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jueves, 30 julio 2009

Hablando de maletas perdidas

NV-IMP472.jpgMe comenta un colega de trabajo que hace como 25 años trabajó durante el verano en el aeropuerto internacional de Ginebra cargando y descargando maletas en los aviones. Eran ocho horas diarias con horarios variables de día en día. En general el equipo estaba reunido en un hangar jugando naipe, fumando o charlando al aire libre hasta que llegaba el jefe con la orden de ir a ocuparse de un avión.
Lo más fácil eran los aviones más grandes pues las maletas estaban guardadas en contenedores que descargaban o cargaban de una sola. Lo difícil eran los aviones pequeños y medianos en los que había que subir o bajar el equipaje uno por uno.
Como él es pequeño y le costaba trabajo, desde el nivel de la pista, subir o bajar las maletas, lo pusieron a trabajar en el interior de la bodega del avión; en verano es un espacio muy caliente y pequeño. Me dijo que él creyó el primer día que no lo iban a aceptar y pensó renunciar por lo pesado de la faena. Poco a poco su cuerpo se fue acostumbrando y al final del contrato todo le parecía más fácil gracias a los músculos que desarrolló.
Tenían media hora para cargar o descargar todo lo que llegaba o salía del aeropuerto en un avión teniendo cuidado de no ir a bajar maletas que debían continuar su viaje ni de olvidar una en el piso por ningún motivo. Eso no le impidió perder alguna.
Me dijo que los más fuertes y grandes las levantaban y aventaban sin piedad con el riesgo de que una maleta frágil se rompiera; esto sucedió cuando él trabajaba pero a un colega que manipulaba la maleta.
Hoy con todos los códigos de barras y los detectores electrónicos la operación ha mejorado. Siguen sin embargo perdiéndose más de noventa mil equipajes al año en el mundo entero de las cuáles unas diez mil solamente en Europa.

22:19 Anotado en Viajes | Permalink | Comentarios (0) | Tags: maletas, equipaje

sábado, 25 julio 2009

¡Ay!, maleta perdida

NV-IMP468.jpg¡Uf!, maleta encontrada. :-)

08:12 Anotado en Viajes | Permalink | Comentarios (2)

jueves, 23 julio 2009

Mercado árabe

NV-IMP467.jpgPasearse en la noche por el gran zoco Hamidiye del centro de Damasco hasta llegar a la gran mezquita de los Omeyas construida en el año 705 cuando desde los alminares llaman a orar es como un viaje al país de las mil y una noches. Estuve con dos colegas egipcias que me sirvieron de intérprete y guías por las callejuelas viendo vestidos, manteles, carteras, zapatos, laúdes, muebles con incrustaciones de nácar y muchos artículos típicos. Cuando hay tantas cosas expuestas, me cuesta trabajo ver que algo sobresalga. Creo que en eso las mujeres nos ganan pues son capaces de descubrir cosas que se verán muy bonitas en otro contexto. Pensé en mi esposa y sobre todo en mi hija que pueden mirar cosa por cosa en esos mercados sin cansarse. Mi madre también era muy aficionada a esos mercados. Cuando vino a visitarme a Francia se divirtió mucho en sus compras en Florencia, por ejemplo.
Nos habían dicho que las tiendas cerraban a las ocho pero eran las nueve y todavía había mucha gente en la calle y casi todos los almacenes estaban abiertos. El acento egipcio se reconoce fácilmente en especial por la forma como pronuncian la letra yin que ellos pronuncian como una ge de gato. Por eso los vendedores aprovechaban para proponerles cosas que aprecian mucho en El Cairo. Un vendedor hasta les dio la dirección de un almacén que él tiene en ese país.
Una de ellas compró un mantel en algodón decorado a mano (eso dijo el vendedor aunque a mí me parece que hoy ya pueden fabricarlo con máquinas de coser) durante tres meses. La otra compró una variedad increíble de pistachos, nueces, almendras y otras semillas muy sabrosas.
Hay unos vendedores callejeros de bebidas que con un vestido muy típico hacen malabares con vasos llevando a cuestas un recipiente metálico muy grande con agua mezclada con sabores, pero que no me atreví a probar por miedo a los microbios. Vi mujeres vestidas de todas formas: unas cubiertas de pies a cabeza como fantasmas, otras muy a la occidental con su pelo suelto y maquilladas pasando por todos los términos medios de pañoleta; algunas muy bonitas aunque fueran solo unos ojos misteriosos que se cruzaron con los míos. No vi mujeres tan flacas como las que se ven en Europa ni tan gordas como se ven en Estados Unidos. De nuevo me divertí leyendo letreros y descubriendo palabras conocidas.
Ya en el hotel me llamó la atención una música fuerte que creí al comienzo fuera del televisor del cuarto de al lado, pero mirando por la ventana desde el quinto piso donde me encuentro vi una fiesta en una terraza donde la gente bailaba en una rueda, hombres y mujeres, viejos y niños, mientras los músicos tocaban unos tambores en el centro. Debía de ser una fiesta de matrimonio que duró hasta muy tarde y me perturbó el sueño.
Me ha parecido una ciudad muy viva y aparentemente divertida. Espero poder regresar con más tiempo, quizás a tomar un cursillo de árabe en algún instituto famoso.

09:51 Anotado en Viajes | Permalink | Comentarios (2) | Tags: medio oriente, damasco, árabe