04/11/09

Cómo comer un banano

NV-IMP545.jpgEl banano fue mi fruta preferida de niño, quizás por su facilidad en comerlo, quizás por lo dulce y por las variedades que había. Sigue siendo una fruta que me gusta pero menos que antes; ahora según la estación prefiero una mandarina, un albaricoque, una manzana o cerezas y claro, cuando voy a Colombia prefiero comer frutas que aquí no se consiguen como la curaba, al guama o la pomarrosa.

Si la variedad de banano era la llamada bocadillo, esos muchos más pequeños como miniatura, lo que hacía era comérmelo como una puré haciéndolo salir por la punta como si fuera un tubo de crema dental o de leche condensada. En el colegio nos gustaba llenar de agua la cáscara vacía y ofrecérselo a otro niño fingiendo que estaba intacto y sorprenderlo espichándolo como una pera de caucho y lavándole la cara. Al cabo de un tiempo, nadie caía en la trampa.

Había otra variedad llamada banano manzano que tenía un sabor a manzana o el banano popocho que era más regordete. No recuerdo los nombre de tantas variedades.

A mí gustaba cuando compraban un gran racimo de bananos que se iba madurando y yo iba comiendo diariamente uno o dos, siempre los más maduros. La cáscara se iba poniendo amarilla y cuando ya tenía pecas era que estaba en su punto. Siempre había alguien que se comía el banano quitándole completamente la cáscara de una sola. A mí me gustaba salir de la casa para el colegio a eso de las dos y media de la tarde con un banano que iba pelando poco a poco e iba comiendo con gusto ya fuera solo o acompañado. Al cabo de unas dos cuadras ya era hora de tirar la cáscara vacía. Lo normal era ponerla en algún basurero callejero o en la cuneta, pero de pícaro a veces lo que hacía, si nadie me estaba viendo, era tirarla hacia atrás sin mirar donde caía imaginándome que alguien iba a pisarla y deslizarse. Me gané algunos regaños de algún adulto que me vio efectuando la pilatuna y afortunadamente dejé la costumbre.

Una vez mi abuelo viendo que el racimo de bananos se consumía demasiado rápido para su gusto me dijo que no me los comiera tan rápido. Entonces con mi mentalidad infantil decidí que no comería más bananos y durante varios días no toqué uno solo. El abuelo al darse cuenta que yo estaba sentido por su observación me dijo que comiera de nuevo, que se iban a dañar, que no lo tomara así. Es una anécdota que quedó en la familia. Los niños reaccionan muy raramente a veces, son muy susceptibles o demasiado consentidos.

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17/10/09

Juegos y juguetes

NV-IMP528.jpgUn cuarto de niño lleno de juguetes por todas partes es algo más bien común. Claro está, hablando de niños que pueden tener juguetes y cuarto, ya que los hay que desde pequeños tienen que trabajar y no pueden aprovechar de esos años felices de la infancia, sin preocupaciones. Algo que no que no me gustaba de pequeño era llegar y encontrar el cuarto ordenado por mi mamá cansada de ver tanto desorden. ¡Para mí no era desorden! Eran mundos fantásticos que no quería que desaparecieran de repente.

Con mis hijos, lo que intentamos fue enseñarlos a dejar el cuarto ordenado todas las noches antes de ir a dormir. A fuerza de insistir logramos que acomodaran todo sin dejar regueros. Mi hija sí que tenía problemas de orden con su escritorio. Al comenzar el año escolar me sentaba con ella para poner todo en un puesto y tirar a la basura lo que no servía, pero al cabo de unos meses todo estaba patas arriba.

Lo que pasa es que el orden es muy relativo. Donde una persona ve una pila de cosas clasificadas según criterios propios, otra ve solamente papeles amontonados en desorden. El problema se ha movido al mundo electrónico. Ahora el desorden está dentro del PC y mucha gente no encuentra los documentos ni las fotos que guardó sin fijarse mucho donde caían. La ventaja es que se pueden lanzar búsquedas en el disco duro que en general son suficientes para localizar la información. Lástima que no exista (todavía) la misma facilidad con los objetos tridimensionales que uno tiene en casa pero ya no se acuerda ni de que existen ni mucho menos de dónde están.

