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jueves, 03 febrero 2011

Hiperperspicacia

ficción, personificaciónLeo entre líneas, oigo entre palabras, interpreto silencios, huelo pensamientos. Mi lengua es una antena, mi piel un detector de mentiras. Mis ojos perciben las intenciones de tus muecas, risas y posturas. No me hables, déjame verte, déjate ver. Muévete frente a mí, escríbeme tus mensajes codificados en el aire y en el viento. Descubriré inmediatamente tus intenciones, tus deseos. No hay barreras lingüísticas ni codificaciones ininteligibles; tus manos, caprichos, brazos, cara de asco y cejas me hablan a gritos mudos. Con una sonrisa dices cosas terribles, con un sollozo lloras todas tus verdades, con esa pregunta anodina quieres averiguar lo que otros no ven. A mí no me engañas. Mi nombre es Telepatía y me apellido Sexto Sentido, pero me puedes llamar Paty.

domingo, 30 enero 2011

Siglo nuevo, vida nueva

NV-IMP718.JPGDesde que su padre le dijo «Olvida esas ideas. Eres una mujer. No necesitas estudiar ni trabajar. Siempre tendrás todo lo que necesites aquí en casa», la vida de Jacqueline cambió. Tras la muerte de su madre y poco antes la de su hermano sepultado por un alud de nieve mientras esquiaba con amigos ingleses en los Alpes, ya nada era como antes, una vida fácil y feliz en una familia rica y próspera sin necesidad de estudiar ni preocuparse por el futuro.

La madre de Jacqueline había quedado muy perturbada al perder a su hijo. Ese día iba a rezar a la iglesia como consuelo a su dolor. En medio de tantos carros y coches no vio ni oyó venir el tranvía que la atropelló. Seguramente pensaba en su hijo mayor desaparecido.

El padre de Jaqueline era viejo; podría ser su abuelo. Le llevaba más de veinte años a su esposa. Su mentalidad de mediados del siglo recién acabado no soportaba la velocidad con la que cambiaba el mundo destruyendo lo que siempre había conocido. Jacqueline quería libertad sin restricciones. Su padre, no, especialmente desde su viudez y sin su hijo mayor que estaba preparando para heredar los negocios.

«Quiero empezar a trabajar fuera de casa y ser independiente, papá», fue lo que se atrevió a decirle cansada de que el viejo la mantuviera cada vez más encerrada. Antes podía ir con sus amigas a cualquier parte, le encantaba bailar, se la pasaba oyendo su música preferida en la radio, leía poesía, soñaba con príncipes azules, pero lo que más disfrutaba eran las fiestas en casa de su tía Claire, una viuda de un diplomático inglés que sabía moverse en el mundillo mundano de la capital. Era su modelo, una mujer viajada y con ideas revolucionarias desde el punto de vista de Jacqueline. Al padre de Jacqueline no le gustaban las ideas de su cuñada. Temía que por su culpa conociera a cualquiera de esos intelectuales haraganes aprovechados que no le darían una vida como él esperaba.

Por eso cuando su padre le dijo que no trabajara, Jacqueline salió furiosa a pasear el perro al parque. Iba echando chispas con el perrito faldero de la mano derecha y un parasol blanco en la izquierda. En la boca del metro en medio de la multitud se encontró con su mejor amiga Jeanne y se desahogó contándole sus cuitas. «Tu padre no puede entender nuestra forma de pensar. Ya está acercándose a los setenta mientras que nosotras nacimos en los años noventa. ¿Cómo puede ver el mundo con los mismos ojos que nosotras a los veintiuno? Ven a trabajar conmigo. Estoy encantada trabajando en telefonía. Hay mucho que hacer. Estamos buscando empleados. La oficina queda aquí al lado. Es un oficio de futuro. Ya eres mayor de edad. Vente a vivir conmigo. Cuando se dé cuenta de su soledad, cambiará de idea. Estoy segura», aconsejó Jeanne.

