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domingo, 26 julio 2009

De Pablo a Salvador

NV-IMP469.jpg
(Respuesta a la carta encontrada en http://cartasfamosas.blogspot.com/search/label/Carta%20de...)

Salvador:
Me has escrito treinta cartas que no contestaré. Esta también se irá a la basura. Tuviste la osadía de ir inútilmente al Louvre después de verme a mí, siendo que tu inspiración has debido buscarla en la calle y en tus sueños. Te burlaste de mi comunismo, pero no pintaste nada parecido al Guérnica cuando tu amo y señor el Generalísimo hacía de las suyas con nuestra querida península. Tus provocaciones incesantes y tu extravagancia exuberante no lograron aniquilar tu pintura, ni la mía. Por más de que te quisieron quitar el título nobiliario de surrealista y te anagramaron Ávida Dollars, eres el más real surrealista de los pintores del siglo XX. Tus relojes blandos y tus paisajes catalanes de pianos y elefantes con pies de zancudo no pudieron quitarles la tercera dimensión a tus mamarrachos.
Mi cuarta dimensión es el plano de la tela del cuadro. Esto que estoy escribiendo y que nunca leerás no es una carta, es un juego literario. Nadie nos entenderá; no te preocupes. Faltan muchos años para que vuelvan a convivir dos personajes tan diferentes como tú y yo en el mismo siglo. Sin embargo no dejaré de ser tu amigo sin rencores fatuos. Con esto ya termino y te dejo descansar en tu Figueras o en tu Cadaqués o en tu Parnaso.
¡Sálvate solo!
Pablo

domingo, 19 julio 2009

A Quijano, Quijada, Quesada, Quijana o Quijote o como quiera apodarse

NV-IMP464.jpg(Respuesta a la carta encontrada en http://cartasfamosas.blogspot.com/search/label/Carta%20de...)
Mi muy querido Alonso, señor mío:
Vuestra carta alegrome y sorprendiome grandemente. Tengo que deciros cosas importantes: unas buenas y otras malas.
Empecemos por las buenas. Vuestro loco amor por mí no tiene duda. He soñado cosas raras con vuestra hidalguía como veros vestido de caballero armado de lanza, adarga de cuero y con escudero al lado embistiendo castillos en el aire. ¡Qué desaire! Vuestro compañero de fatigas, el buen Sancho Panza, me ha traído vuestra misiva muy puntual y me ha contado vuestras proezas y andanzas por La Mancha.
No debe vuestra merced leer más historias de otro tiempo. Dormid un poco pues vuestro espíritu desvaría en demasía. ¿Sabéis que en el Toboso no hay hombres de vuestra altura y valentía y que siempre he sido fiel a vuestra magra figura? ¡Perderé como vos la cordura, vuestro amor me tortura la cintura hasta la sepultura!
Ahora pasemos a las cosas malas, hombre insensato soñador de otro tiempo. Me habéis dejado con cinco chavales que no obedecen y quieren seguir el camino de vos, con deudas por doquier, somos el hazmerreír de la villa. Señor Quijano, ¿no es menester estar al lado de vuestra familia y ocuparse de nuestro bienestar en lugar de ir por el mundo tratando de cambiarlo y con ansias de volveros famoso universalmente con sin igual ceguera? ¿Creéis en serio que dentro de uno o varios siglos alguien recordará vuestra flacura de espíritu y vuestra locura de comportamiento? El mundo gira y gira, las carabelas van y vienes hasta la India por occidente, el sol no se oculta en el reino de nuestra madre España, los ricos son los ricos y poderosos deste mundo, los pobres siguen como siervos obedientes gozando de la merced y protección de sus bondadosos pero estrictos amos, los moros ya no están en nuestras tierras aunque el conocido Cervantes haya perdido una mano en esa lucha y dentro de poco exterminaremos a todos los que non sigan las órdenes de Roma? ¿Para qué seguir en esa búsqueda sin fin por otros lares? Si no regresáis de inmediato es decir cuando vuestro querido Sancho os entregue este pergamino, no encontraréis la puerta abierta de la casa y mi corazón dejará de latir por vos hasta la muerte.
Tuya hasta el fin deste mes.
Dulcinea

domingo, 12 julio 2009

Trabajo alimenticio

NV-IMP460.jpgLas dos jóvenes trabajaban en el mercado callejero dos veces por semana. Vendían frutas y legumbres durante el invierno para pagarse sus vacaciones de verano en el sur de España. Allá en la Costa del Sol habían conocido a unos gitanos muy guapos, pero lo malo es que se habían enamorado del mismo hombre. Se la pasaban hablando sin poner mucho cuidado de los clientes. Eso sí, los atendían y vendían, pero siempre en su mundo. ¡Ah! La juventud, la juventud despreocupada y soñadora. Todo el tiempo por delante.
«¡Naranjas! A mí no me lo vas a quitar. ¡Que se fijó en mí primero!», decía la una. «¡Qué guama! No sé cómo vamos a arreglarnos para seguir siendo amigas cuando yo consiga que sea mi novio y no el tuyo. ¡Qué guayabo que nuestra amistad se rompa por un hombre!», contestaba la otra muy burlona. «Es que apenas llegue el verano me voy a toda leche para allá y al pan, pan y al vino, vino. Yo no soy tan buena papa como te imaginas, querida», replicaba la primera. «Con azúcar está peor. Deja de ser zalamera. La vida viene con su sal y pimienta. Lo mejor es que lo arreglemos dándonos unas piñas, tortas y castañas. ¡Ja, ja, ja! Cuando quiero ir rápido, me voy echando leches, habladora», respondía la segunda. «En cualquier parte se cuecen habas. Los hombres de allá son como los de aquí. Ya nos estará poniendo los cuernos. Para qué estar como un fideo pensando en ellos. Me importa un pepino que te imagines lo que quieras. La realidad es otra. Ya verás que cuando me vea y te deje de lado será miel sobre hojuelas para mí», rezongaba la otra. «Ni qué cuentos ni qué pan caliente, querida. Tú no eres trigo limpio. Ayer te vi besándote con el Manuel a la salida de la fábrica. Que cuando le cuente todo al Luis, te deja de inmediato», reviraba la rival. «Mejor eso que hacerse una pera. Tampoco eres pera en dulce ni pan bendito. Para qué pedirle peras al olmo. De todas formas te pondrás como tomate cuando le cuente al Luis que tú andas por aquí con el Ricky ese del supermercado. El otro día cuando llovía y estaba hecho una sopa, él que es tan buena papa y es del año de la pera que parece una pasita, te estaba abrazando en el patio trasero y no te diste cuenta que los vi. Él sí me vio y se quedó más fresco que una lechuga», replicó la otra. «Tú lo que eres es mala leche y eres pan comido que con el primero que se te presenta ya te estás besando. Dejemos la bobada y ocupémonos de nuestros clientes, que si el patrón se da cuenta no nos paga y nos quedamos con los crespos hechos. Ya veremos quien se gana al gitano ese y quien se queda para vestir santos, querida. No pensemos más en eso. ¡Caramba!», concluyó la más viva y guapetona sonriéndole a un cliente nuevo.