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lunes, 23 junio 2014

D-100

NV-IMP869.jpgEstoy como los niños que esperan el fin de clases para salir de vacaciones, impaciente como cuando estaba terminando el bachillerato o mi carrera universitaria y quería empezar a trabajar, o cuando esperaba el viaje a Francia para mis estudios de posgrado. Ya tengo ganas de pasar a otra etapa de mi vida. En el calendario son cien días. A ver si cortando los centímetros de un metro saboreo mejor esta cuenta regresiva. Esa fue una idea que le voy a copiar a un colega alemán que hace varios años me sorprendió mostrándome un metro cortado con los días que le faltaban. Me imagino los presos contando con palotes en las paredes los días que pasan. Al mismo tiempo estoy tan ocupado que el tiempo vuela. Hay que disfrutar de estos días pues son como los preparativos de las vacaciones que anuncian lo que viene llegando.

domingo, 27 abril 2014

De monstruos y quimeras

NV-IMP867.jpgHace días que llevo pensando en esos seres mitológicos, fantásticos o de tradición popular que tienen formas monstruosas o poderes extraordinarios. No me explico bien la fascinación por ellos cuando aparecen en relatos inverosímiles que tanto pueden impresionar a niños y adultos. Parece que necesitáramos sentirnos en situaciones inconfortables a través de esos personajes. Imaginar el encuentro improbable con un dragón o un centauro o los mismos dinosaurios nos da miedo. Quizás tememos vernos frente a peligros similares o convertirnos en monstruos. Los éxitos de librería y cine como Harry Potter o El señor de los anillos tienen mucho que ver con esos seres fantásticos.

La vida es una serie de encuentros con monstruos de todo tipo, más o menos espantosos. Hay personas que parecen monstruosas al exceder en mucho las cualidades y aptitudes comunes y por eso los admiramos. Una forma de descubrir lo que nos gustaría ser o hacer es pensar en esos modelos y luego buscar las razones para descubrir o confirmar nuestros gustos y futuros desafíos.

Nos debatimos entre la tendencia de estar en la normalidad y la llamada hacia los extremos: superarnos para ser mejores que los demás en el bien o el mal. Porque hay malos que lo que buscan es ser peores que sus congéneres, ser temidos y respetados por el horror que causan.

Al final la emulación en el sentido del deseo intenso de imitar e incluso superar las acciones ajenas es el motor de nuestras vidas. Es ahí donde encontrar monstruos nos sorprende, ya sean campeones deportivos o de ajedrez o scrabble o pintores o bailarines de tango.

Parece tan sencillo lo que realizan esos maestros, pero cuando intentamos imitarlos comprendemos que nos falta mucho por escalar. Anhelamos lograrlo con trabajo y dedicación, a condición de tener las cualidades necesarias. Uno se mejora pero nunca está satisfecho. Lo peor es perder la inocencia del ignorante por la visión deformada de quien conoce algo del asunto. Admirar un cuadro cuando uno nunca ha intentado pintar con acuarela, acrílico o carboncillo no es lo mismo que después de practicar esas técnicas con sus propias manos.

Recuerdo un documental sobre Paco de Lucía en el que él mismo contaba que una vez, oyendo un guitarrista en la radio, le pareció que era muy bueno. Lo estaba admirando hasta que reconoció que era él mismo quien tocaba. Entonces empezó a notar errores y a perder el gusto de oírse.

Gabriel García Márquez comentaba en una entrevista que muchos escritores colombianos creían que era muy fácil convertirse en famosos y se decepcionaban rápidamente. Él se sentía culpable en cierta medida por haber obtenido el premio Nobel y haber tenido tanto éxito mundial.

Desde su fallecimiento, he estado pensando en ese otro monstruo que fue Gabo. Tenía una facilidad para escribir cosas inverosímiles con tanta naturalidad que creó el realismo mágico. Recuerdo que leí Cien años de soledad en un fin de semana cuando tenía como dieciséis años ya que me cautivó y no podía parar de leer. Hace unos años intenté leerlo otra vez, pero en ruso y me sorprendí viendo el léxico tan rico y difícil de traducir que lo compone.

No todos sus libros me gustaron por igual. Recuerdo especialmente algunos de sus relatos publicados con el título Ojos de perro azul o Doce cuentos peregrinos o El otoño del patriarca que me pareció una descripción genial de los dictadores. La hojarasca es una mezcla genial de puntos de vista del narrador. Crónica de una muerte anunciada empieza contando el asesinato del personaje principal y el resto es la explicación de lo sucedido antes, para explicar las razones del suceso, que además fue un hecho real. Su primera parte de la autobiografía Vivir para contarla explica muy bien su recorrido. Escribió tantos libros interesantes… En fin, me hará falta.

