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domingo, 06 febrero 2011

A Hard Day's Night

Por fin ha llegado la noche de este día tan agotador. He estado trabajando como un perro. Oler las maletas en el aeropuerto es pesadísimo, pues esas narices electrónicas no funcionan bien todavía. Me iba mejor cuando teníamos perros de verdad. Además los pasajeros se ponen de mal genio con las colas y me sacan de paciencia. ¡Yo debería estar hecho un tronco! Tronco de sueño. Lo bueno es que cuando llego a casa buscándote, siempre encuentro las cosas que haces que me hacen sentir bien. Sabes que trabajo todo el día para conseguir dinero, para comprar cosas y vale la pena sólo por oírte decir que me vas a dar todo. Así que, ¿por qué diablos voy a quejarme?, si cuando te tengo a solas sabes que me siento bien, cuando estoy en casa todo parece ir bien, cuando estoy en casa sintiendo que me sostienes apretado y ajustado. ¡Oh! Me importa un pepino que mi mujer me haya dejado enfadada por culpa tuya. Es una celosa. Se llevó todo y me dejó solo ese pobre perro que ahora pasa casi todo el día solo ladrando y aullando. ¡No tardará también en abandonarme como en el famoso tango que cantaba Gardel! Da igual. Voy a comer algo rápido y voy a caer en tus brazos. En pocos segundos me vas a hacer olvidar todas mis penas. ¡Oh!, tú, ¡música de Mozart!, me vuelves loco, pero me apaciguas completamente.

domingo, 23 enero 2011

Viviendo en las nubes

NV-IMP716.JPGBueno, toca ponerme a estudiar, si no, mamá no me deja ver televisión ni usar el PC durante todo el fin de semana. Como si no hubiera tiempo de sobra. Hoy viernes, tras una semana llena de clase, exámenes y tareas, quiere que esta misma noche termine todos los deberes y así no tener que vigilarme ni acosarme sábado y domingo sin cesar. La conozco y ella a mí. Creo que esta vez encontró el truco para obligarme a actuar. Ni modo.

Veamos. Matemáticas: potencias y raíz cuadrada; español: adjetivos, adverbios, acentuación, verbos irregulares; historia: guerras libertadoras; biología: el sistema circulatorio…

Y a mí que me gusta es dibujar o jugar con legos para armarme ciudades miniatura o estar con Pedro en la calle persiguiendo gatos o cazando pájaros con hondas o sentarme a ver televisión con mi vecina Susy con quien me entiendo bien o salir a pasear al perro o en últimas ver mis programas preferidos en la televisión o jugar backgammon con mi tía Lupe por Internet. ¡Cualquier cosa menos estudiar! No tengo memoria, no tengo paciencia.

Prefiero soñar, inventarme cuentos, vivir aventuras imaginarias. Las clases son aburridísimas. ¿Para qué sirve aprender la raíz cuadrada si ahora hay calculadoras que lo resuelven todo? ¿Para qué aprender si una palabra es adjetivo o adverbio si para hablar no se necesita eso? ¿Qué gano sabiendo cuál es la capital de Lesoto o en qué año fue la revolución francesa?

Quiero ir a jugar con Susy. Es muy cariñosa y divertida. El otro día jugamos al papá y a la mamá. Nos peleamos y decidimos divorciarnos. Fue divertido tirarnos todos los platos plásticos de su vajilla de juguete y repartirnos las cosas de la casa y decidir cómo íbamos a ocuparnos de nuestros hijos viviendo conmigo o con ella los fines de semana. No hay duda de que ella tiene más experiencia que yo en esas cosas. Su mamá ya se ha divorciado dos veces; la mía, solo una. Me toca estar con papá un fin de semana y el otro con mamá. Prefiero cuando me toca con él, pues no me acosa con los deberes, le encanta jugar conmigo y darme regalos. Susy dice que es por arrepentimiento o compensación por no haberse ocupado bien de mamá ni de mí que ahora me malcría tanto. ¡Qué más da! Eso no es malcriar. Qué cuento. La semana entrante me toca con él y podré hacer lo que me dé la gana.

Bueno. ¿Por qué empiezo? ¿Matemáticas o biología? Mejor dibujo un rato y ya veré luego.

domingo, 16 enero 2011

Para cada tiesto, hay su arepa

NV-IMP714.JPG¡No sabes lo que te perdiste por no acompañarme a los saldos! Encontré la perla rara. Llegué a las siete de la mañana al centro comercial para ser la primera cuando abrieran las puertas. Ya había un grupo de unas veinte mujeres agresivas acampando frente a la puerta. Tenían termos con café y hablaban como si se conocieran hacía años. Me miraron feo. No les puse cuidado. Eran solo unas viejas gordas, feas y además envidiosas. Sabes que los tiempos son difíciles y con la crisis actual, no pude comprarme nada como antes para Navidad. Mi única oportunidad era lanzarme de primera a comprar durante las rebajas.

La puerta principal abrió a las ocho en punto de la mañana. El tumulto en la entrada estaba fatal. Por suerte estuve entre las primeras. Los guardias casi no pueden canalizar nuestra presión y entusiasmo. Todas corríamos como locas en busca de lo escogido días antes. Las mejores gangas estaban a 30% y 50%. Tocaba pelearse para poder quedarse con los mejores lotes.

A medida que entrábamos a los grandes almacenes las mujeres se fueron dispersando en diferentes direcciones para pelearse por perfumes, abrigos, collares, ropa interior y vestidos a la moda del invierno. Seguí decidida a la sección de hombres, pues ahí estaba lo que más me interesa. Lástima que se había agotado lo que buscaba. Tocaba escoger rápido y bien para no perder las mejores ofertas. Claro que quedaban los modelos menos interesantes: unos gordos, otros calvos, otros demasiado pequeños, grandes, jóvenes o viejos. Yo buscaba el amante latino o algo que se le pareciera que había visto en una revista. Encontré un moreno muy apuesto y fornido, pero al acercarme me olió a ajo. Un flaco risueño me llamó la atención, pero al acercarme resultó cojo y además tartamudo. Un barrigón viejo verde me picó el ojo, pero al acercarme le noté mucha grasa y caspa en el cabello. Lo dejé a un lado.

Viendo que mis competidoras iban escogiendo sin mucho escrúpulo lo que encontraban a mano, me decidí a probarme un par de los que más se parecían a mi ideal. Me llevé un moreno antillano muy divertido con unos ojos negros cautivadores que cantaba y tocaba guitarra y un blancuchento bogotano bigotudo que recitaba viejos poemas del siglo XIX. Las cabinas estaban llenas pero con paciencia encontré una libre. Los dos estaban buenos para mí, pero no me decidía por ninguno. Fue cuando vi colgado de un perchero un amante latino de sueño que alguien se había probado y no había vuelto a poner en su sitio. Indefenso me miraba con sorpresa y timidez pero era interesante. Tiré afuera a mis dos rebajas y me puse a probar el nuevo después de bajarlo del perchero. Me encantaron sus besos y sus abrazos. Me quedó a mi medida. Resultó una maravilla. No sé cómo lo dejaron las otras brujas que se peleaban por modelos menos interesantes. Seguro que les habría quedado grande o pequeño. ¡Me salió a 50% y tiene garantía de tres años! Con él podré estar hasta el verano, es decir cuando llegue la otra temporada de saldo. Vas a ver lo bueno que es. Eso sí, no vale la pena que busques otro igual; era el último que quedaba. ¡Te vas a morir de la envidia cuando te lo presente!