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domingo, 11 septiembre 2011

Aniversario

NV-IMP774.JPGCreo que, excluyendo los menores de diecisiete años, todo el mundo recuerda lo que estaba haciendo hace diez años cuando derribaron las Torres Gemelas en Nueva York.

Yo estaba en mi oficina y la noticia me llegó por correo electrónico en un mensaje enigmático de un amigo, que decía simplemente: ¿Ya viste lo que está pasando en Nueva York? No supe nada más pues el correo electrónico se puso a funcionar mal y no pudo darme más explicaciones. Traté de conectarme a los sitios web de los periódicos pero la comunicación estaba tan congestionada que no logré entrar. Salí al corredor de mi oficina para preguntarle a algún colega, pero solo uno que tenía una radio en su despacho logró obtener la primera información y así fue como paulatinamente nos fuimos dando cuenta del horror.

Claro que en una guerra hay muchos más muertos como los que murieron en Iraq o en Afganistán después. Fueron muchos más que en las torres. Era la primera vez (y espero que la última) que un atentado de esa magnitud sucedía y fue muy impresionante. Era como revivir lo de los kamikazes japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo se puede ser fanático al punto de convertirse en bomba humana por una causa político-religiosa?

De repente los musulmanes se convirtieron para occidente en los malos, como los nazis en la guerra mundial o los comunistas durante la Guerra Fría. La explicación era que si un musulmán moría en una guerra santa contra el occidente iría directamente al paraíso. Últimamente he oído musulmanes decir que no es cierto, que una persona que mata tantos inocentes de esa manera no puede ir al paraíso. De manera que los buenos y los malos se diferencian en la interpretación de mártir y de entrada al paraíso. Como nadie me puede demostrar que el paraíso existe, esos argumentos ni me van ni me vienen. Eso sí, me alegra que entre los mismos musulmanes se cuestione atentados terroristas en nombre de Dios, siendo que el nombre de la religión musulmana en árabe de la mismo familia que la palabra paz.

Todo cambió a partir de entonces empujándonos por fin al siglo XXI. Ojalá el mundo se mejore para bienestar de la humanidad y que la riqueza no quede en manos de tan poca gente dejando a tantos en la miseria y abonando el terreno para el terrorismo. Ojalá que dentro de diez años no tengamos que estar conmemorando otros nuevos atentados de ese tipo. Al menos las revoluciones del mundo árabe me dan esperanza y optimismo.

jueves, 04 agosto 2011

Cómo se toman las decisiones

NV-IMP763.JPGEn un foro Internet, alguien planteó esta semana que la estructura del idioma sujeto-verbo-complemento refuerza el pensamiento lineal, lo que indicaría que idiomas que no tienen esta estructura promueven uno no lineal, más holístico (el holismo es una doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen).

Ahora,si esto es cierto ¿qué pasaría con quienes hablan dos o más idiomas? ¿Cuál sería su forma de pensar?

Me parece que los idiomas son suficientemente flexibles para aceptar diferentes formas de pensar y al mismo tiempo resaltar lo que interese más en un momento cambiando el orden de los componentes de una frase.

Me sorprenden más las diferencias en la precisión de expresión entre unos y otros. Eso se ve por ejemplo en la longitud tan variable del mismo texto en varios idiomas. Mientras en unos tenemos que indicar los artículos, los géneros, las concordancias, en otros no existen muchas de esas variaciones; en unos hay una cantidad increíble de verbos para cada situación, en otros usamos el mismo verbo sin que aparentemente haya problemas; en unos tenemos que escribir obligatoriamente todos los pronombres, pero en otros los podemos omitir.

Claro está, cada idioma le da preferencia a un orden en la frase y es posible que esto influya en el pensamiento ya que te acostumbras a ver el mundo de una manera que resalta por ejemplo los sustantivos más que los verbos o lo contrario.

Cuando uno habla varios idiomas a veces se ve en problemas para armar una frase precisamente por las interferencias entre ellos. Ahora que estoy estudiando árabe después de pasar por inglés, francés y ruso, me ha tocado torcer la mente para acostumbrarme a poner el verbo al comienzo y además en singular a pesar de que el sujeto esté en plural más adelante o en caso de que no haya verbo por ejemplo con el verbo ser que no se escribe en presente (pasa igual en ruso) y que tienes que invertir el orden de sujeto y atributo cuando quieres expresar cosas como «hay dos alumnos en la clase», sin hablar de la negación de ese tipo de estructuras.

