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sábado, 19 diciembre 2009

Encuentro fantástico (8)

NV-IMP573.JPGSerá porque cuando a uno le prohíben algo, le dan más ganas de probarlo, pero cuando nos despedimos en París y nuestros padres nos dijeron que no nos fuéramos a escribir con Lucas y Roberto, decidimos que íbamos a mantenernos en contacto por correo electrónico. Sospecho que si mamá y Alejandro tuvieron alguna vez una aventura ha debido de ser por la tentación a lo prohibido.

Es divertido, pues eso pasó hace casi siete años y ahora debemos de tener más o menos la edad de nuestros padres cuando estudiaban juntos en la misma universidad. Éramos unos adolescentes a pocos años de terminar bachillerato, vivíamos a miles de kilómetros de distancia, con pocas probabilidades de volvernos a ver. Volvimos a nuestras ocupaciones habituales en nuestros mundos respectivos. Nos conectábamos a menudo por MSN y también jugábamos en equipos en mundos fantásticos de la Internet, como World of Warcraft.

Ahora nosotros tres vivimos en Madrid, estudiamos en la Complutense nada menos que filosofía. Lo que menos se imaginaron nuestros padres que íbamos a escoger. «¿Por qué no estudias una carrera que te permita conseguir un trabajo fácilmente y vivir bien? ¿Piensas que vas a cambiar el mundo a punta de filosofía? ¿Lo haces para contrariarnos?», dijo papá cuando se lo anuncié. Algo parecido han debido de decirles a Lucas y Roberto.

Empezamos otras carreras en nuestras respectivas ciudades, pero hace como tres años a mí se me ocurrió que podríamos venirnos a Madrid, a terreno neutro, a estudiar lo mismo y así volvernos a encontrar, claro está, en secreto de nuestros padres. ¿Para qué les íbamos a contar? ¿Para que se negaran rotundamente? ¿Para que descubrieran que no habíamos obedecido sus órdenes? ¡No! ¡Ni tontos que fuéramos!

Primero vivimos en residencias universitarias, después conseguimos este apartamento que compartimos en el barrio de Lavapiés. Ellos han venido varias veces a vernos pero a cada uno de los tres de forma separada sin darse cuenta de quienes somos en realidad. Nos las ingeniamos para dejar tranquilo al que reciba a sus padres para no levantar sospechas.

A mí me gustaban Lucas y Roberto y no lograba decidirme con cuál quedarme. Al final me quedé con los dos y tenemos un «ménage à trois». No es tan complicado y tiene sus ventajas. Lo mejor de todo fue el día que a ellos se les ocurrió formar un grupo de rock. Lucas tocaba guitarra y Roberto batería. Me preguntaron si yo podía cantar y tocar al mismo tiempo la guitarra baja, que era fácil de aprender. Probé y cuando me oyeron cantar, se enamoraron de mi voz y dijeron que era increíble como cantaba. A mí me pareció que era una tomadura de pelo, que era para darme gusto, pero cuando tocamos por primera vez en una fiesta de la universidad, ¡fue la locura! Todos los amigos y demás estudiantes estuvieron súper entusiastas. Desde ese momento nos pedían que fuéramos a animar sus fiestas. Yo, que soy la que tiene el alma más poética, me puse a componer canciones con temas de nuestros estudios y con títulos muy elocuentes: Ontopraxeología de mi amor, Ciencia o realismo, Mentalidades colectivas, Dios y su problema del mal, Cuestiona mis fundamentales, Marxista moviendo a la obrera o Procésame mi lenguaje natural. Para completar nuestro grupo se llama Encuentro fantástico y el rock tiene toques de música colombiana, venezolana y neoyorkina. Ya nos salió un contrato con una empresa discográfica y vamos a empezar una gira por España. El primer concierto será el lunes próximo, 21 de diciembre del 2009. Hemos invitado a nuestros padres para que nos vean y de ñapa se encuentren otra vez y sepan de nuestra verdadera vida madrileña. Si con la música logramos vivir, no tendrán que preocuparse más de nuestra educación ni de nuestro futuro.

