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martes, 01 julio 2014

Moustiers Sainte Marie

NV-IMP872.jpgUn pueblito pintoresco colgado de la montaña de los Alpes de Alta Provenza desde el siglo V. A pesar de estar protegido naturalmente por acantilados vertiginosos, tiene una muralla protectora desde la edad media. Más arriba del pueblo hay una capilla casi metida en la roca que es monumento histórico nacional francés desde 1921. Sus callejuelas tortuosas lo hacen a uno soñar con esos tiempos lejanos de vida dura en esta región. Desde lo alto, por encima de los techos de teja de barro, se divisan los campos de olivos y pinos. No muy lejos alrededor el campo se pone violeta por la lavanda. A lo lejos se ve un lago artificial creado en 1973 para formar una represa eléctrica; otro atractivo turístico, al igual que las gargantas del río Verdón donde los más deportistas y temerarios se lanzan en canoas sobre aguas color esmeralda. Hoy es el turismo y la cerámica lo que lo hace vivir. En esta época del año está lleno de turistas que la inmortalizan con sus cámaras fotográficas. Desde hace varios años son los turistas chinos los que más resaltan. También hay rusos que se pasean con familias rubias. Los europeos ya no son tan exóticos. Los comerciantes lugareños dicen que viven felices ahí. Son unas setecientas personas. En invierno puede caer nieve una par de veces pero no dura mucho. El clima está suavizado por la cercanía del mar Mediterráneo. Lo más curioso es que un grupo de tangueros se haya venido a pasar una semana en un antiguo monasterio donde tomamos clases con una pareja de bailarines y profesores que nos tratan de despertar las tantas clases y milongas que tuvimos hace años y han quedado olvidadas en nuestros músculos.

09:01 Anotado en Ocio, Viajes | Permalink | Comentarios (1) | Tags: tango, provenza

jueves, 26 junio 2014

Volumen de datos

informática, tecnologíaHace mucho tiempo, es decir como treinta y ocho años, en uno de mis primeros contratos de ingeniero informático, me tocó diseñar no sé qué encuesta que iba a ser almacenada en tarjetas perforadas de papel para luego procesarla en un computador central muy potente para la época. Mi tarea era poner el máximo de información en el mínimo de espacio. Cuando terminé mi primer diseño, me reuní con uno de los responsables que sacó la calculadora para ver cuántas tarjetas perforadas se iban a necesitar, cuánto costaría la captura de datos y el material. Llegó rápidamente a la conclusión de que era muy caro y me pidió que revisara el diseño para reducir la cantidad de información. No recuerdo exactamente, pero quizás no iban a ser más de dos mil o tres mil tarjetas que eran de ochenta caracteres aproximadamente, es decir que el fichero completo hubiera ocupado unos 234 KB. Hoy cualquier foto digital ocupa treinta veces más de kilobytes sin ningún problema. Esa anécdota que había casi olvidado me vino a la memoria pensando en el volumen de datos en línea que está al alcance de cualquiera gracias a la Internet. Sorprendente, ¿no?

miércoles, 25 junio 2014

Volver al pasado

tiempo, presente, futuroRecuerdo haber vuelto a ver el patio de recreo de mi colegio de primaria muchos años después. Me pareció pequeñísimo con árboles menos altos que antes. Pasar frente a una casa o un edificio donde uno vivió es también una experiencia extraña. Los árboles pueden haber crecido o al contrario haber desaparecido porque los han cortado o han agrandado la calle o la acera. El barrio que antes era residencial se convirtió en comercial. Los lotes que estaban sin construir se han llenado de edificaciones. Ni siquiera los cascos antiguos de las ciudades dejan de cambiar, aunque sea solo por la manera de vestir de sus habitantes o los modelos de los autos que circulan por ahí. En las fotos viejas la gente parece más joven que antes. Las películas ambientadas en una época que uno vivió por más realistas que sean dejan un sabor extraño. Por ejemplo las películas de Hitchcock de los años sesenta me traen a la memoria lo que se veía en las calles en ese entonces pero nunca puede uno regresar al pasado verdaderamente. Peor aun cuando uno se encuentra con alguien que no ha vuelto a ver desde hace mucho tiempo. Uno no se siente tan viejo ya que el paso de los años nos ha llegado lentamente, pero los otros parecen más viejos, salvo contadas excepciones. Quizás solo en sueños puede uno realmente volver a sentir el pasado como antes. Por eso es mejor vivir el presente plenamente e imaginarse el futuro, siempre que podamos.