16/10/09

Glotón

NV-IMP527.jpgCon los años el gusto por el dulce se me ha ido acabando. De niño –como a todos los niños- me encantaban las golosinas. (Quizás ya lo mencioné en el blog antes.) Una vez me regalaron un paquete de dulces en una bolsa plástica en forma de bota de unos veinte centímetros de larga y unos diez de ancha. Me advirtieron de que no me los fuera a comer todos de una sola. Calculo que tenía como seis o siete años. Quizás también le regalaron un paquete igual a mis hermanos. Lo cierto es que me comí uno tras otro todos los bombones sin darme cuenta. Estaba jugando y comiendo. Lo que estaba previsto sucedió. Me enfermé del estómago y tuve que salir corriendo a trasbocar todo al inodoro. Evidentemente me regañaron y me dijeron: te lo advertimos pero como no haces caso…

Desde ese momento empecé a alejarme del dulce poco a poco. Ahora ya no le pongo azúcar al café ni al té. Casi no como nada de dulce entre las comidas. Prefiero el chocolate negro, las mermeladas naturales sin azúcar y muchas veces acabo la comida con el queso sin pasar al postre. Cómo cambian los gustos con el tiempo.

06/09/09

Vuelta a la escuela fantástica

NV-IMP495.jpgEduardito estaba súper contento de volver a la escuela; sus padres, menos que él. Estuvieron comprando la liste de útiles, la mochila, la ropa para el primer día, los libros y cuadernos y todo lo necesario. Pasaron una tarde entera marcando y forrando cada cosa. La víspera la casa estaba como electrizada con los nervios de todos. Eduardito llamó a sus amigos del año anterior para ver si estarían también temprano en la mañana con sus padres a la entrada de clase. Por fin todos lograron dormirse y la noche fue calma.
Despertarse a las siete de la mañana y no a las diez como en las vacaciones fue más difícil, pero tocaba volver a tomar el ritmo. La escuela quedaba a doscientos metros de la casa. Papá, mamá y Eduardito salieron cogidos de la mano hasta la escuela. Allá estaban todos: maestros, padres y niños. Los adultos se saludaron fría y tímidamente, los niños se abrazaron muy contentos de volver a verse. La campana sonó. Unos jóvenes recién salidos de la adolescencia abrieron las puertas. El menor de los jóvenes tenía un megáfono y empezó a leer el decreto que había sido aprobado por el ministerio para ese año escolar y los siguientes.
El señor ministro haciendo uso de todas sus atribuciones y facultades legales, considerando la situación económica mundial, las crisis bélicas que desangran las naciones hermanas, las luchas por el poder, el desempleo, el egoísmo crónico que mina nuestras sociedades, resuelve: que todos los adultos padres de los alumnos que estaban en las escuelas públicas del país deberán recibir una instrucción intensiva y especial para que vuelvan a recuperar la inocencia, la fantasía, la imaginación, el optimismo, la camaradería, el gusto por el juego y el buen humor. Mientras tanto los niños estarán exentos de clase durante este año y podrán quedarse en la escuela disfrutando de las instalaciones deportivas y lúdicas del establecimiento para que pasen el tiempo como si estuvieran de vacaciones. El estado garantizará a los padres que sus hijos serán bien tratados, cuidados y protegidos durante estos doce meses durante los cuales todos quedarán internos en los establecimientos y solo aquellos que hayan recuperado razonablemente su actitud positiva y pacífica podrán volver a sus trabajos dentro de un año. Los demás seguirán en clase hasta que se curen o terminarán encerrados para siempre.
Todos los niños gritaron de felicidad. Los padres lloraron inconsolables. La campana volvió a sonar y cada grupo entró en fila a sus respectivos patios. La escuela estaba vigilada por adolescentes en traje de policía armados con pistolas eléctricas para que nadie se fuera a escapar.

