domingo, 29 julio 2012
Ruperto, con erre de raro
Vivía en una casa aislada en las afueras de la ciudad. Nadie lo invitaba. Apenas si lo llamaban los amigos o lo veían a las carreras. Comía con prisa y por obligación, como si fuera un sufrimiento o una tortura, siempre lo mismo: hamburguesas, papas fritas, gaseosa y pasteles de chocolate. Nada de frutas ni verduras. Con ese ritmo alimenticio había llegado a ser gordísimo. De todas formas nunca había sido un gourmet, sino todo lo contrario. Ruperto cada vez se volvía más raro. De manera drástica y contundente de pronto decidió vivir como un faquir, un asceta o un penitente. Fue desde que empezaron las epidemias y pandemias de la vaca loca, del SARS, de la gripe aviar, del A (H1N1), de la crisis de los pepinos y otras más. Sufrió un síndrome de pánico, no volvió al trabajo, no salió más de casa y empezó a enloquecer. Dejó de comer carne, luego pan, hasta llegar al extremo de que se alimentaba solo de miel y leche, pues afirmaba seguir el ejemplo de Pitágoras que no mataba para vivir. El vendedor a domicilio que le traía comida a casa dejó de recibir sus pedidos mas no se preocupó. Su cuenta bancaria estuvo suficientemente provisionada por años de ahorro. Cuando las facturas que pagaba automáticamente no tuvieron provisión, le cortaron luz, televisión por cable, teléfono, Internet, agua y gas. La última vez que se vio en el espejo no se reconoció: estaba más flaco que una aguja. Los gusanos que se lo comieron no tuvieron ningún escrúpulo en devorar la poca carne que cubría sus huesos. Fue el ujier mandado por el fisco para expulsarlo para vender su casa y muebles que encontró el esqueleto pelado rodeado de latas de conserva sin abrir.
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domingo, 22 julio 2012
Vuelo transatlántico
Como una esponja andamos por la vida absorbiendo recuerdos. Estamos cansados del viaje tan largo. Nos rodean unas doscientas personas con las que viajamos con destino a Colombia pero nuestros verdaderos destinos son múltiples, secretos y hasta misteriosos. Seguramente muy variados e imprevisibles pero interesante futuro. Dos jóvenes --un francés y una italiana-- se han conocido gracias al azar de haber sido puestos juntos por los caprichos del sistema informático; un anciano va al lado de un nene que podría ser su bisnieto. Pero todos satisfechos de haber podido sentarse y al fin de cuentas descansar de tanto agote de maletas, pasaportes, conexiones y otros contratiempos. Nuestros sueños también viajan aquí o se han quedado en casa o están de vacaciones o se han perdido de tanta ida y vuelta entre América y Europa. Están esperando en un rincón de nuestro interior. El duende de la escritura creativa se ha disfrazado de lápiz electrónico y ha puesto una frase masculina seguida de una femenina en esta página para sacar de su rincón interior ese sueño que se realizará en estas vacaciones. Misterio, suspenso, emoción y cuantos segundos, minutos, horas pasarán para que la magia se realice. Aquel espera concretar un negocio muy importante para su empresa, aquella regresa definitivamente a su país como consecuencia de la crisis económica, este acaba de divorciarse y viaja para olvidar, ¿y yo? Sentada esperando llegar y ver a nuestra familia deseosa como yo de encontrarlos y disfrutar de la vida en nuestra querida y agitada Colombia. El mundo se ha encogido, el tiempo se ha estirado, los años son pesados para mis pies que tanto han andado, bailado, recorrido. Bueno los años han pasado, se me olvidaba que hace unas horas me encontraba con una serie de dolores en mis articulaciones y me estoy dando cuenta de que ya como que desaparecieron; espero que al bajarme del avión no los vuelva a encontrar. Si hubiera sido aviador quizás estaría ahora pilotando este Airbus A340-300, pero ¿quién estaría sentado en este puesto 29J? Si hubiera sido monja a lo mejor estaría en un convento en ejercicios espirituales o quién sabe en que situación y este señor de al lado que es mi esposo ¿andaría en qué compañía? Mejor dejar volar la imaginación para que llegue a su destino, mientras mi cabeza masculina sufre de pensar que tendrá que adaptarse al nuevo horario y no podrá dormir bien la noche entera durante una semana por lo menos.