Creo que no hay que perder la esperanza ni la motivación. El solo hecho de divertirse intentándolo es ya para mí satisfactorio. No todos podemos ser famosos. Si así fuera, no existiría la fama. Tampoco hay que dejarse encandelillar por la perfección, pues no existe. Un mundo perfecto es otra quimera que aunque la busquemos no podremos alcanzar.

En fin, documentándome un poco sobre los monstruos, descubrí en la Internet que Borges había coescrito un libro sobre los personajes fantásticos. Tengo en la lista los siguientes que quiero estudiar: Quimera, Arpía, Grifo, Pegaso, Fénix, Basilisco, Cancerbero, Mohán, Patasola, Madreselva, Candelilla, Esfinge, Dragón, Elfo, Fauno, Hidra, Leviatán, Mandrágora, Minotauro, Sirena, Quetzalcóatl, Kukulkán, Centauro, Lamasu, Kirubi, Unicornio, Yeti, Chupacabras, King Kong, hasta llegar a los animales reales como el Leopardo, Ornitorrinco y Okapi que parecen inventados. Algunos provienen de la cultura griega, otros son mexicanos o colombianos. A ver si se me ocurre un relato con todos esos personajes fantásticos.

domingo, 06 abril 2014

El futuro inesperado

futuro,ciencia ficciónEl año 2000, que parecía una barrera infranqueable, empieza a quedar lejos atrás, como el siglo XX. Hoy hubiéramos debido de estar todos viajando en pequeños aviones individuales o teleportados gracias a los artilugios de la ciencia o cocinando con pastillas deshidratadas que se convertirían en platos suculentos en segundos. Los hogares, oficinas, industrias y todo lugar del planeta estarían llenos de robots que como esclavos nos servirían sin cesar. Todo el sistema solar estaría poblado y explorado gracias a nuestras naves espaciales. El mundo sería feliz sin pobreza ni guerras gracias al triunfo del capitalismo o del comunismo. Las únicas amenazas vendrían de los extraterrestres o de asteroides que podrían caer sobre el planeta. La ciencia nos iba a traer la prosperidad. ¡Qué equivocados estábamos!

Adivinar el futuro es más difícil que las previsiones meteorológicas a más de ocho días. Es como describir matemáticamente el recorrido preciso de un papel que uno tira por la ventana; lo único que se puede calcular es la probabilidad de que se encuentre en el piso al cabo de cierto tiempo. ¿Quién hubiera podido predecir, hace más de cuarenta años, que yo estaría hoy aquí escribiendo desde Francia?

Se le atribuye al intelectual francés André Malraux la frase «Le siècle prochain sera religieux ou ne sera pas» (el próximo siglo será religioso o no lo habrá) que es una paráfrasis de esta otra «Creo que la tarea del próximo siglo, frente a la amenaza más terrible que ha conocido la humanidad, será la de reintegrar a los dioses» que está documentada en L'Express del 21 de mayo de 1955. Ni siquiera esa posibilidad parece hoy clara, viendo los resultados de los fanatismos religiosos, sobre todo desde que Al Qaida empezó sus ataques terroristas. Ni el mundo feliz de Aldos Huxley, ni el 1984 de George Orwell han llegado a nosotros.

Se me antoja ponerme un instante en el papel de Casandra y predecir el mundo dentro de veinte o cincuenta años. ¿Catástrofes ecológicas o un nuevo mundo de protección de la naturaleza y armonía entre los hombres? ¿Explosión demográfica incontrolable o decrecimiento económico? ¿Gobiernos dictatoriales, demócratas, monárquicos, oligárquicos, aristocráticos, anárquicos, comunitaristas, globalizados, localizados o tribales? 

Mi optimismo y confianza en el ser humano, capaz de lo mejor y de lo peor, y en los recursos de nuestra especie me hacen creer que el mundo será mejor para todos, menos pobreza, menos consumismo, menos materialismo, mejor comunicación, más tiempo libre, mejores condiciones de trabajo, menos desempleo. Los jóvenes de hoy serán los responsables del mundo que nos espera. Cuando veo la actitud de muchos de ellos, siento que lucharán por un mundo más solidario y menos superficial, por un planeta que no sea simplemente un gran basurero, sino el frágil universo donde vivimos y tenemos que proteger. Lo que nos presentan los medios de comunicación me parece exagerado: la crisis, las guerras, las catástrofes. En conclusión, mejor dejar volar la imaginación para escribir relatos futuristas o de ciencia ficción que tratar de adivinar el porvenir.