31/08/09

Cómo se borran los sueños

NV-IMP489.jpg«¿Qué estabas soñando?», me preguntó al abrir mis ojos. Vi su cara frente a la mía y medio atolondrado le conté lo que acaba de soñar que ahora evidentemente no recuerdo. Creo que yo tenía alrededor de seis años y mi hermana unos diez. No sé si me despertó a propósito o estaba ahí esperando a que yo me despertara. Debió de ser un día de fiesta o de vacaciones. No sé si fue ella o mi hermano quien me hizo caer en la cuenta de que si uno no se acordaba inmediatamente al despertar lo que había soñado, el sueño se perdía o se borraba de la mente como cuando uno borraba un tablero en la clase. La tiza dejaba una huella pero no era siempre fácil de leer lo que antes estaba escrito. Son recuerdos borrosos de la infancia mágica.
Siempre ha sido misterioso para mí ese mundo de los sueños. A veces me despertaba soñando con algo y me esforzaba para dormirme de nuevo y seguir con el mismo sueño, pero no siempre funcionaba. Funcionaba si era una pesadilla, pero en ese caso no quería seguir soñando lo mismo. Lo que también me impresionaba mucho era esas noches que parecían durar un segundo: cerraba los ojos y los abría de nuevo y habían pasado ocho horas de sueño sin darme cuenta y sin dejar recuerdos de lo soñado, seguramente debido a un gran cansancio. De pequeño también me chocaba dormirme en un lugar y despertarme en otro pues me habían cargado y empijamado mientras dormía. ¿Cómo se da un niño cuenta de que sueña, de qué es un sueño? ¿A partir de qué edad uno se acuerda de los sueños? ¿Cuál es el sueño más antiguo que uno puede recordar?

18:21 Anotado en Recuerdos | Permalink | Comentarios (1) | Email esto | Tags: sueños, infancia

10/08/09

El juego de siempre

NV-IMP477.jpgUn niño y un balón es una imagen que se puede dar en cualquier lugar del mundo y en cualquier época. Es el juego más fácil de organizar. Correr detrás del balón, quitárselo a los demás, driblar, escabullirse en medio de un grupo de niños que corren detrás de uno o que vienen delante a gran velocidad protegiendo su campo. Me parece mucho más interesante que estar jugando con un artilugio electrónico. En el terreno de fútbol se desarrolla el espíritu de camaradería y de competición, al mismo tiempo se mejora la agilidad, precisión y resistencia física.
No fui un buen jugador de fútbol ni un gran deportista, pero jugué en la calle frente a mi casa o en un campo abierto con otros niños y sentí la alegría de marcar un gol o contribuir a marcarlo con pases decisivos.
Mi hijo también jugó de niño pero en un equipo deportivo de esta región donde se ocupaban muy bien de enseñar correctamente el deporte según la edad de los críos. Nos hizo visitar la región los fines de semana cuando había campeonato. Pero así como le gustó y jugó varios años, un día decidió cambiar de deporte. Practico muchos: natación, gimnasia, fútbol, basquetbol, esquí, boxeo tailandés, rugby y alguno más. Le hacía falta gastar la energía pues era muy activo.
Yo fui un niño calmado. Prefería sentarme a dibujar o a leer o a inventar batallas con soldados de plástico o carreras de carros con modelos a escala. Corría jugando a escondite o la lleva, que era correr detrás de los demás para que tocando a otro fuera este a quien le tocara correr a su turno, o juegos de grupo pero menos complicados y exigentes que los deportes de verdad.
Hace poco vi en la televisión que a los niños japoneses les dan clases para aprender a sonreír, pues como se la pasan comunicando por teléfono celular, ya ni se ven las caras y no sonríen. ¡Cómo cambian las cosas!

18:16 Anotado en Ocio | Permalink | Comentarios (1) | Email esto | Tags: infancia, deportes, juegos