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martes, 28 septiembre 2010

La primera vez que...

NV-IMP686.JPGHabía oído hablar mucho de ella, la había visto en libros, revistas, cine y televisión pero nunca había estado tan cerca personalmente. Tenía unos diecisiete años de edad, siempre había vivido en el interior del país y aunque tenía ganas de conocerla, no se me había presentado la oportunidad. Ese primer día por fin sentía su presencia imponente y cálida. Dicen que es muy ambigua. Unos dicen que es ella, otros que es él, pero nadie conoce a ciencia cierta su verdadero género, pues no tiene sexo. Creo que fue en Cartagena o en Santa Marta donde nos encontramos. Era un día de sol tropical, estaba con un grupo de jóvenes de mi edad, unos costeños, otros cachacos. El primer contacto físico fue a través de mi piel que sintió su calor que me abrasaba. Si nos hubiéramos encontrado aquí en Europa, las cosas hubieran sido diferentes. La segunda sensación me la dio mi lengua y mi boca, fue un contacto con sabor a sal. Luego vinieron los empellones fuertes y los revolcones que me dio por sorpresa tirándome al suelo y cubriendo todo mi cuerpo con su enorme masa. La oía rugir desde la ventana de mi hotel, la sentía en la humedad del aire y en la brisa que me traía sus olores salados. Le tenía respeto y todavía se lo guardo, pues no he sido muy buen nadador. Fue como sentirme flotando en una sopa caliente, con algas nadando a mi lado en medio de olas espumosas. Esa noche oscura desde la ventana de mi hotel vi su espuma como de perro rabioso que acariciaba la playa de arena y el rumor de su arrullo de gaviotas me quedó grabado para siempre en la memoria.

21:30 Anotado en Recuerdos | Permalink | Comentarios (3) | Tags: mar, agua, memoria

martes, 21 septiembre 2010

Cambio de ruta

NV-IMP683.JPGEl reloj marcaba las siete y treinta de la mañana y por eso me decidí a tomar la ruta principal que pasa por la aduana grande en la frontera franco-suiza atravesando el túnel bajo la pista del aeropuerto. Si hubiera salido cinco o diez minutos más tarde, sin lugar a dudas hubiera tomado mi camino habitual que evita al máximo los semáforos y los embotellamientos matutinos. Aunque la circulación cambia muy rápido a esas horas pico, no me fue tan mal. El recorrido fue irregular con trechos fluidos y otros donde tuve que rodar a menos de cuatro kilómetros por hora. Si no dura mucho, no me preocupa ni me desespera esperar. Aprovecho para oír la radio o mirar alrededor; casi siempre encuentro algo interesante o insólito que hace volar mi imaginación.

Hoy por ejemplo durante un rato me seguía en un carro una pareja que no puede determinar qué relación tenían: podrían ser padre e hija o marido y mujer. En otro tramo era una mujer joven que se reía y sonreía sola, parecía estar cantando; a veces hay niños en la silla de atrás con quienes los padres hablan. Cuando me pasó más adelante en un semáforo, vi que iba sola y seguía sonriente. Ya llegando a mi trabajo en el último semáforo en rojo, cruzó frente a mí por el pasaje peatonal una joven, quizás japonesa o china, tirando de una maleta con ruedas. De pronto la maleta no quiso seguirla y quedó tirada en el suelo. Ella tuvo que volver rápido a recogerla antes de que el semáforo peatonal pasara a rojo. Diez metros después cuando cruzaba la otra calle, de nuevo la maleta se le escapó de las manos, como si no quisiera ir con ella al trabajo o de viaje. Muy gracioso que suceda eso dos veces seguidas. Me imaginé una lucha entre la joven y su maleta hasta llegar a su destino.

lunes, 20 septiembre 2010

Vendimias

NV-IMP682.JPGHacía mucho tiempo no iba a una fiesta de vendimias. Cuando pienso en viñedos recuerdo un dolor de espalda y de todos los músculos del cuerpo al segundo día de unas vendimias en Suiza donde estuve de estudiante años ha. El primer día parecía fácil a pesar de que me acosté cansado, pero el segundo fue un martirio: hay que ir a cortar uvas aunque le duela a uno hasta el pelo y las uñas. A partir del tercer día ya uno se acostumbra y puede pasar varios días en ese oficio sin problema. Por eso cuando veo a los agricultores agachados arreglando sus tierras les tengo respeto y me duele la espalda.

La fiesta de hoy fue en Russin muy cerca de Ginebra. Habíamos pensado ir a pie desde Ginebra bordeando el Ródano, pero al final los amigos que pensaban acompañarnos desistieron y sinceramente, a nosotros nos dio pereza ir solos. Será en otro año. En todo caso el día soleado y cálido estuvo magnífico. Las calles del pueblo estaban llenas de gente. La comida de feria y el vino de la región nos cayeron muy bien. Música en las calles, en restaurantes. Ventas callejeras y mucha alegría. Después vino el desfile tradicional con fanfarrias, carrozas, confetis, disfraces y gentío por todos lados. Una fiesta como la de cualquier pueblo. Aquí uvas y vino, allá café o caña de azúcar o cacao. El ritmo de las estaciones, aunque parece que el otoño no quisiera llegar.

08:00 Anotado en Recuerdos | Permalink | Comentarios (1) | Tags: fiesta, pueblo, cosecha