08:00 Anotado en Cuentos | Permalink | Comentarios (1) | Tags: ficción, espejos, dobles

viernes, 18 diciembre 2009

Nieve

NV-IMP572.JPGBlanca y polvorosa como harina llena las calles, cubre los carros, obstaculiza el tránsito, nos recuerda que el invierno ha llegado, que dentro de unos días las noches serán las más largas del año en estas latitudes, que no debemos quejarnos de calor en verano ni de frío en invierno sino disfrutar del encanto de cada estación, que hay gente que duerme en las calles sin domicilio con temperaturas bajo cero, mientras nosotros tenemos una cama calientita dónde soñar con un mar tropical de arena blanca y sol que achicharra, que un papá Noël del trópico está fuera de lugar, que un árbol de Navidad decorado con algodón para imitar la nieve es un chiste, un chiste va a ser la salida al trabajo temprano en estos días de invierno. Poderse quedar en casa sin sentir el frío, frente a una chimenea, con un buen libro y música de un piano, un contrabajo, una batería como la que oía anoche mientras llegaba la hora de dormir y soñar con nieve en un verano de sueño en algún lugar del sur del sur lejos de Copenhague y de su compromiso imposible y costoso para el planeta tierra. Nieves perpetuas y lejanas de mis volcanes nevados tolimenses, nieves pasajeras de montañas jurásicas de esta zona ginebrina que me alberga y que ya siento mía.

13:38 Anotado en Naturaleza | Permalink | Comentarios (0) | Tags: invierno, frío

jueves, 17 diciembre 2009

Cambio

NV-IMP571.JPGEl cambio tiene sus ventajas y desventajas. Al cambio lo vemos de manera diferente según la edad y la situación en que nos encontramos. Cambiar nos hace comparar lo que teníamos (quizás sin saber que lo apreciábamos) con lo nuevo que vamos descubriendo poco a poco o de repente. Lo nuevo puede en realidad ser antiguo pero es nuevo con respecto a lo que teníamos antes. Si nos acostumbramos a una situación y nos sentimos cómodos, no queremos cambiarla. Por eso dice el dicho: más vale malo conocido que bueno por conocer. O este más pesimista: salir de Guatemala para llegar a Guatepeor.

Vivimos en una época en que la gente quiere cambiar en permanencia y rápidamente se cansa de las cosas. Una sociedad de consumo que tira las cosas a veces aún en buen estado. Es como una ansiedad.

Sin embargo conozco mucha gente que no quiere el cambio, quiere que todo siga igual. Por eso con los años muchos se ofuscan con los jóvenes, con la modernidad, con el lenguaje nuevo, con los extranjeros, con la arquitectura que cambia el aspecto de sus ciudades, de sus barrios, de sus casas. Cambiar por cambiar no me parece buena idea. Me gusta cambiar pero también me gusta disfrutar de cada estado.

Los jóvenes que todavía no se han arraigado en un lugar, en una situación o estado, aceptan más fácilmente el cambio. Entre ellos están mis hijos que con sus sueños de juventud quisieran irse de año sabático a recorrer el mundo, no quieren aceptar que cambiar de la época de estudiante y de hijo de familia a la época de trabajador responsable de sí mismo tiene sus ventajas.

Cambios de gobierno, cambio de trabajo, cambio de ciudad, cambio de moda, vivimos en medio del cambio. La vida es un cambio, el tiempo se mide por el cambio. Sin cambio no hay tiempo. La eternidad debe de ser aburrida. Cambio de estado entre el trabajo a la jubilación o entre la edad adulta y la edad avanzada por usar un eufemismo para la vejez nos esperan. Ni hablemos del mayor cambio que nos lleva de la vida a la tumba. Cambio de pareja, cambio de PC, cambio de actividad, cambio de peinado. Me veo en medio de una máquina de estados finitos en las que salto de estado a estado matemáticamente según un cierto número de condiciones buscando el estado final sin querer encontrarlo. Cambios de carácter, cambio climático, cambio de salud, cambio de dinero, cambio de tema, cambio de velocidad. ¡Cambio y fuera!