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domingo, 05 septiembre 2010

Un ruidito ratoncillesco

NV-IMP678.JPGCuando entré en el almacén de alimentos exóticos latinoamericanos, andaba huyendo de una banda que me quería matar. La ventera gritó cuando me vio entrar. Aproveché la sorpresa que le di para escabullirme corriendo hacia el sótano. Bajé las escaleras de prisa buscando el lugar más oscuro en ese desorden increíble. Todo estaba amontonado como si lo hubieran tirado desde arriba. Paquetes de harina, de tortillas, de frutas, de gaseosas, de botellas de cerveza y no sé qué cantidad de productos apilados por doquier. Esperé detrás de unos bultos atento al menor ruido en la oscuridad con la esperanza de tener la oportunidad de escapar o contraatacar si fuera necesario. La mujer encendió la luz tratando de localizarme. La oí subir pidiendo ayuda. Bajó al rato acompañada de dos jóvenes armados de escobas y palos. Yo estaba transpirando pues sentí que mi fin estaba próximo. Uno de ellos me vio y gritó: «¡ahí está! ¡No hay que dejarlo escapar!». Corrí como pude buscando un lugar más en el fondo. Ellos hicieron una barrera con los bultos para impedir que subiera en un descuido. Creía que ya no me veían ni oían. De pronto sentí que me enviaron un balde enorme sobre la cabeza. Creo que grité y traté de correr en cualquier dirección para escapar. Entonces me metieron en el balde y me levantaron del piso sin que yo pudiera defenderme. Por más de que pataleé no podía subir por las paredes lizas del recipiente. Cantando victoria los tres subieron las escaleras. Imaginé que me iban a matar a golpes, pero no, tuve suerte. Resultaron ser unos jóvenes muy pacíficos. Me llevaron por las calles céntricas de la ciudad hacia un parque vecino y me depositaron en libertad cerca de un seto donde pude salir corriendo sin que nadie me atacara o persiguiera hasta ahora. Trataré de no volver por esos lados si logro sobrevivir de la basura que tiran por aquí a menudo. Es que ser un ratón en zona urbana tiene sus riesgos.

08:00 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (1) | Tags: ficción, punto de vista

miércoles, 01 septiembre 2010

Pesadilla anónima

NV-IMP677.JPGDecidió borrar las huellas de su paso por el mundo antes de que el mundo lo hiciera por él. Suprimió todos sus blogs, todos sus sitios web, todas sus cuentas Facebook, Yahoo, Gmail y otros Hotmail. Devolvió todas sus tarjetas de crédito al banco. Regaló su PC. Cerró la cuentas telefónicas y destruyó sus teléfonos celulares. Paró todas las suscripciones de revistas y abonos de canales de televisión de pago. Paró todos los giros automáticos desde su cuenta bancaria. Se mudo de casa y no le avisó a nadie dónde vivía. Se dejó crecer la barba, se tiñó el pelo. Cambió de look, de carro, de banco y cerró las cuentas bancarias anteriores menos la más antigua donde le llegaba la pensión. Se deshizo de todos los aparatos electrodomésticos y detuvo la suscripción a la electricidad y al gas. Comenzó a cocinar en la chimenea de su nueva casa. Dejó de oír y leer noticias. Iba a sacar el dinero en efectivo al banco y se lo gastaba en lo estrictamente necesario para vivir sin llegar nunca a que le faltara nada. La cuenta del banco iba creciendo. Al cabo de un año de no hablar con nadie y de leer una cantidad increíble de libros que tenía en su biblioteca empezó a sentir que la vida era menos agitada, sin noticias de catástrofes diarias y se dio cuenta de que ahora estaba viviendo como cualquier habitante del planeta de hacía dos siglos. Fue entonces que recibió una carta recomendada anunciándole que habían descubierto que estaba muerto y que le suspenderían el pago de su pensión hasta que no demostrara que sí vivía normalmente como todo el mundo. Del susto se despertó de la pesadilla y se dio cuenta de que no era cierto, se levantó de la cama y prendió su PC.

18:33 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (1) | Tags: ficción, existencia

domingo, 22 agosto 2010

Otro punto de vista

NV-IMP672.JPGMe encanta sentir que soy yo quien lleva la batuta. ¡Cómo no! Hay música que me encanta, otra que odio y otra que me es indiferente. Me gusta sobre todo durante los festivales de verano al aire libre con un clima agradable, ni frío ni calor, viendo llegar la noche suavemente. Delante de una gran orquesta, con una bonita cantante a mi lado, los violines que bailan ante mí, los instrumentos de cuerda que van de maravilla con la voz humana, los instrumentos de percusión que dan ritmo al conjunto. Lo malo es que dependiendo del director puedo pasarla muy mal. Unos enérgicos me marean con tanto movimiento. A veces creo que voy a salir volando por los aires cuando pinchan desde lejos con fuerza a algún músico que debe entrar en un momento preciso de la pieza. Son verdaderas punzadas a distancia. Me asustan mucho. Otros parece que fueran a partirme los huesos con la fuerza con que me agarran las tripas. Los más suaves me dejan bailando en el aire como si estuviera flotando. Tengo la impresión de que soy yo quien dirige la orquesta que sea una pieza clásica, moderna, de jazz o de cualquier estilo. Estoy muy atenta a las instrucciones del director. Los hay impresionantes de energía y otros suaves y sutiles que dirigen como si tuvieran la orquesta en la punta de los dedos. No sé cómo voy a terminar mis días pues una batuta nueva y de calidad es muy apreciada por los directores, que sin ella no son nada, pero yo ya soy una pobre batuta que comienza a envejecer y un día de estos me van a quebrar o a perder.

11:37 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (0) | Tags: ficción, narrador, música