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miércoles, 16 febrero 2011

Recurrencias

NV-IMP723.JPGComo de costumbre me perdí de nuevo en una ciudad extranjera, esta vez, en un país árabe. Iba con un grupo de personas, padres de familia, a dejar unos niños en un espectáculo para más tarde volver a recogerlos. Consciente de que no conocía bien el camino, tuve la precaución de anotar la dirección en un papel que guardé cuidadosamente en mi bolsillo. En el camino de regreso, como lo temía, me perdí del grupo. Decidí regresar sobre mis pasos hasta el lugar inicial con la esperanza de volver a ver a los otros al cabo de un rato. Recordaba que tenía que girar a la izquierda, caminar dos cuadras, girar dos veces a la derecha y de ahí, como no debería de quedar muy lejos, con seguridad reconocería visualmente el lugar. Debí de equivocarme en algún lado; ya no había ningún edificio familiar aunque todo parecía no estar muy lejos de la Plaza Tahrir en El Cairo. Me acordé del papel con las señas que había escrito y en ese momento me desperté. Busqué la dirección en vano y me di cuenta de que se me había quedado en el sueño, de manera que nunca sabré dónde quedaba ese lugar ni si fueron a tiempo a buscar a los niños. A menudo me pierdo en los sueños y me cuesta volver a la realidad al despertar.

08:00 Anotado en Recuerdos, Viajes | Permalink | Comentarios (0) | Tags: sueños, ficción

martes, 14 diciembre 2010

Medellín

NV-IMP706.JPGVaya ciudad cambiada que encontré después de haberla dejado de ver durante treinta y nueve años. Ahora tiene un metro moderno, unos museos de arte muy completos, nuevos parques temáticos, muchos centros comerciales, muchos más habitantes y el famoso hotel Nutibara, abierto a mediados de los años cuarenta, sigue en su mismo sitio tan central al lado del parque Berrío. El aeropuerto nuevo queda lejos de la ciudad y como la carretera más directa estaba cortada por un derrumbe, tocó tomar la autopista Bogotá-Medellín para recorrer en cuarenta minutos el trayecto hasta el centro de la ciudad pasando cerca de Bello donde la semana pasada un alud sepultó a unas ciento cincuenta personas.

Medellín se conoce como la Capital de la Montaña o como la Ciudad de la Eterna Primavera. Queda a unos 1550 m de altitud y el aeropuerto nuevo a 2200 m, casi tan alto como Bogotá. Hay muchos pueblos y barrios en laderas y colinas que con las fuertes lluvias se han convertido en zonas peligrosas. Por fortuna el invierno estaba amainando y el sol nos acompañó casi todo el tiempo.

Esa región de Colombia tiene un acento característico, con voseo como si fueran argentinos y eses muy sonoras como si fueran españoles. Me encantan todos los acentos y no me choca esa variedad de nuestro idioma con sus modismos y lenguaje colorido. Los paisas, como los llamamos en mi país, han sido siempre muy trabajadores e industriosos a pesar del paréntesis que ha representado la época del tristemente famoso Pablo Escobar. Los problemas de miseria y pobreza siguen presenten como una bomba de tiempo, lo mismo que la violencia, pero el ambiente de inseguridad y peligro está menos latente.

Hay un servicio de buses turísticos que permite visitar los principales sitios de interés. Vimos la ciudad de día y también sus famosas iluminaciones navideñas en la noche. Lo que más me impresionó fue el metro tan limpio y espacioso y especialmente el metro cable, un teleférico que transporta habitantes de barrios marginales desde lo alto de la montaña hasta el valle a nivel del río Aburrá o Medellín. En lo alto está la biblioteca donada por los reyes de España, que ha cambiado poco a poco la actitud de los habitantes del barrio pues ahora se sienten integrados. Hay un segundo teleférico que sale de ese lugar hacia un parque ecológico todavía más alto que por falta de tiempo no pude visitar.

Disfruté viendo esta ciudad tan agradable en estos tres días como compensación por no haber podido ir a Costa Rica. Me llevo el recuerdo del Museo de Antioquia más conocido popularmente como Museo Botero, de las esculturas y cuadros de las gordas del artista mundialmente conocido.

