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lunes, 20 julio 2009

Un lunes en la luna

NV-IMP465.jpgLa llegada del hombre a la luna coincidió con la fiesta nacional de mi país. En ese momento estaba pasando vacaciones en Medellín en casa de mi hermano. Había ido con mi papá a visitarlo a esa ciudad donde vivía relativamente recién casado y todavía sin hijos. Yo había estado muy pendiente leyendo todo lo que salía publicado al respecto pues me apasionaba el tema. Esa noche estuvimos reunidos en casa de unos amigos de la esposa de mi hermano. Seríamos un mínimo de diez personas sentadas en la penumbra frente al televisor blanco y negro siguiendo la transmisión en directo. Las imágenes eran tan malas que uno no entendía muy bien lo que estaba pasando. Mi papá era quizás el más impaciente. Me parece oírlo decir cosas como nos están tomando del pelo, no se ve nada bien o mentira será. Fue demoradísimo pero al fin cuando se vio más claramente la imagen del astronauta nos emocionamos todos. Creo que salimos a mirar la luna desde la calle y nos sorprendía ver que no se veía nada raro ni extraordinario. El número siguiente de la revista Life salió con muchas fotos en colores que yo guardé muchos años como reliquia. Creo que todos los jóvenes de mi edad queríamos ser astronautas. Me imagino que todo eso contribuyó a mi afición por la astronomía, pues en esos años leí muchísimos libros al respecto y aprendí muchas cosas. El tiempo pasa. Hoy es fiesta nacional en mi país y el mundo se acuerda del primer hombre en la luna. Yo también.

martes, 14 julio 2009

Fuegos artificiales

NV-IMP462.jpgPaseo, caja, tiquetes, salchicha de ternera con papas fritas, cerveza, pastel, café, lluvia, paraguas, petardos, muchedumbre, amigos, charla, música, baile, ruido, niños, jóvenes, enamorados, padres, abuelos, mádison, rock, pasodoble, reggae, saludos, noche, vino, café, charla, cansancio, oscuridad, petardos, música, olor a pólvora, miradas hacia arriba, luces multicolores, estruendos, aplausos, altavoces, agradecimientos, despedidas, camino a casa, sentarse, escribir, publicar, dormir, fiesta nacional.

lunes, 13 julio 2009

Oído distraído

NV-IMP461.jpgMe tocó escuchar sin querer una conversación en el tren entre un joven de diecinueve años y un señor de unos sesenta más o menos. Nos subimos al mismo tiempo en Lyon. El joven entabló conversación con su vecino de puesto debido a que el tren se iba a dividir en dos en medio del camino y una parte iría hasta Ginebra y la otra hasta Evián. Para no arriesgar terminar en otro destino, el joven preguntó y se aseguró de que estaba en el vagón correcto. Yo estaba leyendo o escribiendo en el PC, no recuerdo. El joven era argentino pero había vivido casi toda la vida fuera de su país. Hablaba muy bien francés, estudiaba medicina en Montpellier. Dio la causalidad de que su vecino era un médico también que iba a visitar a una hija en la montaña suiza. Ellos hablaban y yo los escuchaba más o menos distraídamente.
Al cabo de un rato la conversación se tornó filosófico-teológica. El joven era muy creyente y convencido de la existencia de Dios. El viejo era muy pragmático y decía que cuando una persona moría, el cuerpo no tenía más sensaciones y era imposible tener una percepción del mundo. El joven seguía con su concepción del mundo creado, de la prueba de la existencia de Dios por Descartes o San Agustín. El otro decía que la religión había sido un invento genial de la humanidad para controlar y dominar las masas, pero que había que sobrepasarla pues estábamos viviendo otros tiempos. El joven decía que el darwinismo no era contradictorio con la doctrina de la creación del mundo, le parecía que la vida no tenía sentido sin un Dios. El viejo le explicaba que uno de niño aprendía todo lo que le enseñaban los padres como si fuera un dogma y no se cuestionaba nada, que con el paso de los años le era muy difícil despegarse de todas esas creencias pues era como si se traicionara a su familia y a la enseñanza que había recibido; le preguntó al joven que cómo se imaginaba a Dios, si era un ser con cuerpo, brazos, boca. El joven indignado le hablaba de sacrilegio, que había cosas que no se podían poner en duda. Le faltó hablar de pecado mortal, de excomunión y sacar un crucifijo para exorcizar a su vecino. Sin embargo, nunca perdieron la calma, cada cual guardó su posición y se despidieron muy amigablemente. Me divertí oyéndolos y ver cómo uno puede cambiar de manera de pensar con los años. Me sentí muchísimo más cercano del médico viejo con su racionalismo y realismo optimista que del joven entusiasta y dinámico con deseos de conocer el mundo pero aferrado a dogmas demasiado grandes para su cerebro y un cuerpo tan humano y animal.