08:00 Anotado en Juego de escritura | Permalink | Comentarios (0) | Tags: sensaciones, cuatro manos
domingo, 01 julio 2012
Romilda, con erre de rara
Desde que aprendió a montar en bicicleta, siendo muy niña, los gestos le quedaron grabados indeleblemente en su memoria corporal. Era como haber aprendido a caminar o a respirar, a tal punto que casi con sesenta años, después de muchos de sedentarismo y de viajes en autobuses llenos de gentío, volvió a usar el velocípedo sin ningún problema.
Sintió de nuevo la libertad de desplazarse guardando el equilibrio con la brisa de frente golpeándole la cara. Ahorrar para comprarse su bici y ser independiente fue el reciente objetivo que había alcanzado con sacrificio. Con los años la vista le había mermado y le costaba trabajo reconocer los autobuses para moverse por la ciudad, sobre todo cuando decidieron pintarlos todos del mismo color. ¡Qué mala idea!
Otra mala noticia era que pensaban cambiar los contadores eléctricos y de gas por unos sistemas electrónicos que captarían el consumo exacto a distancia y no necesitarían de empleados como ella para ir de casa en casa anotando los datos de cada aparato manualmente.
Conociendo la eficacia de la administración, calculaba que llegaría a la jubilación antes de que la declararan superflua. Sin embargo, le preocupaba que el jovencito que habían nombrado de jefe recientemente se interesara en su trabajo. Tenía cita con él esa mañana.
Romilda nunca había querido cambiar de puesto. Le encantaba ir de casa en casa sin prisa anotando el consumo de todos los hogares sin que nadie la vigilara. Terminaba temprano su tarea diaria para irse a ver telenovelas en casa o a charlar con amigas. Le bastaba el sueldo miserable para sobrevivir sin ilusiones ni quimeras.
El jefecito estaba esperándola en su despacho, la miró sin interés y le dijo sin preámbulos:
- Tenemos que evaluar sus conocimientos para ver en qué otro puesto la podremos colocar cuando lleguen los contadores electrónicos telemáticos.
- Estoy contenta con mi puesto. Nadie se ha quejado de mí en todos los años que llevo en esta empresa. Déjeme tranquila que seguro que van a pasar años antes de que remplacen todos esos aparatos antiguos por los modernos.
El jefezuelo insistió. Le dio un formulario de evaluación para que lo llenara de inmediato. La pobre mujer acorralada tuvo que confesar lo que nunca había dicho:
- Vea usted. No sé leer ni escribir. No vale la pena que me pida que llene formularios. Cumplo con mi trabajo dibujando los números que veo en los contadores sin entender de qué se trata. Claro que de niña aprendí a leer, escribir, sumar y restar, pero por falta de práctica se me olvidó todo. No insista.
El hombre no podía creerlo. La sinceridad de Romilada lo dejó desarmado. La mujer daba al mismo tiempo lástima y admiración. Tras un largo minuto de duda dijo:
- No se preocupe, esto queda entre los dos. No la cambiaré de puesto. Usted se ocupará de todos esos aparatos manuales hasta que desaparezcan.
Después de salir de su sorpresa, Romilda salió agradecida y como si nada se fue a montar en bicicleta, pensando en la buena suerte que tenía de tener un jefe tan comprensivo y humano. Al fin y al cabo de qué servía leer y escribir si ella había logrado sobrevivir sin esas habilidades.
08:57 Anotado en Juego de escritura | Permalink | Comentarios (0) | Tags: aprendizaje, memoria, olvido