Jacqueline había soñado desde niña que el nuevo siglo le traería muchos cambios al planeta, el fin de las guerras y de la pobreza, nuevas oportunidades; empezar la segunda década del nuevo siglo sin ver mejorías la estaba desesperando. Seguro que el viejo quería casarla con el hijo de algún amigo ricachón de la alta sociedad para que sus negocios siguieran prosperando. Ella no estaba de acuerdo; quería libertad. «Tienes razón, aquí y ahora es el momento de cambiar. Este nuevo siglo es para nuestra liberación. Nos lo agradecerán nuestros nietos. Por algo estamos en París, la Ciudad Luz, y hoy es treinta de enero de mil novecientos once», concluyó.

jueves, 27 enero 2011

No solo de tecnologías vive el hombre

humor,tecnología

-      Ahora que estamos en la India de vacaciones, vas a ver lo útil que es tener este teléfono móvil de última generación.

-      ¡Tú y tus manías tecnológicas! No me fío de esos artilugios. ¿En qué nos va a ayudar tu aparato?

 

-      Ya verás. Primero, tiene un sistema GPS que nos indicará el camino y por eso dejé los mapas de la ciudad en el hotel. Fíjate donde estamos, la cantidad de gente que hay, los avisos escritos en caracteres que no entendemos… Con esto estamos salvados.

-      Puede ser útil. De acuerdo. De todas formas no contarías con mi mal sentido de la orientación, ¿ah?

-      Vale. Ahora viene lo mejor. Tiene un sistema de reconocimiento de voz que escribe inmediatamente todo lo que le digo y enseguida lo puedo enviar por correo electrónico a cualquier lugar del mundo.

-      ¿Cuál es la gracia? ¿De qué nos va a servir en estas calles multitudinarias de Nueva Delhi?

-      Puede facilitarnos la comunicación con cualquier persona si nos encontramos en problemas. Imagínate que necesitamos dinero y queremos darle la orden a nuestro banco. Con este sistema nos comunicaremos fácilmente pues es más rápido que escribir.

-      Tengo mis dudas. Sigamos el paseo que hay mucho por visitar. Dicen que en este país se habla más de veinte idiomas y a pesar de que millones hablan inglés parece que ninguno de ellos anda por aquí.

-      Eso no es todo. Fíjate en lo bueno. Ahora con la cámara fotográfica integrada, el reconocimiento automático de caracteres y la traducción automática puedo tomar una foto de este aviso en hindi y en pocos segundos… Mira. Aquí lo tienes traducido al español. ¡Maravilloso! ¿No?

-      Vale. Vale. Si no hubiera otra posibilidad, hasta podríamos usarlo.

-      Espera, espera. Ahora está lo mejor. Digo algo en voz alta… «probando, probando, probando»… la máquina lo convierte en texto, oprimo este botón y ahora me llega traducido al hindi, oprimo este otro botón y… Oye bien.

-      «परीक्षण, परीक्षण, परीक्षण»

-      ¡Lo pronuncia por el altavoz!

-      No entiendo ni pío, pero seguro que debe de estar hablando en hindi.

-      ¿No me crees? Vamos a probarlo. Te lo voy a demostrar. «Por favor, ¿podría tomarme una foto con mi novia?» Ahora lo voy a traducir al hindi y se lo doy a escuchar al primer indio que pase. ¿A este joven por ejemplo?

-      «कृपया, तुम मेरी प्रेमिका के साथ एक तस्वीर ले सकता है?»

-      ¡A ver!

-      "बेशक. मुझे दे दो और उपकरण यह खुशी के साथ फ़ोटो ले लिया. "

-      ¿Qué dijo?

-      No sé, pero mi teléfono lo traducirá… Chito y oigamos…

-      «Claro que sí. Deme el aparato y le tomo la foto con mucho gusto.»

-      ¿Ves? Ahora le haré traducir esto. «Tome el aparato señor».

-      «उपकरण महोदय ले लो».

-      Sonriamos mientras nos fotografía… pero ¿qué hace? ¡No tiene por qué irse tan lejos! Pero… ¡ladrón, ladrón, ladrón!

-      ¡Ahora sí nos fregamos! Salió corriendo por allá y no habrá forma de alcanzarlo ni de reconocerlo en esta multitud de indios todos igualitos. Además no podremos regresar al hotel sin mapas, ni podremos preguntar el camino a nadie sin traductor de voz… ¡Tú, sí! ¿Cómo se dice tonto en hindi?

17:23 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (3) | Tags: humor, tecnología