Ahora aquí en Ginebra todo eso me parece lejano y toca volver a mi realidad.

13:42 Anotado en Viajes | Permalink | Comentarios (1) | Tags: colombia, medellín

domingo, 05 diciembre 2010

Fiebre amarilla

scrabble.JPGAnoche estuve en Costa Rica toda la noche. Era el campeonato mundial de scrabble en español y me estaban esperando. Vi muchos campeones entrenándose, llenando ejercicios en revistas o estudiando el diccionario. El problema era cómo jugar pues el país exigía la vacuna contra la fiebre amarilla y muchos participantes no la tenían, entre los cuales estaba yo. Parecía como si Francia y Costa Rica tuvieran frontera común, pues en un momento dado yo estaba en Francia en la frontera y del otro lado los organizadores me daban consejos para entrar. Se me ocurrió que podría participar en los torneos duplicados a distancia, ya que todos juegan con las mismas letras, mientras que en el clásico es casi obligatorio estar frente a frente en la misma mesa, a menos que la mesa estuviera exactamente sobre la frontera con un jugador de cada lado. De pronto me di cuenta de que estaba en San José y alguien me preguntó cómo había hecho para entrar sin la vacuna. Contesté que me habían vacunado hacía años con motivo de un viaje a Brasil pero que no tenía el certificado. Entonces alguien dijo: esto es un sueño.

Claro. En efecto me desperté en mi cama en Bogotá y no en el hotel de Costa Rica donde debía de haber estado durmiendo a esas horas. Toda la noche estuve soñando con ese viaje. Naturalmente la contrariedad del día por la sorpresa de la vacuna y de la imposibilidad de ir a Centroamérica me habían impresionado mucho.

Fue un día caótico. Preparar las maletas con cuidado en la mañana para que no pesaran más de veintitrés kilos cada una, ir al aeropuerto tres horas antes en medio de la lluvia y los embotellamientos, hacer la cola hasta que nos pidieron el certificado de la vacuna y nos cayó como una ducha de agua fría, insistir con los empleados para ver si había solución, pero nada. Pedir a mi hija en Francia que buscara el carné, pero sin éxito. Ir a la enfermería del aeropuerto para ver si encontraban en la base de datos una prueba de la vacuna y nada. Ir a la oficina de Iberia para ver si podíamos cambiar los pasajes para salir directo a Francia desde Bogotá, pero con la huelga de los controladores aéreos, los vuelos estaban anulados. El teléfono que me dieron de Iberia no contestaba.

Por fin pude hablar con un empleado de Iberia, ya que todos estaban ocupados con los pasajeros que no podían viajar a Madrid por la anulación de los vuelos. Me sugirió que comprara por unos cincuenta mil pesos un certificado falso para viajar esa misma noche. ¡Vaya sorpresa! Me dijo que él no sabía quién los vendía, pero que le preguntara a un policía. ¡Qué corrupción! Una solución de facilidad muy tentadora que rechacé.

Ni la agencia de viaje en Ginebra, ni los consulados de Costa Rica en Suiza y en España, ni los organizadores del campeonato me habían hablado de vacuna. No llamé al consulado en Bogotá pues como resido en Francia, no necesito visa y estaba tranquilo. No me quedó más remedio que escribir por correo electrónico desde el aeropuerto para anunciar el cambio de planes. Los organizadores del campeonato en San José trataron de buscar soluciones, como la de pasar por un país intermedio que no exija la vacuna a los que pasan por Colombia y que Costa Rica tampoco exija esa vacuna a los que llegan de ese país. Hablando por teléfono con uno de ellos, me contó que para ellos había sido una sorpresa también y que tenían varios casos con otros participantes. Muy loco todo.

Ahora toca ver mañana lunes cómo vamos a continuar el viaje. ¿Quedarnos una semana más en Colombia? ¿Regresarnos cuanto antes directo a Ginebra? ¿Ir a otro lugar mientras tanto? Pero más se perdió en el diluvio y no es catastrófico. Toca poner, como en el dicho, al mal tiempo buena cara.

15:02 Anotado en Viajes | Permalink | Comentarios (2) | Tags: vacunas, colombia, costa rica