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martes, 24 agosto 2010

Por fin en la sin salida

NV-IMP673.JPGEl hombre se estrelló contra la pared del callejón sin salida y cayó desmayado mientras la policía llegaba en su busca. Lo venían persiguiendo desde la librería donde lo vieron salir corriendo sin saber qué pasaba pero con los atracos que habían sucedido últimamente no dudaron un segundo en pensar que tenían delante de ellos al ladrón. El hombre había entrado a comprar un libro sobre cómo escribir una novela en noventa días pues quería participar en un concurso literario. Estuvo tan contento y tan apresurado que salió corriendo para empezar de inmediato su obra. Los policías gritaban alto ahí, manos arriba, pero el hombre no se daba por enterado ya que era medio sordo. Le había llegado la noticia del concurso por correo electrónico y la idea de escribir desde el final hacia el comienzo le pareció divertida. Era aficionado a la escritura pero se sentía muy inmaduro para obtener un buen puesto. Sin embargo le gustaba participar y tener la ilusión de que iba a ganar. Ser profesor de literatura desempleado lo tenía frustrado y nervioso. Si ganaba el concurso podría olvidarse del trabajo de profesor y dedicarse a escribir como cualquier Cervantes. El premio era gordo. Cuando por fin se dio cuenta de que lo estaban persiguiendo, vio a los agentes con sus pistolas desenfundadas y oyó un par de tiros al aire, se asustó mucho pero en vez de parar corrió más rápido y se equivocó de calle. Al voltear se encontró frente a la sin salida y no tuvo tiempo de frenar. Cuando se despertó en la ambulancia había perdido completamente la memoria y su historia se había esfumado para siempre.

domingo, 15 agosto 2010

Palabras raras

NV-IMP668.JPGEl lulú estaba echado a los pies de su amo mientras este preparaba una ancheta para el monjío. Estaba poniendo en una canasta unas estatuillas de santos epoxis oleados y una serie de amuletos en forma de cay hechos de jebe, urucú y palquis. Para terminar puso una botella de asencio que había recibido por el ensay. «Que nadie se arrogue esta ofrenda que entrego como debdo por los milagros que me han hecho mis oraciones», dijo el indio y se fue con su paquete para el monasterio.

  • ancheta=1. f. Porción corta de mercancías que alguien lleva a vender a cualquier parte. 5. f. Col. Gratificación, dádiva.
  • arrogar=1. tr. p. us. Atribuir, adjudicar.
  • asencio=m. desus. ajenjo (‖ planta compuesta).
  • cay=m. Arg. y Par. mono capuchino.
  • debdo=m. desus. deuda.
  • ensay=m. En las casas de moneda, ensaye. (m. Acción y efecto de ensayar.)
  • epoxi=1. adj. Se dice de un tipo de resina sintética, dura y resistente, utilizada en la fabricación de plásticos, pegamentos, etc.
  • jebe=1. m. alumbre.
  • lulú=Perro lulú. m. El de compañía de tamaño mediano, color blanco, pelo largo y abundante, hocico puntiagudo y orejas rectas.
  • monjío=1. m. Estado de monja. 3. m. Conjunto de monjas.
  • oleado, da=adj. Que ha recibido los santos óleos. U. t. c. s.
  • palquis=m. Arbusto americano de la familia de las Solanáceas, de olor fétido, con muchos tallos erguidos, hojas enteras, lampiñas, algo ondeadas, estrechas y terminadas en punta por ambos extremos, y flores en panojas terminales con brácteas. Su cocimiento se emplea en Chile contra la tiña, y como sudorífico; y la planta, para hacer jabón.
  • urucú=m. Arg. y Par. bija (‖ árbol).

domingo, 08 agosto 2010

Me pido mi iPod

ipod.jpgEl iPod estaba abandonado en el banco del autobús sin que nadie alrededor se inmutara. No había muchos pasajeros. César se sentó al lado y lo tomó para examinarlo. Siempre había querido un iPod pero el poco dinero de su beca le alcanzaba solo para lo básico. Como nadie reclamó el aparato que él tomó abiertamente, se dijo que ahora sería el dueño.

Lo encendió, vio que funcionaba, se puso los audífonos y escogió la primera canción de la lista. Oyó una voz de mujer cantando mal una tonada de moda. De pronto la voz dejó de cantar y dijo: «Este chico me parece muy tímido. Desde hace varias semanas me mira pero no se atreve a hablarme. Debe de ser un estudiante extranjero. Me gusta pero se ve demasiado juicioso. Quisiera que aquel otro que está detrás de él me coqueteara. Se ve mucho más maduro y divertido. Esa barba y esos ojos me encantan». César levantó la vista y se encontró con la chica que tanto admiraba mirando como si él fuera transparente a la silla de atrás de él. Volteó la cabeza y encontró en efecto a un barbudo de ojos claros que miraba por la ventana.

Buscó otra canción pensando que había sido una grabación que casualmente coincidía con la realidad. Oyó la voz de un hombre diciendo: «Otra vez esa muchacha que me busca. Si supiera que me gustan los hombres, me dejaría tranquilo. No me gusta nada su cara. Me recuerda a alguien desagradable pero no sé a quién. Ahora sube el muchacho que más me encanta de este trayecto en bus. ¡Esos pantalones verdes le quedan tan bien! Ojalá se siente a mi lado».

César vio justamente a un joven con pantalones verdes subiendo al autobús y buscando puesto. Cambió de canción y se encontró con la voz del joven diciendo: «A quién me toca hoy robar en este bus. Siempre hay un incauto con la billetera a mi alcance o su cartera abierta. Ese barbudo de ojos claros parece presa fácil. Me sentaré a su lado».

¡No podía haber coincidencias! El iPod estaba captando los pensamientos a su alrededor. Siguió oyendo lo que decía la señora gorda de la silla de la izquierda pensando en su amante y en la forma de seguir engañando a su esposo, el abogado de al frente leyendo un voluminoso expediente y pensando en la manera de ganar el juicio que empezaría en pocas horas. La última canción le permitió oír a todos al tiempo. Fue insoportable. Volvió a poner la primera canción para oír lo que pensaba su chica preferida pero ahora oyó su propia voz que pensaba: «Esto es imposible. Me están tomando del pelo. ¿Quién habrá dejado este iPod tan raro tirado en el bus?». Se levantó, se lo entregó a la chica con una gran sonrisa y se bajó del autobús sin decir nada pero pensando con fuerza que sus estudios de psicoterapia psicoanalítica lo estaban chiflando.