que renunciar a sus ideas pues el sistema comunista no aceptaba oposición. A pesar de todo no pudo soportar la situación que lo estaba enloqueciendo y logró salir del país, vivió en Alemania donde trabajó como traductor y luego en Ginebra en el mismo oficio.
Explica muy bien lo sucedido en su país desde su punto de vista y pone en evidencia las contradicciones del régimen dictatorial. Como fue amigo de los Castro por ser de la misma generación y haber estudiado juntos, incluye anécdotas personales que le dan un toque especial a la narración. Al mismo tiempo cuenta su vida y la de su familia y amigos.
No me sorprende que termine pidiendo que EE. UU. invada a Cuba para liberarla de la dictadura castrista. Es en realidad una injusticia para los cubanos que se hayan sacrificado tanto durante tanto tiempo y no poder mejorar su situación. Hoy se encuentran casi en el mismo punto de partida abriéndoles las puertas a inversionistas extranjeros, a turistas inescrupulosos que aprovechan de la juventud cubana prostituyéndola por un puñado de dólares. Es lamentable.
Viendo las cosas desde lejos, uno puede entender que el comunismo pareciera una solución a los problemas de la sociedad capitalista. Hoy sabemos que el ser humano no es un ángel y esas utopías no tienen cabida en la realidad. Sin embargo, la pobreza extrema, la explotación del mundo por los ricos y poderosos tiene que tener un límite pues si no, vamos a terminar con este planeta en un cataclismo universal. No es justo que la gente no tenga oportunidades, que solo los que pertenecen a ciertas familias y a cierto medio puedan salir adelante. Mi utopía es un mundo sin guerras, sin pobreza, sin hambre, pero con diferencias y variedad ya que no somos iguales. Que unos triunfen y otros no, me parece natural. Que unos se aprovechen de los demás para explotarlos o que en la indiferencia total unos se enriquezcan a expensas del desprecio de los débiles, no me parece justo. Un sistema que evite los extremos sería lo ideal.
Un amigo me contaba (quizás ya lo escribí en el blog) que en una isla del Pacífico hubo un sistema de gobierno que cuando alguien se enriquecía en demasía, la sociedad le quitaba todos los bienes para que comenzara desde cero. Es que los ricos que nunca están satisfechos se parecen a los que siguen comiendo de gula cuando ya no pueden más. Deberían tener como castigo natural una buena indigestión económica.
http://besada.com/