Hay bilingües que batallan con ciertas construcciones y a veces para salir del problema tienen que traducir mentalmente y paralelamente de un idioma al otro. Supongo que la manera de pensar se ve influenciada por el idioma que uno usa.

Unos interesantes estudios recientes con niños sordos tienden a apoyar la idea de Chomsky de una gramática universal. Varios educadores han inventado lenguaje de signos para sordos que siguen más de cerca la estructura de la lengua local y no las reglas de una gramática universal. Sin embargo, estos niños cometen errores de aprendizaje que en realidad no lo son si se miran con respecto a la gramática universal.

La categorización del pensamiento también difiere entre los idiomas. Los romanos nombraban los colores de una forma que no usamos hoy en día. Los diccionarios árabes siguen una clasificación por familia de palabras y no por un orden estrictamente alfabético. Los diccionarios chinos usan el número de trazos de los ideogramas para clasificarlos y por lo tanto se debe conocer muy bien la escritura para buscar una palabra. 

Aunque no podemos pronunciar más de una palabra a la vez haciendo que el discurso sea lineal con respecto al tiempo, nuestro cerebro puede procesar la información en paralelo de una forma diferente. Cuando varias personas están hablando en grupo hay momentos en que uno habla y los demás escuchan, pero hay otros en que se forman conversaciones en paralelo y es difícil saber cómo se llega a une situación nueva especialmente si se está tomando una decisión. En la misma cabeza de quien decide se plantean muchas cuestiones y según el método usado, desde lo más sistemático a lo más caótico, la escogencia final puede variar mucho de una persona a otra a pesar de hablar el mismo idioma.

Creo que esto se ve en la historia de acontecimientos importantes. Por ejemplo en el caso de las guerras o revoluciones, da la impresión que un proceso superior ha guiado todo de comienzo a fin, pero en realidad es el resultado de un sinnúmero de conflictos internos nada fáciles de analizar.

domingo, 12 junio 2011

En la cabeza de un aprendiz

aprendizaje,memoria,idiomas,orientaciónAdelante, atrás, izquierda, derecha, babor, estribor, proa, popa, este, oriente, oeste, occidente, norte, sur, entrar, salir, adentro, afuera, interior, exterior, importar, exportar, emigrar, migrar, oír, escuchar, ver, mirar, seis, siete, ocho, nueve y muchas otras palabras que seguro me costaron trabajo aprender de niño y que me cuestan aprender en otros idiomas ahora de adulto.

Hay palabras fáciles de aprender ya sea porque las usamos mucho y desde muy pequeños o porque nos suenan bien o son muy diferentes de las demás o logramos identificarlas con algo que nos permite ubicarlas fácilmente. Ahora con el árabe me acuerdo de palabras en ruso cuando las busco en árabe y viceversa. Abrir una puerta con letreros de tirar o empujar en lengua extranjera es una adivinanza. Recuerdo las puertas del metro de San Petersburgo que si no fuera por la gente que entraba por una y salía por otra no hubiera dado con la buena con el solo letrero que tenían.

La orientación en relación con el sol fue algo complicado pues los mapas colgados de la pared tenían el norte arriba pero en realidad es un punto del horizonte, por eso me costaba trabajo imaginar el río Magdalena subiendo hacia el Caribe en las clases de geografía.

He sido malo para memorizar. Aprenderme las tablas de sumar y de multiplicar también me dio trabajo; no tenía lógica al comienzo, pero al final fue la lógica la que me salvó y no la memoria. Cuando me tocó de chico aprender de memoria poemas o papeles en piezas de teatro fue una pesadilla. Estos días por ejemplo buscaba la palabra norte en árabe y me venía la palabra tarde pues mi cerebro las debe de tener almacenadas en lugares muy próximos.

Conozco a extranjeros que confundían en español las palabras chancleta y cachete, piernas y puertas y churros y churrasco… Les sonaban igual o muy parecido. Hoy un colega habló de teléfonos cuando en realidad estaba pensando en elefantes; la fonética le puso zancadilla. Muy curiosa la mente humana.